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Ante cualquier emergencia como lluvias, tormentas, aluviones, incendios o sismos quedan al desnudo la precariedad de los servicios básicos en nuestro país. Esta precariedad obedece esencialmente al modelo de Estado subsidiario. Es más, este modelo de Estado va a traspasar los servicios a los privados para ahorrar como administración, pero traspasará fondos al contratista respectivo que, intentará gastar lo menos posible para aumentar su ganancia. Esto incrementará los riegos de que se produzcan contingencias en instalaciones por falta de mantención, tanto en servicios estales como los que estén licitados por privados. Por ejemplo, a primera vista el incendio del hospital San Borja Arriarán, que significó la reubicación de 350 pacientes hospitalizados, obedecería a falta de mantención. ¿Qué decir de los problemas que se producen ante las lluvias? Se corta la energía eléctrica curiosamente en los sectores populares provocando una serie de consecuencias con los alimentos guardados por el no funcionamiento de la refrigeración o los problemas de salud a personas que dependen de la energía eléctrica para sus tratamientos.

Otro servicio esencial que presenta dificultades ante alguna emergencia es el suministro del agua. Siendo un elemento vital para la vida, hoy en manos del Grupo español Agbar, que controla Aguas Andinas, Aguas Cordillera y Aguas Manquehue. Sus voluminosos cobros tienen más del 50% por servicios de recolección de aguas servidas y el tratamiento de las mismas. Se suponía que cuando Eduardo Frei privatizó los derechos y la propiedad del agua, los inversionistas iban hacer los cambios necesarios y los usuarios no se debían preocupar, porque las mejoras y mantenciones las harían estas empresas, pero resulta que esto lo pagamos nosotros y ante eventuales lluvias u otras emergencias debemos juntar aguas en nuestros hogares, porque la empresa no asegura el normal suministro. Ya es hora que el agua por ser un vital elemento para la vida debe ser nacionalizada y no ser propiedad privada donde algunos especuladores tengan los derechos de este vital elemento.

En el mes de febrero se ha visto una agudización de la represión de carabineros contra sectores de la población popular y al menos tres hechos grafican claramente este abuso y pareciera ser que hay un actuar delincuencial de parte de carabineros hacia la población más humilde y de menores recursos. Quizás eso explique la explosión colectiva y masiva de ira luego del asesinato del malabarista Francisco Martínez en Panguipulli, no solo es la reacción frente a un hecho puntual, sino que es una acumulación de impotencia, porque estas situaciones se repiten una y otra vez, sin cambios institucionales, ni justicia. Por lo tanto, para gran parte de la población del país, define en el imaginario a carabineros con la frase “altivo y fuerte con los débiles, sumiso con los poderosos”.

Otro hecho en estos abusos e impunidad de carabineros ha sido la muerte en extrañas circunstancias de Camilo Miyaki Salinas, detenido en la 51 Comisaría de Pedro Aguirre Cerda, y quien fue encontrado sin vida en una celda, lo que según la versión de la institución se trató de “un suicidio” por ahorcamiento. Y un tercer hecho, ha sido que la Fiscalía abrió una investigación pidiendo la detención de dos Carabineros de la Primera Comisaría de Calama, tras estar presuntamente involucrados en la muerte de un joven de la localidad, luego de que la víctima fuera abandonada gravemente herida en el Servicio Médico Legal de la ciudad.

Por otro lado, en el mes de abril se realizarán las elecciones para la llamada Convención Constitucional que ya tiene sus amarres -redactará la nueva constitución, pero con escaso margen de autonomía y los partidos de la elite derechista, del reformismo tradicional y reformistas del recambio van a tratar de copar este espacio con las mismas prácticas que amplios sectores sociales han venido rechazando desde octubre 2019. Si bien hay pausas en las movilizaciones, estas poco a poco intentan retomar la iniciativa, especialmente los jóvenes luchadores que semanalmente se movilizan por las demandas pendientes tanto en la RM como en las otras regiones. Entendemos y esperamos que marzo sea un buen empujón con las movilizaciones de las mujeres y el movimiento feminista por sus derechos y demandas. También vemos que la lucha del pueblo mapuche persevera por sus demandas de reconocimiento y autonomía, utilizando las diferentes formas de lucha y cerrando el mes se recordará a los jóvenes combatientes de las diferentes vertientes populares y luchadores que hoy de alguna manera tiene una continuidad en las movilizaciones y en la Primera Línea.

Un grupo de mujeres pertenecientes a distintas organizaciones y colectivas feministas acudieron hasta los Tribunales de Justicia en Valparaíso, haciéndose eco de la convocatoria realizada por la Coordinadora 8 de marzo, para realizar hoy lunes 1°de marzo una actividad que denominaros “Pañuelazo Feminista contra la justicia patriarcal que libera femicidas y encarcela luchadrxs”.

Con esta movilización dieron el vamos al “Marzo Feminista”, que contempla la realización de diversas actividades de protesta y propaganda llamando a participar activamente en la Huelga Feminista del próximo 8 de Marzo.

Alrededor de las 12,30 horas se dio por iniciada esta actividad con diversos cánticos y consignas, donde los pañuelos verdes flamearon con fuerza y las voces libertarias feministas gritaron con energía llamando a terminar con los femicidios, exigiendo la libertad de lxs presxs políticos, la renuncia de Piñera, la desmilitarización del Wallmapu, terminar con el patriarcado y a preparar la Huelga Feminista.

Frente a la Corte de Apelaciones porteñas hicieron uso de la palabra distintas representantes de las organizaciones presentes, manifestando:

“ Nos hemos convocado hay frente a los Tribunales de Justicia para protestar en contra de este Estado opresor que libera femicidas, a pedófilos y a violadores de Derechos Humanos, y sin embargo mantiene en las cárceles a luchadores y luchadoras sociales. Por eso decimos fuerte y claro ¡Libertad a todos los presos y presas de la Rebelión! En segundo lugar hacemos un llamado para este 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, es un día de lucha y por lo tanto reivindicamos todas nuestras consignas. Decimos también fuerte y claro ¡Fuera Piñera!”

“Exigimos que la crisis social y económica que atravesamos la paguen las familias más ricas de este país. Se les debe poner un impuesto especial a esas riquezas y no cargar esta crisis económica a la clase trabajadora. Esta crisis se ha salvado con el dinero que las trabajadoras y trabajadoras han retirado de las AFP, por eso exigimos que esta crisis la paguen los ricos”

“Además pedimos la desmilitarización del territorio mapuche ¡Basta de policías y militares en las calles, basta de toque de queda! En  Chile hoy el cobre alcanza uno de los valores más altos, sin embargo el Estado está derivando solamente el dinero a la fuerza policial, dejando con escasos recursos a los hospitales y la salud pública. No queremos más Estado subsidiario de los ricos, queremos que los dineros del Estado, de nuestros impuestos, sea par un Estado garante de derechos sociales.”

“En el contexto de la pandemia la violencia intrafamiliar ha ido en aumento, donde los femicidios cada vez son más violentos, las cifras han ido aumentando. Nadie nos protege y tenemos que protegernos nosotras. Vivimos en un sistema injusto que nos ha precarizado la vida. La consigna de este gobierno para paliar esta pandemia ha sido sálvese quien pueda y con sus propios ahorros.”

“Exigimos Aborto Libre, más allá de las tres causales, porque no queremos más niñas que tengan que asumir una maternidad no deseada, no queremos más niñas de 11 años siendo madres, no queremos que nos entreguen anticonceptivos en malas condiciones en el servicio público y tengamos que embarazarnos sin quererlo ¡No más maternidad no deseada! Nuestra cuerpa es nuestra, no tienen por qué decidir por ella, saquen su moral y sus rosarios de nuestros ovarios.”

“La idea con estas actividades de propaganda que desarrollaremos durante toda esta semana es mostrar que la potencia feminista sigue en pie, que nosotras somos quienes levantamos al movimiento social en este país”.

“El próximo Lunes 8 de Marzo nos vamos a reunir en la Plaza Sotomayor, a las 11,30 horas, para iniciara una marcha a las 12 horas. Por lo tanto este 8 de Marzo todas y todos a la calle, ¡La Huelga Feminista va!”

Una vez finalizado este pequeño acto, el grupo de mujeres marchó por el centro de Valparaíso hasta la Plaza Victoria, lugar en donde realizaron la pintura de un pañuelo verde sobre las baldosas.

Guillermo Correa Camiroaga, Valparaíso 01 Marzo 2021

Muchas compañeras y compañeros que con energía y decisión levantaron las banderas del anticapitalismo y el antipatriarcado, orientadas a terminar con el modelo neoliberal en nuestro país durante la Rebelión Popular iniciada en Octubre del 2019, en un abrir y cerrar de ojos pasaron a levantar los estandartes de la lucha electoral institucional, aceptando transitar en el corral constitucional elaborado por la clase política y el gobierno, destinado precisamente a poner un dique a ese mar embravecido que amenazaba con erosionar los cimientos sobre los cuales se sustenta el modelo de dominación capitalista, que en su versión neoliberal fue instaurado en Chile a partir de la dictadura cívico militar, posteriormente perfeccionado y profundizado por los gobiernos civiles que la sucedieron.

Hoy se puede observar como muchos y muchas de estas rebeldes se han colocado las anteojeras electorales para realizar ofertas y vender humo al más puro estilo de la clase política institucional tradicional, tan criticada y rechazada.

No es posible quedarse indiferente, aún a costa de ser duramente criticado, ante la utilización de las mismas consignas y aspiraciones libertarias y revolucionarias esgrimidas durante la Rebelión, como lo era el terminar con el modelo neoliberal y todas las nefastas consecuencias que se derivaban de este para los sectores populares, ofreciendo a viva voz una salud digna, gratuita y de calidad; una educación gratuita y de calidad; terminar con las pensiones indignas; recuperar las riquezas naturales y proteger el medio ambiente; poner fin a la discriminación, los abusos, el patriarcado y un largo etcétera, mediante la propaganda y la publicidad orientada a captar adherentes y votos que les permitan acceder  a la Convención Constitucional preparada y cocinada desde las esferas del poder institucional, cuando las trampas y triquiñuelas del proceso constitucional en curso se hacen cada día más evidentes y ya no se pueden obviar, las trampas y triquiñuelas que no quisieron ver, o  hicieron como que no las veían, cuando aceptaron participar en el limitado camino electoral fijado desde las élites.

Muchos y muchas luchadoras sociales, sectores que formaron parte del pueblo rebelde de Octubre, que gritaban a los cuatro vientos querer terminar con este modelo neoliberal injusto, opresor  y generador de desigualdades, siguen utilizando mañosa y engañosamente el discurso de la rebeldía popular, el discurso anticapitalista, el discurso antineoliberal y el discurso antipatriarcal, trasformando estas “ofertas” en una desvergonzada retórica para lograr obtener los votos necesarios para ser electos o electas como Convencionales, ya que nada de lo prometido será posible alcanzar mediante esta Convención Constitucional, puesto que para lograr lo prometido es necesario, por utópico y “anclado en el pasado” que parezca, triunfar en un proceso revolucionario popular a partir del cual se genere una Asamblea Constituyente soberana.

Lo peor de toda esta puesta en escena es que están conscientes de las trampas, engaños y amarres presentes en este proceso constitucional derivado del Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución, pero siguen adelante emborrachados por la fiesta del electoralismo y cualquiera que pretenda postular algo distinto es catalogado como alguien que no entiende la coyuntura, ni la táctica, hasta incluso es señalado que con dicha actitud solo se le hace el juego a la derecha.

Es una retorcida manera, al más estilo “chilensis”, de justificar las propias acciones, dejando de lado la necesaria crítica y autocrítica que permite ir tomando decisiones que apunten a fortalecer el campo popular, sin dejarse embaucar por los cantos de sirenas tan bien interpretados por los integrantes del coro institucional.

Este triste panorama que se ha instalado -que en nada aporta en la construcción de organización y poder popular autónomo y extraparlamentario- es muy complicado de cuestionar, ya que   quienes han aceptado las reglas impuestas por el poder dominante para participar en los estrechos marcos institucionales, se molestan y no aceptan que se les hagan tales observaciones.

Por otra parte, muchos de quienes optaron y decidieron de no participar en dicho proceso temen levantar sus voces para no ser mal interpretados, tildados como contrarios a los intereses populares, o incluso de impedir la unidad del pueblo contra la derecha.

 

Pero, muy por el contrario, a mi entender son precisamente los sectores que en un primer momento rechazaron categórica y enérgicamente el mañoso Acuerdo por la Paz y que luego optaron por participar de él quienes introdujeron la cuña de la división en el movimiento popular rebelde.

Ellos y ellas han centrado sus esfuerzos en este proceso institucional que, así como ha sido concebido,  consolidará y legitimará aún más la institucionalidad vigente.

Aún cuando estas reflexiones sean duras  y descarnadas, considero necesarias explicitarlas aunque vayan a ser tajantemente rechazas y a vayan a terminar archivadas como un testimonio más que pasará al olvido.

Mientras tanto,  la “rueda de la fortuna electoral” sigue dando vueltas con el entusiasmo de todos y todas quienes compraron un boleto para ser las o los afortunados ganadores de  un cupo entre los 155 elegido(a)s, mientras los poderosos de siempre sacan desde ya cuentas alegres y se congratulan por la creativa iniciativa institucional puesta en marcha con el Plebiscito del  25 de Noviembre del 2020.

Por otra parte, muchos y muchas de las candidaturas “independientes” que van en los cupos de los partidos tradicionales, han respaldado anteriormente a los gobiernos de la  Concertación y la Nueva Mayoría, sin cuestionar las políticas neoliberales implementadas por ellos .Sólo después de décadas, con la violenta irrupción de la Rebelión Popular, “despertaron”,  para ver que el modelo de dominación imperante que habían respaldado se traducía en salud y educación indigna y de mala calidad, buena para los ricos y mala para los pobres, pensiones miserables, depredación de los recursos naturales y destrucción del medio ambiente, explotación, opresión, etcétera.

Hoy, estos sectores que apoyaron los gobiernos civiles de la post dictadura, levantan también con fuerza y sin ningún pudor las banderas del anticapitalismo y del antineoliberalismo, con el afán de llevar agua al molino electoral en el cual están sumergidos.

Siempre estuvieron dispuestos y dispuestas a apoyar reformas que solo le dieran una cara más amable al sistema de opresión y explotación, pero sin cuestionar la esencia o las bases estructurales  del poder del Estado capitalista, esgrimiendo dichas opciones con la cantinela de la “política en la medida de lo posible”, pero jamás planteándose cambios estructurales de fondo, revolucionarios, que apuntaran a terminar con el sistema capitalista en nuestro país.

Argumentos hay de sobra para auto convencerse y auto reafirmar que la opción política tomada actualmente es la única posible, la opción correcta  y adecuada para participar “llevando las demandas de la calle” a la cancha institucional, aunque con ello solo se obtengan las migajas que el poder esté dispuesto a conceder, pero, aunque muchos y muchas están conscientes de aquello, de igual forma plantean que así se logrará escribir una nueva y “democrática” Constitución favorable a los intereses del pueblo.

Es una manera de repetir y repetirse argumentos para reafirmar que el camino institucional tomado era el que correspondía, porque, según argumentan, el contexto político indicaba que esa era la táctica a seguir.

Otro hecho que no es cuestionado por quienes están embarcados en esta borrachera electoral son los exagerados montos en dinero que se gastarán en las campañas, ya que después de años de alienación cultural del sistema neoliberal, el factor dinero ha pasado a ser parte del ADN de los chilenos y chilenas, y  en este caso específico un costo necesario para “fortalecer la democracia”. Solo se patalea cuando los adversarios cuentan con más recursos, pero el asunto de fondo de la comercialización de la política sigue siendo tolerado sin mayores cuestionamientos.

El mes de marzo puede ser un punto de inflexión que lleve a retomar la senda de la unidad en la acción del pueblo rebelde, compuesto por aquellos sectores que están y/o no está participando en el proceso constitucional en curso. Dependiendo de la magnitud de las protestas y las expresiones de violencia política popular que se exprese en las calles, la coyuntura así creada pueda alterar el remanso electoral del proceso institucional en curso, agitando nuevamente la marea rebelde y popular.

La construcción de organización popular de base sigue siendo muy importante en el proceso de acumulación de fuerzas en el campo popular; la movilización y la acción directa de masas, observada durante la Rebelión Popular, fue asimismo promotora de la formación de organizaciones de distinto tipo, mostrando que a través de dichas acciones  también se puede generar organización popular.

El problema sigue siendo la dispersión y la existencia de numerosas organizaciones y colectivos que se definen como anticapitalistas, antipatriarcales y antineoliberales, pero que no logran Coordinarse ni  elaborar un Programa que los reúna y oriente su accionar para fortalecerse, crecer y mostrar un camino alternativo al pueblo chileno, diferente al ideado desde las clases dominantes, aunque algunas señales en ese sentido comienzan a observarse, como por ejemplo es el caso de la Articulación Plurinacional de Asambleas en Lucha (APAL), que comenzó a gestarse en un encuentro realizado el 18 y 19 de Febrero en Concepción.

Mientras tanto, el gobierno de Sebastián Piñera retoma la agenda contrainsurgente de baja intensidad buscando aliados en la clase política -como ya los tuvo para materializar el Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución y una serie de leyes represivas destinadas a criminalizar la protesta social-  para implementar un nuevo “Acuerdo”, esta vez para ir mucho más allá en su concepción de “guerra interna”, reponiendo iniciativas de ley represivas e incrementando la militarización del territorio mapuche, involucrando a las Fuerzas Armadas en la labores de inteligencia y control junto a Carabineros y la PDI. Se pretende transformar la denominada “macrozona sur” en un escenario de guerra.

Así, mientras por un lado avanza en la legitimación institucional del régimen neoliberal con el proceso constitucional en curso, al mismo tiempo se hace uso del brazo armado del sistema de dominación, poseedor legal del monopolio de las armas, para buscar doblegar al pueblo mapuche rebelde que lucha por la autonomía y la recuperación territorial del Wallmapu, haciéndose eco de las demandas empresariales y de los sectores más recalcitrantes de la derecha chilena.

Guillermo Correa Camiroaga, Valparaíso 28 de Febrero 2021

A la memoria de Francisco Martínez,

Joven popular asesinado por el Estado,

Panguipulli, 5 de febrero 2021

El triunfo del Apruebo y de la Convención Constitucional en el plebiscito del 25 de octubre de 2020, paradojalmente, puso fin a la Rebelión Popular y ciudadana de octubre de 2019. La lucha de clases por el fin del capitalismo neoliberal, se institucionalizó y se canceló. Obnubilados por el extraordinario triunfo electoral los diversos actores políticos y sociales como las distintas ciudadanas iniciaron, entusiastamente, el ingreso político electoral a la arena institucional propiciada por el poder constituido.

La insurgencia popular de octubre 2019, como expresión de la lucha de clases profunda, desde sus inicios hasta marzo de 2020 era una manifiesta acción social y política que tenía como objetivo político de derribar la estructura de poder del capital neoliberal. No buscaba ganar el gobierno, ni realizar reformas institucionales en el régimen político, sino poner fin al capitalismo en Chile.

Hacia al 14 de noviembre 2019 el bloque dominante, el gobierno de Sebastián Piñera y el legislativo, o sea, la estructura política del Estado, se encontraban profundamente convulsionada, agrietadas, afectadas y habían dejado de tener la conducción política del Estado. Al mismo tiempo, la sociedad neoliberal estaba semiparalizada, las actividades productivas, de servicios y financieras, mercantiles y estudiantiles (secundarias y universitarias) funcionaban intermitentemente o en algunas regiones completamente suspendidas, trabajaban a media máquina, abriendo tarde y cerrando temprano; los servicios de locomoción colectiva colapsados, etcétera. Los principales actores políticos, gremiales y sociales vinculados al poder empresarial; pero, también los sectores opositores estaban sorprendidos, perplejos y confundidos.

Todo lo anterior implicaba que la ofensiva social y política popular tenía acarralado y bajo presión al poder social y político dominante. Sin embargo, todo eso cambio desde 15 de noviembre de 2019 cuando el bloque dominante y los actores políticos vinculados con el orden neoliberal decidieron sacrificar la CP80 con el objeto de salvar al capitalismo.

El principal logro del Acuerdo estuvo en asumir la idea fuerza, impulsada y propuesta por diversos sectores opositores sociales políticos del orden neoliberal de que la Constitución Política de 1980-2005 era: la gran responsable de los problemas de la sociedad chilena: desigualdad, abusos, expoliación y explotación de la vida humana y de la naturaleza, etcétera. En otras palabras, el problema de la sociedad chileno no estaba en las condiciones materiales de reproducción del capitalismo sino en la superestructura jurídica no solo del Estado sino, también, del régimen político. Por eso era necesario cambiar la CP80. Chile sería otro país.

En un movimiento estratégicamente brillante y audaz, el bloque dominante y sus aliados políticos y sociales opositores, especialmente, aquellos ligados a la mediana y pequeña burguesía (capas medias), recuperaron la iniciativa política e impusieron la salida política institucional: cambiar el régimen político y su institucionalidad, pero, a condición de no tocar ni afectar al poder infraestructural del capital.

El plebiscito del 25O-20, un engranaje más de esa estrategia transformó algunas ciudadanías rebeldes en electores activos al interior de un régimen democrático que no experimentó ningún cambio institucional, a pesar de la rebelión de O-2019. Todo lo contrario, dado el freno que sufrió la abstención electoral, dado que la participación aumento en relación con las elecciones de presidenciales y parlamentarias de 2017, fue considerada como un triunfo de la democracia.

La ratificación de ese triunfo político de la clase dominante queda materializada en la institucionalización y aceptación de los actores sociales y políticos del proceso electoral -constitucional. Todos quieren ser parte de él.  Algunos, especialmente, los sectores de izquierda, con la vana ilusión que, cambiando la Constitución Política del Estado, están modificando las condiciones materiales del capitalismo. Todo un espejismo.

La única forma de quebrar ese espejismo es des-institucionalizar la lucha de clases, o sea, retomar el camino abierto por la insurrección social de octubre de 2019 de disputar, luchar, por el poder, no aquel que radica en el régimen político, sino en el Estado y sobre todo, en el poder infraestructural de la clase dominante. Se debe colocar nuevamente la lucha de classes al centro de la historia.

Juan Carlos Gómez Leyton

Dr. en Ciencias Sociales y política

 

San Joaquín, febrero de 2020

©JCGL/jcgl

 

 

El próximo sábado 20 de febrero, y este año vía Internet, se realizará el Encuentro de Ex-Pres@s Polític@s de Valparaíso. En este encuentro se presentará brevemente el libro “Mujeres de fuego: luchadoras sociales en la región de Valparaíso durante la dictadura cívico militar” y se hará una venta en verde en redes sociales para reunir el dinero para imprimirlo.

El afiche de portada es una hermosa muestra de arte denuncia y Memoria, llamadas “Fotos de Denuncia”, una arpillera como las realizadas por los familiares de los detenidos durante la dictadura.