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Un día como hoy nació el revolucionario penquista, Bautista van Schouwen. Van Schouwen fue uno de los fundadores del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y director de El Rebelde. Además fue miembro de la Dirección Nacional del MIR.

 

A continuación compartimos una de sus frases más célebres:

“Jamás olviden, compañeros, que nuestros enemigos son la derecha y el imperialismo, y es a ellos a quienes deberemos derrotar; Sí para eso fuera preciso enfrentar al reformismo, lo haremos con fuerza, pero con lealtad, porque es imprescindible ganar a esos compañeros para la revolución. La revolución no podrá hacerla un grupo aislado por más coraje, voluntad y valentía que tenga. La revolución será producto de la fuerza generada por todos los que se opongan a la derecha, a los imperialistas, y al aparato del estado, y de ahí no podemos excluir a nadie; esos compañeros son imprescindibles para la revolución. Al reformismo no se le derrota, se le supera”

Por Nayar López Castellanos

Que el imperialismo existe, no ha desaparecido ni es asunto del pasado, es la realidad acuciante que abordan dos importantes libros de reciente publicación: Estudiando la contrainsurgencia de Estados Unidos. Manuales, mentalidades y uso de la antropología, de Gilberto López y Rivas (Ocean Sur, 2013), y América Latina en la geopolítica del imperialismo, de Atilio A. Boron (UNAM, 2014).

En la más reciente obra del antropólogo mexicano Gilberto López y Rivas, se explican de forma detallada los usos mercenarios que el poder militar estadounidense ha hecho de antropólogos, sociólogos y otros científicos sociales para llevar a cabo guerras asimétricas   en diversas partes del mundo. Se trata, explica el autor, de “la utilización de la antropología en las campañas contrainsurgentes y en la ocupación neocolonial de países por parte de las fuerzas armadas de Estados Unidos”. (p.28)

A través del análisis del contenido de manuales y otros documentos difundidos por Wikileaks, el autor analiza las estrategias y mecanismos antropológicos y culturalmente informados de los equipos humanos en el terreno del ejército estadounidense para entender a sus enemigos y derrotar los movimientos insurgentes. Al respecto, López y Rivas sostiene que para justificar esta extraterritorialidad castrense, los estrategas utilizan una entelequia jurídica denominada ‘nación huésped’, cuyo gobierno ‘invita’ a Estados Unidos a poner en práctica una guerra de contrainsurgencia contra su propio pueblo, aunque dicha autoridad sea impuesta con posterioridad al derrocamiento del gobierno legalmente constituido y la ocupación militar del país por las fuerzas expedicionarias de Estados Unidos.(pp.21-22)

Los documentos analizados a los que se hace referencia son el Manual de Contrainsurgencia 3-24; la Guía cultural de las fuerzas especiales de Estados Unidos; el Manual de campo de las fuerzas especiales 31-20-3 (tácticas, técnicas y procedimientos de defensa interna para las Fuerzas Especiales en el extranjero); el Sistema Operativo de Investigación Humana en el Terreno; el Human terrain team handbook. En ellos se explican las variadas estrategias que utiliza Washington para su despliegue hegemónico, de acuerdo a las circunstancias particulares de cualquier caso y/o enemigo de cualquier postura política, económica o religiosa que no esté bajo su control o a su servicio, así como los parámetros de su estrategia militar, resaltando la idea de que “dividen el mundo entre los que usan la razón (ellos, los estadounidenses) y quienes son presa de la pasión y se mantienen ‘fuera de los límites de las convenciones del mundo desarrollado’: los del ‘machete’ y atacantes suicidas, los que están ‘ansiosos de morir’”. (p.44)

Para entender la mentalidad imperialista en su dimensión militar, se identifican las bases del “patriotismo estadounidense”, “nutrido de una historia de genocidios, etnocidios, despojos y conquistas territoriales; se fundamenta en las nociones etnocéntricas y racistas de ‘pueblo escogido’ por ‘la Providencia’ para expandir su dominio sobre el continente, en su primera etapa, y después en el mundo entero”. López y Rivas destaca la construcción de un liderazgo unipolar después de la guerra fría, señalando su principal rasgo: “la idea del ‘policía mundial’ que vigila el cumplimiento de su ley y protege sus intereses y seguridad ‘nacionales’ por encima de cualquier otro; se alimenta de los mitos de ‘salvadores del mundo’ propalados, reproducidos y ampliados por la propaganda cinematográfica; los incansables rambos matando comunistas, y ahora ‘terroristas’, en nombre de la justicia, la democracia y la libertad”. (p.51)

Así, queda claro el enorme despliegue militar y de inteligencia que tiene Washington por el mundo, en especial en América Latina, en donde existen decenas de bases militares y centros de inteligencia. El antropólogo mexicano refiere un libro de David Vine  “en torno a las más de 1000 bases militares estadounidenses en 150 países, (a las que hay que sumar las 6 mil bases internas)… Acorde con Vine, los militares estadounidenses están aumentando la creación de bases en todo el planeta, que ellos llaman nenúfares (estas hojas o plantas que flotan en la superficie de las aguas y que sirven a las ranas para saltar hacia su presa)”. (p.52)

Hacia el final de Estudiando la contrainsurgencia de Estados Unidos, el autor señala cómo América Latina es una de las regiones del mundo en la que se ponen en práctica las estrategias intervencionistas, señalando casos como Venezuela, Honduras y México. En este último país, refiere el uso de mecanismos como el TLCAN, el Proyecto Mesoamérica (antes PPP), Plan Mérida y ASPAN, entre otros, para mantener el control político, económico y militar, también facilitado por la anuencia de una clase política por demás entreguista.

Aquí encontramos el puente con la obra de Boron, quien realiza una exhaustiva revisión de la actual fase del imperialismo en América Latina. El sociólogo y politólogo argentino aborda de manera puntual cómo esta región ocupa un lugar primordial para Washington. No sólo se trata de una cuestión geoestratégica en el sentido militar, sino relacionado a las riquezas de nuestros países en materia energética, minerales, biodiversidad y producción de alimentos.

Nuestro autor explica que el imperialismo sigue existiendo de forma completa y activa, criticando a quienes lo niegan, y sentencia: “¿Por qué? Porque tal como precozmente lo señaló V.I Lenin, se trata de un rasgo esencial del –e inherente al- capitalismo contemporáneo, y si algo ocurrió con la globalización neoliberal, fue que la presencia del imperialismo se extendió a lo largo y a lo ancho de todo el planeta, y su accionar se tornó más opresivo y predatorio que nunca antes.” (p.39)

Boron describe la actual realidad latinoamericana, explicando cómo Estados Unidos está completamente inserto en la región y destacando los debates centrales que reflejan la intensidad de los cambios recientes. Los capítulos Los bienes comunes en América Latina: el debate “pachamamismo vs. extractivismo”, y El “buen vivir (sumak kawsay) y los dilemas de los gobiernos de izquierda en América Latina, constituyen parte sustancial de la discusión actual que refleja concepciones encontradas dentro de la izquierda en torno al desarrollo y la defensa de la naturaleza, planteando en el fondo la disyuntiva de cuál es el camino idóneo para alcanzar la equidad. También aborda la geopolítica de los movimientos populares, precisando que su mayor trascendencia se da en aquellos territorios con intensa actividad extractivista y respaldo militar estadounidense.

De igual forma, explica los principales tratados y “acuerdos” impuestos, la ubicación de las bases militares y otras estructuras de espionaje, ante lo cual resulta clara la falacia de que Washington ya no interviene en la región. Muestra de ello son las 76 bases militares existentes y, señala Boron, “habría que agregar otras formas de presencia militar de Washington en la región: ejercicios conjuntos, cursos de adiestramiento para fuerzas armadas y, sobre todo, policiales, reuniones continentales de altos mandos y toda una maraña de redes, contactos, programas e instituciones que proyectan el poder militar estadounidense sobre nuestros pueblos”. (p.319)

Destaca el llamado a ser conscientes del momento de declive que vive el imperialismo estadounidense, señalando que “a diferencia de casos anteriores, el hundimiento del centro imperial y del sistema en su conjunto pone en peligro a la humanidad, a la propia supervivencia de nuestra especie” (p.277), pues en una “fase de descomposición, los imperios se tornan más agresivos y brutales. Lejos de aceptar resignadamente su ocaso, imponen crueles escarmientos a los pueblos que luchan por emanciparse del yugo imperial y arremeten con más violencia en el saqueo de los bienes comunes”. (p.285) Y esto lo podemos observar en las guerras de Irak y Afganistán, y en su férrea presencia en América Latina, en la que utiliza diversas estrategias para contener el fin de su hegemonía, como con los golpes de Estado en Venezuela, Honduras y Paraguay, las campañas desestabilizadoras en Venezuela, Bolivia y Ecuador y la agresión permanente a Cuba, a través del bloqueo económico y la realización de acciones terroristas.

Este declive imperial también se refleja en la actual transición de un mundo unipolar a uno multipolar, y, haciendo referencia a dos especialistas del tema, Juan G. Tokatlian y Paul Kennedy, Boron señala que hay un desplazamiento desde Occidente hacia Oriente, y desde el Norte hacia el Sur, visión que se confirma, por ejemplo, con la existencia del BRICS, y mecanismos como Mercosur, ALBA y CELAC, para el caso latinoamericano.

Entre sus conclusiones, Boron alerta que a los pueblos de América Latina y el Caribe les esperan tiempos complejos, pues al ser “regiones de suprema importancia estratégica para el imperio, serán aquellas donde su belicosidad se despliegue de manera más brutal. Aquí se han venido librando sus primeros combates y también se librará el último, el final y el decisivo. Los primeros, porque los imperialistas pueden resignarse a perder África, Asia, inclusive Europa, pero jamás América Latina. El último combate porque, destruidas sus bases de sustentación en otras regiones del mundo, buscarán refugio en nuestros países, haciéndose fuertes en la insularidad americana que, supuestamente, pondría al imperio a salvo de cualquier incursión terrestre de fuerzas enemigas extracontinentales”. (p.312)

Estas dos obras ofrecen una visión nítida sobre la naturaleza del imperialismo estadounidense actual, constituyéndose en una herramienta analítica indispensable para comprender nuestra época y la gravedad de la crisis mundial. Todo ello para coadyuvar en la construcción de múltiples alternativas en defensa de la humanidad.

Alrededor de 130 pobladores y pobladoras protestan en Av. La Florida con Departamental por una vivienda digna, cerca de la reciente toma de terreno realizada por los mismos.

Rafael Soto dirigente FENAPO (Federación Nacional de Pobladores) dice que “son 460 familias sin vivienda digna. Desalojadas de sus casas o hacinadas, el Gobierno DEBE tomar en serio lo que está pasando.”

Auto de patente VX9805 atropella a uno de los protestantes. Se finalizó la manifestación que aglomeró a 130 familias, FFEE se retiró del lugar sin ingresar al campamento pero llevándose detenidos y detenidas a 7 personas. El poblador de iniciales L.A.F.F está siendo atendido por una fractura tras ser atropellado por un desconocido de patente VX9805.

Fuente: Pikete Informativo de la Universidad de Chile

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En el día de ayer, estudiantes universitarios y secundarios de distintos planteles de estudios conmemoraron a los Jóvenes Combatientes. Entre marchas, lienzos, e intervenciones callejeras recordaron al Mauricio Maigret de Liceo de Aplicación, caído en combate, a los hermanos Rafael y Eduardo Vergara Toledo que fueron cobardemente asesinados en Villa Francia y Paulina Aguirre Tobar quien fue asesinada en Lo Barnechea por las fuerzas pinochetistas.

 

Intervención en la Universidad Diego Portales:

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Estudiantes de la Universidad Diego Portales hacen intervención callejera en la calle Vergara

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Estudiantes del Internado Nacional Barros Arana (INBA) hacen intervención en el frontis del plantel educativo

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Lienzo en el INBA: “Secundarios combativos, sin perdón ni olvido”

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Estudiantes de la Universidad Alberto Hurtado hacen una marcha en el centro

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imagen“Los que mueren por la vida
no pueden llamarse muertos
y a partir de este momento
es prohibido llorarlos”

(Alí Primera)

El cultivo de la memoria histórica de la lucha de un pueblo es una tarea fundamental para los sectores anticapitalistas, ya que es un elemento que aporta a las características de la identidad de dicho pueblo y puede ayudar a elevar sus niveles de conciencia.

En ese sentido, hay que tener presente que este 29 de marzo se cumple un nuevo aniversario del Día del/de la Joven Combatiente, conmemoración que fue impulsada inicialmente por el MIR, ya que ese día, en el año 1985, en las cercanías de la mítica Villa Francia, fueron asesinados por una patrulla de carabineros, los militantes miristas Eduardo (20 años) y Rafael Vergara Toledo (18 años). Pero que sin embargo, en la actualidad se ha transformado en un día de expresión de todas las rebeldías contra los/as dueños/as del poder y la riqueza, siendo una fecha incorporada para siempre en los calendarios de la lucha de los/as pobres por su emancipación y una inspiración en las luchas contra las injusticias del presente.

En este ejercicio de memoria, no podemos olvidar que ese mismo 29 de marzo de 1985, a los 20 años, es asesinada por la Central Nacional de Informaciones (CNI) Paulina Aguirre Tobar, quien se había incorporado al MIR a los 14 años, pero que incluso siendo niña ya había acompañado a su padre a vender el periódico del MIR (“El Rebelde”). Ella cumplió importantes tareas dentro de su organización, por ejemplo, trasladar a compañeros que regresaban a Chile para ser parte del proyecto guerrillero de Neltume o, más tarde, recibir cursos de guerrilla urbana y armería en Cuba. Al respecto, su padre Luis Aguirre, ha señalado: “yo soy un poco feminista, hay que resaltar el aspecto femenino de la resistencia. De los cientos de compañeras que murieron en resistencia…”

Paulina Aguirre es un ejemplo de que las mujeres nunca han pedido permiso a nadie para incorporarse a la lucha y transformarse en combatientes y, por tanto, en nuestros homenajes a los/as jóvenes combatientes, tenemos que hacer referencia a nuestras compañeras que, a través de la historia, se han ido organizado e incorporando a la lucha por sus derechos como mujeres y por los derechos del pueblo pobre en general.

En esta ocasión, mencionaremos a Esther Cabrera Hinojosa. Conocida por sus compañeros/as del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) como la “chichi”, es descrita como “alegre, jugada al cien, comprometida, muy responsable, preocupada de sus compañeros, siempre cayendo muy bien donde fuera”. Militó en las Juventudes Comunistas y estuvo 6 meses presa luego de un acto propagandístico en una micro. En el FPMR fue militante operativa en la columna de la zona sur de Santiago y luego fue asignada a tareas de logística. Tenía 22 años cuando es detenida, trasladada al Cuartel Borgoño y, posteriormente, asesinada por la CNI la madrugada del 16 de junio de 1987, en el operativo conocido por el pueblo como la Matanza de Corpus Cristi por la cercanía de la fecha en que ocurrió, con esa celebración católica.

De regreso a los gobiernos civiles, “ojitos de luna” o la “chiquitita”, como llamaban cariñosamente sus compañeros/as del MAPU-LAUTARO a Norma Vergara Cáceres, es asesinada por la Dirección de Inteligencia Policial de Carabineros (DIPOLCAR). Tenía 27 años recién cumplidos y era parte de la jefatura de las Fuerzas Rebeldes y Populares Lautaro (FRPL), cuando la tarde del 26 de marzo de 1993, esta mujer de origen campesino, es cercada y asesinada en las cercanías de San Diego con Victoria en Santiago. Sus últimos días de vida los había dedicado a planificar el rescate de los prisioneros políticos desde la ex Penitenciaría de Santiago.

Y ya en 1998 (nada menos que en la conmemoración del 25 aniversario del golpe de estado del 11 de septiembre de 1973), mientras participaba de una marcha en la población La Pincoya, fue asesinada por un balazo en la espalda, disparado por carabineros, la joven anarquista, estudiante de Pedagogía en la UMCE y de Danza en la Academia de Humanismo Cristiano, Claudia López Benaiges, de 26 años.

Este 29 de marzo no podemos dejar de recordar y seguir el ejemplo de estas y otras miles de jóvenes mujeres que, tanto en el pasado como en el presente, se tomaron el derecho de luchar por la justicia y la paz para su pueblo.

Por: Abner Vega Cabrera