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Por Minerva Ríos. 

La historia.

Desde que en 1857 un grupo de trabajadoras textiles salió a la calle de Nueva York a protestar por mejores condiciones laborales, recortes horarios y fin al trabajo infantil es que el 8 de marzo es una fecha significativa para la lucha de las mujeres. En ese entonces ellas utilizaron el lema “ Pan y Rosas”, dejando en el un legado para quienes habitamos cuerpos sexuados femeninos y buscamos, hoy – en el 2021- la concreción de esas demandas, y de otras múltiples que han ido apareciendo en el camino de encontrarnos a nosotras mismas y con ello a la posición que tenemos como sujetos sociales.

Es espeluznante ver que ya no solo se lucha por la brecha salarial, las labores de cuidado o la decisión sobre nuestros cuerpos – ejemplo claro la larga discusión respecto al aborto- sino que también es una lucha muy potente la que se está llevando a cabo por el derecho a nuestra vida, a nuestra libertad y tranquilidad de habitar el espacio publico sin la necesidad de temer o aún peor- de ser atacada, violentada y/o asesinada.

La realidad.

Y es que a veces se siente que se escribe ficción, cuando se escribe sobre los problemas de las mujeres; y es que las historias son macabras, los números solo aumentan, y la institucionalidad solo “abre el debate”, en vez de propiciar espacios seguros y formales de políticas públicas y legislativas que terminen con ese tono dubitativo que tiñe cada vértice de las demandas respectivas al género. Ya no es momento de dudas. Estamos en un momento en el que debe quedar claro, que el problema de las mujeres no es sólo de las mujeres. Que es un problema social que nos afecta como individuos, como hijas/os, hermanas/os, madres, padres, amigas/os, y como sociedad entera al cargar con tanto sufrimiento cotidiano de quienes son – según la hegemonía, y un montón de constituciones a nivel mundial- quienes tienen el rol más importante en a sociedad, al ser los pilares de la base social: “la familia”.

Aún bajo esta mirada que es de conocimiento público no es más que una frase que respalda la estructura macabra del patriarcado, se registraron 67 femicidios consumados al cerrar el 2020 (datos actualizados de la Red Chilena contra la violencia hacia las Mujeres) y por como hemos comenzado el 2021, las cifras no parecen cambiar mucho.
Es preocupante saber que la lucha por los derechos ha devenido una lucha por la vida. Y que no solo afecta a quien es asesinada; sino a todas/os quienes cotidianamente nos enfrentamos a las estructuras que facilitan y replican esta forma de hacer la vida que, literal, nos está matando.

Y hasta para eso hay diferencias, porque por Antonia Barra todo se tiño de morado; pero Valentina Vera se hundió en el silencio de su cuerpo disidente encontrado hace unas semanas en una cabaña en Puerto Montt. Y el asesino de Anna Cook sigue ejerciendo libremente su profesión mientras amigas/os, familias, compañeras/os hacen hasta lo imposible para visibilizar su asesinato.

El futuro.

Este último punto es importante de conmemorar en este mes que en 1975 Las Naciones Unidas declaran como propio de las mujeres, al significar el 8 de marzo como su día. Se vuelve relevante porque la lucha no se hace solo en los puestos de poder, de decisión; ni tampoco en la calle. Y es que maternar y criar sola es una lucha feminista. Levantarse a trabajar en la feria, ser ambulante, tatuadora o dedicarse a cualquier otro trabajo que sea socialmente calificado como “de hombres”; es también feminista. Trabajar en salud y resguardar la seguridad de víctimas de violencia es una lucha feminista. Las trabajadoras sexuales, las educadoras de párvulo, las asesoras del hogar, los cuerpos diversos que habitan la feminidad (trans, travestis, fluidos, entre otros), las sobrevivientes de violencia sexual, física, psicológica y/o económica viven en la cotidianidad la lucha feminista.

Cerrarlo a mujeres renombradas o a quienes dejan el cuerpo en la lucha callejera es también algo en lo que debemos trabajar y replantearnos en este mes. Un mes que nos invita a la unión, el cuestionamiento y la fuerza de quienes desde una situación de despojo de su identidad propia hemos logrado encontrarnos y gritar fuerte y claro que ya no más, porque no estamos solas, ni calladas y ya no tenemos miedo.

Porque nos encontramos y estamos dispuestas a no soltarnos hasta que nuestros cuerpos sean libres, y podamos gozar de paridad en todos los ámbitos sociales que son pertinentes. Porque vamos a alzar la voz por cada compañera que ya no está y que silenciaron. Porque somos fuerte y poderosas al igual que quienes nos antecedieron y guían nuestro camino para pavimentárselo a quienes vendrán.

Por que si de algo estamos seguras quienes estamos en la lucha, es que el feminismo llegó para quedarse. Y que con la unión de todas/os y de la comunión de los pueblos lograremos hacer tangible la bella frase que acompaña nuestro caminar, y es que: “EL FUTURO SERÁ FEMINISTA O NO SERÁ”.

Por Beatriz Villar & Lucia Álvarez. 

“Me llamo Delia Beatriz Villar. Nací y viví en Argentina. Vivo en Chile desde noviembre de 2018. Tengo 64 años, soy hija de Esther América Murúa, nacida en la pobreza del sur cordobés, abandonada y abusada desde su infancia; y del hijo de su patrona, ‘el niño Eduardo’, jugador compulsivo, misógino y pervertido. Profesora de Historia, cantante, cantautora y escritora, soy madre de cuatro hijes. Pertenezco a una generación para la que la maternidad era un mandato ineludible… una mujer no podía “estar completa” si no se casaba y tenía hijes. Desde niña me rebelé contra toda forma de violencia, viniera de mujeres o de hombres. Conocí la violencia física, psicológica, sexual, económica… Llena de culpas por no haber sido una mamá perfecta, aprendí y aprendo de mis hijas Lucía y Leticia que ser mujer es una completud per se, un privilegio, una forma de entender la vida y de disfrutarla”. ¿Somos feministas? ¿Desde cuándo? ¿Qué entendemos por feminismo? Somos mujeres hijas del patriarcado deconstruyéndonos, empoderándonos. Despertamos juntas como hija y madre a la verdad de que, además del vínculo eterno que nos une, ambas pertenecemos a un género castigado, manipulado, maltratado por los siglos de los siglos. Estamos recorriendo un camino de dignificación que no tiene comienzo ni fin, que sólo existe en este amoroso e intenso presente que disfrutamos a través del respeto y la confianza mutuas.

En nombre de nuestras ancestras estamos sanando una cadena de sangrantes dolores femeninos, de abusos de toda índole, que no queremos para nosotras, para ninguna niña, para ninguna mujer, cualesquiera sea su edad, su hábitat, sus ideas, su extracción social, su historia personal.

“Soy Lucía Alvarez, hija de Beatriz Villar, tengo 39 años y una hija de 8 años, Mia. Soy Dra. en biología e investigadora de CONICET, vivo en Bariloche, Argentina. Desde chica he sufrido y presenciado, como todas, distintos tipos de violencia machista, desde abusos en el transporte y vía pública, pasando por el miedo de caminar por la calle, hasta noviazgos violentos y micromachismos de los más variados en ámbitos académicos, familiares y laborales. Mi lucha comenzó con el ejemplo de mi madre, que siempre se sublevó contra el machismo e hizo su propio camino en el feminismo sin saberlo, cada acción suya, toda su vida está empapada de lucha feminista sin haber pertenecido nunca a ninguna colectiva y sin autodenominarse feminista. Mi madre es el ejemplo más cercano y potente de feminismo que tuve siempre. Así, aprendí a no callarme ante la violencia, a revelarme y a luchar por mis derechos como mujer y sobre todo como persona.”

La legalización de la interrupción voluntaria del embarazo (IVE) amplía nuestros derechos. Se trata de tener soberanía sobre nuestros propios cuerpos. Se trata de que todas las personas con capacidad de gestar podamos acceder a esta prestación sin distinción. Se trata de equidad. Se trata de salud pública. Se trata de asumir que el aborto existe, estemos de acuerdo o no con esta práctica, y por lo tanto es un asunto del que el Estado debe hacerse cargo. No es aborto sí, aborto no. Las que abortan seguirán abortando y las que no, no. Pero las que lo hacen (ricas y pobres, niñas, adolescentes y adultas) lo podrán hacer todas en las mismas condiciones de seguridad, cuidado, higiene, con seguimiento y contención psicológica en caso de requerirlo. La lucha de las pibas en Argentina por la legalización de la IVE fue emocionante. La lucha por la emancipación de nuestros cuerpos se hizo grito, se hizo canto, se hizo baile, se hizo música, se hizo arte, se hizo abrazo, se hizo risas, se hizo llanto. Pañuelos verdes anudados en las mochilas. Sororidad y contención en una lucha que parecía no tener fin. El poder de la lucha feminista posibilitó alcanzar este derecho fundamental. Somos conscientes de lo mucho que falta. Pero hoy, en Argentina, somos un poco más libres.

Carolina Orellana Sepúlveda

Pensar en nuestra historia es asumir con dolor las muertes de cada mujer que a lo largo de los años ha perdido la vida al ser víctima de todo tipo de violencias patriarcales, capitalistas y neoliberales extractivistas. Aquellas que en los inicios lucharon por jornadas laborales justas cuyo lema fue “pan y rosas” o las sufragistas en Europa. Pero no podemos olvidar a todas las mujeres de Abya Yala (nuestro continente) que desde la invasión europea han luchado por su cosmovisión, vida, territorio y dignidad como Berta Cáceres y Macarena Valdés. Es importante evitar extraviarnos y creer que el 8M es un día para celebrar, jamás lo ha sido ni será. Éste es un día para conmemorar a cada mujer que ha perdido su vida luchando por sus derechos, por su ecosistema, o en manos de un femicida; sin olvidar a cada mujer fallecida por alguna enfermedad no transmisible producto de la contaminación. El 8M un día de reflexión e introspección respecto del alcance del patriarcado en nuestras vidas y en nuestra memoria histórica, es un día para desarrollar la sororidad entre nosotras y acompañarnos en nuestros procesos toda vez que una mujer decide denunciar un abuso, iniciar su transformación al empoderarse, o al estudiar sobre feminismo el que nos permite cambiar nuestra vida sabiendo que nunca más estaremos solas. Es importante observar nuestra compulsión capitalista que nos ha hecho creer que debemos competir entre nosotras replicando sin conciencia todo aquello que rechazamos del sistema opresor, deslegitimando o discriminando expresiones de resistencia, otros géneros, otros territorios o completamente ajenas de la normalización del abandono hacia nosotras mismas en cuanto a nuestra salud física y mental o de la preocupante normalización de la vulneración aberrante de nuestros derechos como sucede en Quintero. Aquí el Estado fallido, subsidiario, ausente, genocida y ecocida mueve sus hilos para mantenernos ignorantes de las muchas expresiones de violencia que nos afectan. Aquí nos golpea la injusticia social con todas sus expresiones de pobreza, como también la injusticia ambiental que nos despoja de nuestro derecho de vivir en un ambiente libre de contaminación, derecho a la salud y la vida misma. Somos las quinteranas, que al momento de decidir gestar, traspasamos al feto en formación toda la acumulación de metales pesados afectando potencialmente su desarrollo neurológico o físico causando mal formaciones congénitas, aumentando las probabilidades de desarrollar enfermedades respiratorias y más grave aun mutando el gen vigía para el cáncer (Gen P53). Este daño epigenético o imprinting genético se hereda hasta la sexta generación, siendo fundamental que lo incorporemos a las violencias que conocemos y se levantan en los petitorios a lo largo de Chile. Aquí, por el solo hecho de respirar contaminantes día tras día hace más de 5 décadas perdemos salud, vida y dignidad. Basta!! En Quintero, la contaminación también es violencia.

Intervención urbana por rebelión social política en Chile.

Por Federación Nacional de Trabajadoras y Trabajadores del Área Social- FENTTAS. 

 Según encuesta de Observatorio de Género 2017-2018, la participación de mujeres en sindicatos en los territorios rural-urbanos de Chile, corresponde a un 60% menos que los hombres. La mayor brecha se observa en los territorios rural-urbanos grandes, donde la sindicalización de los hombres es un 63% mayor que la de las mujeres. En los territorios pequeños los hombres (7,2%) duplican la participación de las mujeres (3,5%). En resumen, la participación de las mujeres no supera el 4%.

Eva Antón Fernández, filóloga y parte del equipo de trabajo de la Secretaría Confederal de la Mujer de Comisiones Obreras de España, nos plantea que, si las mujeres no están en las organizaciones sindicales, debemos preguntarnos qué están haciendo, por qué no están y si tienen obstáculos añadidos a su participación

Como expone Luz Martínez Ten, psicopedagoga y sindicalista feminista española, las mujeres tienen un papel transformador en el ámbito sindical. Llegan a una organización longeva con mucha historia, creada bajo un modelo patriarcal, por y para hombres y, por tanto, las mujeres tienden a sentirse ajenas en esta estructura que tiene sus códigos de relación y maneras de expresarse. La tendencia es a adaptarse. Esta mimetización es considera un error por la psicopedagoga, ya que genera que las mujeres se transformen en algo que no son y pierdan su objetivo que es llegar para transformar desde una perspectiva feminista la organización y así la realidad.

La propuesta de Luz Martínez para transformar la organización de basa en ir introduciendo perspectivas feministas a través de cuotas de género, departamentos de mujer y agenda feminista. Además, propone redefinir los códigos de relación, donde hay competitividad podrá haber cooperación, donde hay soledad podrá haber redes, donde hay silencio puede haber dialogo, ir poniendo otros valores, y eso se consigue creando redes de mujeres, espacios de dialogo que permitan compartir experiencias. Tener claridad de que no van solas, que los liderazgos fluyen, que se lidera en conjunto, por tanto, los espacios se ceden en los escenarios y en los micrófonos desde la solidaridad de género. En conjunto se debe buscar estrategias que no serán las herramientas de lucha utilizadas históricamente en el mundo sindical por los hombres, no necesariamente se debe confrontar o golpear la mesa, ni aumentar el tono de voz para expresar ideas. Las mujeres sindicalistas deben generar sus redes que permitan resistir desde el optimismo y ganar batallas con sus propias habilidades, sin adoptar estereotipos de liderazgos masculinos.

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Volvemos a Eva Antón quien nos expone que a partir de la teoría de género comenzamos a ampliar la mirada, a romper la visión androcéntrica y ver desde otro marco la realidad, nos paramos desde un punto en que interpelamos no lo que antes normalizábamos. Es así como las secretarias de género y sexualidades se plantean con el objetivo de apuntar a la igualdad de género como un acto de justicia social, por tanto, está en total concordancia con lo que persiguen las organizaciones sindicales. El objetivo de dichos espacios es fortalecer la participación de las compañeras/os en las organizaciones, capacitar a las y los compañeras/os en el enfoque de la igualdad de género, vincular el espacio con movimientos locales y nacionales estableciendo un trabajo continuo y siendo un puente entre el movimiento feminista y el movimiento sindical.  Las secretarías de género son las encargadas de desarrollar un diagnóstico de la participación, afiliación y representación de las mujeres en la organización.

En la experiencia sindical argentina el enfoque es promover la participación de las mujeres, implementando el seguimiento, y/o monitoreo de las políticas públicas vinculadas con las mujeres, en particular los programas de salud sexual y reproductiva; violencia Laboral, familiar y/o Social, además de coordinar y centralizar la información resultante para generar las acciones políticas que se consideren necesarias. Para lograr los objetivos propuestos se basan principalmente en tres ejes: sensibilización, comunicación y formación.

La Federación de estudiantes de la Universidad Austral de Chile y Universidad de Antofagasta, a través de sus secretarias de género y sexualidades (SEGESEX) han levantado un espacio para educar con perspectiva de género, en donde profesionales puedan adoptar una mirada consciente respecto a discriminación y violencia de género, creando espacios libres de sexismo contra mujeres y diversidad sexual. Realizan ferias informativas, marchas, foros, actos conmemorativos, participación en ferias feministas y carnavales.

En FENTTAS tenemos 16 dirigentas, y 9 dirigentes dentro de los sindicatos. Desde aquí se nos plantea el desafío de incorporar estas nuevas formas de organización, generando espacios diversos que involucren mayores perspectivas, tanto desde el feminismo como de otras corrientes. La particularidad del área social es que los sindicatos tienen mayor presencia de mujeres, siendo casi 80% las compañeras quienes componen la base sindical, sin embargo, los cargos directivos, específicamente la presidencia sigue estando en manos de hombres. Desde el sindicalismo entendemos que la participación de las mujeres es fundamental sobre todo por el grado de representatividad que tienen en el área social.

El poder colectivo es un instrumento de transformación, y por tanto las mujeres deben ocupar los espacios dentro de las organizaciones y dejar huellas para las que vienen. Cada vez que se da un paso en agenda feminista, avanzan todas y todos. El logro es colectivo.

Ante cualquier emergencia como lluvias, tormentas, aluviones, incendios o sismos quedan al desnudo la precariedad de los servicios básicos en nuestro país. Esta precariedad obedece esencialmente al modelo de Estado subsidiario. Es más, este modelo de Estado va a traspasar los servicios a los privados para ahorrar como administración, pero traspasará fondos al contratista respectivo que, intentará gastar lo menos posible para aumentar su ganancia. Esto incrementará los riegos de que se produzcan contingencias en instalaciones por falta de mantención, tanto en servicios estales como los que estén licitados por privados. Por ejemplo, a primera vista el incendio del hospital San Borja Arriarán, que significó la reubicación de 350 pacientes hospitalizados, obedecería a falta de mantención. ¿Qué decir de los problemas que se producen ante las lluvias? Se corta la energía eléctrica curiosamente en los sectores populares provocando una serie de consecuencias con los alimentos guardados por el no funcionamiento de la refrigeración o los problemas de salud a personas que dependen de la energía eléctrica para sus tratamientos.

Otro servicio esencial que presenta dificultades ante alguna emergencia es el suministro del agua. Siendo un elemento vital para la vida, hoy en manos del Grupo español Agbar, que controla Aguas Andinas, Aguas Cordillera y Aguas Manquehue. Sus voluminosos cobros tienen más del 50% por servicios de recolección de aguas servidas y el tratamiento de las mismas. Se suponía que cuando Eduardo Frei privatizó los derechos y la propiedad del agua, los inversionistas iban hacer los cambios necesarios y los usuarios no se debían preocupar, porque las mejoras y mantenciones las harían estas empresas, pero resulta que esto lo pagamos nosotros y ante eventuales lluvias u otras emergencias debemos juntar aguas en nuestros hogares, porque la empresa no asegura el normal suministro. Ya es hora que el agua por ser un vital elemento para la vida debe ser nacionalizada y no ser propiedad privada donde algunos especuladores tengan los derechos de este vital elemento.

En el mes de febrero se ha visto una agudización de la represión de carabineros contra sectores de la población popular y al menos tres hechos grafican claramente este abuso y pareciera ser que hay un actuar delincuencial de parte de carabineros hacia la población más humilde y de menores recursos. Quizás eso explique la explosión colectiva y masiva de ira luego del asesinato del malabarista Francisco Martínez en Panguipulli, no solo es la reacción frente a un hecho puntual, sino que es una acumulación de impotencia, porque estas situaciones se repiten una y otra vez, sin cambios institucionales, ni justicia. Por lo tanto, para gran parte de la población del país, define en el imaginario a carabineros con la frase “altivo y fuerte con los débiles, sumiso con los poderosos”.

Otro hecho en estos abusos e impunidad de carabineros ha sido la muerte en extrañas circunstancias de Camilo Miyaki Salinas, detenido en la 51 Comisaría de Pedro Aguirre Cerda, y quien fue encontrado sin vida en una celda, lo que según la versión de la institución se trató de “un suicidio” por ahorcamiento. Y un tercer hecho, ha sido que la Fiscalía abrió una investigación pidiendo la detención de dos Carabineros de la Primera Comisaría de Calama, tras estar presuntamente involucrados en la muerte de un joven de la localidad, luego de que la víctima fuera abandonada gravemente herida en el Servicio Médico Legal de la ciudad.

Por otro lado, en el mes de abril se realizarán las elecciones para la llamada Convención Constitucional que ya tiene sus amarres -redactará la nueva constitución, pero con escaso margen de autonomía y los partidos de la elite derechista, del reformismo tradicional y reformistas del recambio van a tratar de copar este espacio con las mismas prácticas que amplios sectores sociales han venido rechazando desde octubre 2019. Si bien hay pausas en las movilizaciones, estas poco a poco intentan retomar la iniciativa, especialmente los jóvenes luchadores que semanalmente se movilizan por las demandas pendientes tanto en la RM como en las otras regiones. Entendemos y esperamos que marzo sea un buen empujón con las movilizaciones de las mujeres y el movimiento feminista por sus derechos y demandas. También vemos que la lucha del pueblo mapuche persevera por sus demandas de reconocimiento y autonomía, utilizando las diferentes formas de lucha y cerrando el mes se recordará a los jóvenes combatientes de las diferentes vertientes populares y luchadores que hoy de alguna manera tiene una continuidad en las movilizaciones y en la Primera Línea.