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Miguel Cabrera (“Paine”) fue uno de los artífices de la introducción de las ideas revolucionarias en la comunidad mapuche y campesina en Cautín. En Mañio Manzanal, al interior de Carahue, Paine reclutó para el MIR a varios militantes. Allí surgió la idea que recuperar la tierra usurpada, corriendo los cercos. Es decir, esa acción directa fue aprendida en la práctica con el pueblo mapuche. El 15 de mayo de 1970 el MIR impulsó la primera corrida de cercos en Cautín, con la comunidad Quinchavil-Santibanez de Mañio Manzanal. La segunda se hizo el 2 de Julio al interior de Lautaro y llego a ser el ente detonador de todas las que se produjeron en Cautín durante los años 1971 y 1972. Posteriormente Paine se integra al CC del MIR, desarrollando diferentes tareas hasta marzo 74 cuando cae detenido. Posteriormente en el exilio, asume su preparación para integrarse al plan de retorno, tomando la responsabilidad de la selección de un contingente de compañeros que van a ser parte del Frente Guerrillero Toqui Lautaro en la zona de Neltume, mostrando cercanía y liderazgo con las decenas compañeros que integraron este esfuerzo que hicieron los revolucionarios en nuestro país que lamentablemente se frustró ya sea por los errores cometidos, el no tener las condiciones necesarias del desarrollo de la organización y los movimientos sociales, los errores de dirección y tácticos  y la superioridad del enemigo.

Pero, el esfuerzo, el compromiso, la convicción y la entrega de los compañeros que participaron directamente o de apoyo son parte del patrimonio de la lucha popular.

 

El 16 de octubre de 1975 se produce el enfrentamiento de Malloco en el que cae muerto Dagoberto Pérez Vargas, mientras cubre la retirada de gran parte de la dirección del MIR, después de horas de desigual combate. Sociólogo, destacado jefe del comité regional del MIR en Santiago miembro del Comité Central y de la Comisión Política, constructor de organización, consecuente y comprometido con sus ideales, aun cargando el dolor del asesinato de sus cuatro hermanos.

Venía de una familia esforzada de Olmopulli comuna de Maullín, región de Los Lagos. Su padre fue el primer juez de ese lugar y su madre profesora y directora de la escuela.

Los servicios represivos de la dictadura cívico militar se ensañaron con esta familia que tenía valores y convicciones. Fueron asesinados 5 hermanos, solo se salvó Patricia que era muy niña en esa época.   Quisiéramos rendir un homenaje con estas líneas a Dagoberto y a sus hermanos por sus convicciones, compromiso, entrega y aportes a la lucha que, de alguna forma se sentirían representados en la rebelión social política iniciada en octubre de 2019.

Dejemos las palabras de su madre para conocer mejor su ejemplo:

“Mi dolor es muy grande… Sin embargo, debo aceptar que tuviste una muerte privilegiada.

Tu sacrificio heroico permitirá, que, por tu desaparecimiento físico, tu imagen sea un recuerdo

imperecedero para aquellos que en alguna forma se sintieron ligados a ti; y tu ejemplo pase a la

la posteridad. ¡Adiós! Tu madre “

Compañero Dago: Vivirás en las luchas del presente y del futuro

 

Son muchos las denuncias del abuso de la policía a la hora de las detenciones a mujeres y niñas, las que van desde toqueteos a obscenidades de distinto tipo

Por Catalina Rojas 

Tanto en dictadura como en el actual contexto, el abuso a mujeres y disidencias sexuales, marca pauta a la hora del actuar represivo de la policía en Chile

A través de la historia de Chile hemos visto que la violencia hacia las mujeres fue constituyéndose como una manifestación cultural del patriarcado, desarrollándose en diferentes niveles, doméstico, social y político, teniendo expresiones a nivel físico, sexual, psicológico, económico, simbólico y estructural. El Estado ha utilizado el ejercicio sistemático de la violencia sexual y la violación a mujeres y disidencias a través de sus fuerzas armadas y de orden.

Según registros de la época, en dictadura al menos 316 mujeres fueron violadas, 229 de ellas con embarazos en curso, algunas perdieron a su hija/o, otras dieron a luz por violación a manos de su torturador.

Un ejemplo más actual, es la represión ejercida durante el alzamiento popular de octubre. Sólo entre el 18 de octubre y el 31 de noviembre del 2019 se registraron 274 denuncias por violencia sexual, dentro de las cuales se reconoce la violación, desnudamientos, abuso sexual y amenazas de abuso hacia mujeres y disidencias.

Pero, esta violencia no sólo se da en un contexto de represión desde las instituciones que están en manos del poder burgués, sino también en el marco de las relaciones sociales, familiares, amorosas, organizativas, laborales. Casos de violación, violencia sexual y feminicidios han golpeado fuerte a la sociedad, poniendo en agenda la violencia patriarcal como un problema ineludible. Entre el 1 de enero y 10 de agosto de este año se cuentan entre 23 y 31 feminicidios, dependiendo de la fuente. Es importante considerar que estos hechos siempre han existido, sólo que han sido histórica y culturalmente naturalizados o invisibilizados.

El capitalismo patriarcal ha supuesto por siglos la superioridad de un género sobre otro. Su premisa es que el género masculino debe dominar al femenino, y éste último debe subordinarse al primero. El matrimonio es el contrato social donde se cristaliza esta concepción, ya que desde la construcción cristiana la mujer debe obediencia al marido y el temor a Dios (y su palabra) refuerza esta supuesta sumisión. Se genera en el hombre una idea de autoridad y de propiedad hacia la mujer y de aversión y rechazo a todo lo que estuviera fuera de esa construcción cultural hetero normada de poder y obediencia. Visto así, el feminicidio, la violación y la violencia sexual son una forma aprehendida de ejercer el dominio y control sobre la conducta del género oprimido.

Esta violencia a nivel estructural es expresada por el Estado a través de sus tribunales de justicia, los que estando al servicio de la ideología burguesa, propicia y reproduce este sistema, permitiendo el castigo de género como método de control y disciplinamiento del orden imperante, el feminicidio y violencia sexual como prácticas de castigo y dominación. El problema es político, es ideológico.

Al ser problemas de carácter ideológico, deben construirse relaciones sociales de producción y reproducción donde se acabe con la explotación y opresión. La solución es la organización como instrumento de desarrollo de conciencia y soporte de los cimientos para una nueva sociedad. La lucha contra la violación y el feminicidio como problema político ideológico, de castigo y dominio hacia la mujer, por ser mujer, y a las disidencias por no enmarcarse en los parámetros de género, es una lucha que si bien tiene un aspecto reivindicativo el cual debe plantearse en la sociedad actual, tiene una profundidad aún mayor.

Por ello las tareas son muchas: combatir la ideología burguesa, que es capitalista y patriarcal, con ideología proletaria que debe ser feminista, clasista y revolucionaria y articular las luchas del pueblo para construir el proyecto de sociedad libre de toda explotación y opresión, en donde la igualdad, la justicia y la libertad sean los ejes que enmarquen nuestras vidas.

Por Pablo Ramírez. 

El 5 de octubre de 1974 cae en combate Miguel Enríquez, secretario general del MIR. Este golpe significó un fuerte remezón a los planes de la reorganización del MIR.  En este aniversario de su muerte quisiéramos destacar algunos de sus aportes que incluso hoy cobran vigencia. Por ejemplo, la insistencia en la unidad de los revolucionarios manifestando este concepto en trabajar junto en lo que nos une y discutir fraternalmente nuestras diferencias. Otro aspecto interesante fue la insistencia en combinar las diversas formas de lucha.  Qué decir de la insistencia que ponía en la necesidad de construir sin dogmas, tanto en el plano organizativo como en sectores sociales.

Le gustaba polemizar e incluso con personas de otros pensamientos. Era muy documentado para tratar los diversos temas y se preparaba para ello y un punto que siempre llamaba la atención de su pensamiento era que habitualmente hacía la bajada de lo concreto con la perspectiva mas global y de largo plazo.

Las distintas reformas laborales impulsadas desde los gobiernos “democráticos” sólo han perjudicado aún más a las/os trabajadoras/es

Por Ariel Orellana

Subcontratos y Honorarios son las mayores expresiones de precarización laboral post dictadura de Pinochet

La contraofensiva imperialista-burguesa contra el gobierno de la Unidad Popular y las organizaciones de avanzada de la clase trabajadora, se llevó a cabo para frenar el avance en la conciencia de clase, la organización y la lucha por parte del proletariado chileno, y tuvo en el Golpe de Estado y la dictadura cívico – militar, su expresión más despiadada.

Implementó reformas político-administrativa que permitieron perpetuarse como clase burguesa en el poder y asegurar la instalación de un modelo distinto de explotación y dominación dentro del sistema capitalista. El plan laboral institucionalizó formas superiores de explotación y fragmentó a las organizaciones sindicales de las/os trabajadoras/es con el objetivo de imponer el patrón de acumulación neoliberal.

El plan laboral dirigido por José Piñera, desde el Ministerio del Trabajo y Previsión Social (1978 – 1980), lo constituían el DL 2.756, sobre organización sindical y el DL 2.758 sobre negociación colectiva. Estos se centraban en cuatro dimensiones: negociación colectiva centrada en la empresa, huelga sin paralización, libertad sindical y despolitización sindical, bases de la estructura del Plan Laboral y posterior Código del Trabajo. De esta manera se construye una normativa laboral con cobertura legal a los nuevos mecanismos de explotación de la mano de obra y el fortalecimiento de las compañías, expresado en la mercantilización de la sociedad a través de la implementación del modelo neoliberal.

El segundo gobierno de Bachelet prometió una serie de transformaciones al respecto, que finalmente culminaron en un aumento de la regulación del quehacer sindical. Esto se transformó en una reforma antisindical, pues cada una de sus modificaciones son un obstáculo para el ejercicio de la lucha por los derechos y el avance de la organización de las/os trabajadoras/es.

Seguramente el subcontrato y el trabajo a honorario son las mayores expresiones de precarización laboral, cuyo objetivo es aumentar la tasa de ganancia de la patronal en el mercado. Ambos mecanismos han sido desplegados por el sector privado y por el Estado, generando el surgimiento de trabajadoras/es de diversas calidades contractuales dando cuenta de algunas condiciones de inseguridad laboral y sobreexplotación.

El contrato único en el Estado es la demanda principal para acabar con esta forma de explotación laboral que han impulsado las/os trabajadoras/es a honorarios. En tanto en el sector privado, el contrato con la mandante, es la demanda que impulsan las/os subcontratadas/os para igualar sus condiciones laborales.

Se requiere acabar con las leyes, a través de la organización sindical y la lucha, aumentando los derechos de las/os trabajadoras/es para así impulsar un camino hacia el control de los medios de producción y la distribución de las mercancías y el ejercicio del poder popular por parte de los sectores organizados.

La clase trabajadora ha aprendido mucho desde el alzamiento popular de octubre, pero el movimiento sindical vinculado con la CUT, ha estado ausente. El vaciamiento ideológico sufrido desde la dictadura cívico – militar y los amarres institucionales, aún contienen la energía transformadora de la clase trabajadora sobre todo a nivel sindical. Se debe reimpulsar el pliego de demandas de nuestra clase, centrar los objetivos tácticos en luchas concretas e impulsar el plan de lucha en las nuevas condiciones y correlaciones de fuerzas en la actual coyuntura.

Asimismo, se debe apoyar el levantamiento de organización de las/os cesantes, avanzando en un sindicalismo clasista y combativo, venciendo el burocratismo, caudillismo y clientelismo que lo ha empantanado. Es fundamental avanzar en la articulación de la clase trabajadora y el pueblo, y levantar fuerte y claro la lucha por pan, trabajo, salud y techo.