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Si se estableciera una analogía entre la crisis ecológica actual con algún tipo de enfermedad terminal, podríamos decir que aquella estaría a punto de alcanzar un carácter irreversible. Y esto por varios motivos basados en datos científicos muy contundentes.

Uno de los más importantes de estos datos es el reciente rebasamiento de las 400 partículas por millón (ppm) en los niveles de dióxido de carbono (CO2) atmosférico, pudiendo incluso alcanzarse durante las próximas décadas cifras superiores a los 500 ppm. Y para hacernos una idea de lo que significan estos números, basta con mencionar que jamás en la historia de la humanidad hemos vivido en un planeta con niveles de CO2 semejantes, constituyendo para algunos científicos la barrera de los 350 ppm el límite de sustentabilidad de la civilización moderna. Esto último según lo planteando por el ex director del Goddard Institute de la NASA, el científico James Hansen.

12939448_10208943513362118_1187280331_n                                                  Imagen 1. Niveles de CO2 actuales (NASA)

Lo anterior posee una importancia clave, precisamente, por los efectos que posee el dióxido de carbono en la atmosfera terrestre, constituyendo uno de los principales gases de efecto invernadero causantes del actual calentamiento global. Aquello queda en evidencia si tomamos en cuenta las estimaciones de la ONU que predicen, basándose en los niveles actuales de CO2, un aumento posible de la temperatura global de hasta 5 grados centígrados para el 2100. Es decir, una cifra ampliamente superior a la barrera de los 2 grados centígrados, el límite establecido a partir del cual el calentamiento global experimentaría un importante salto, transformándose en un fenómeno de dimensiones verdaderamente catastróficas.

Todo esto tal como han venido reconociendo recientemente las principales agencias climáticas y potencias imperialistas alrededor del mundo, aquello sobre todo si consideramos las consecuencias que, de acuerdo a la ONU y algunos investigadores tales como Peter Cox del Hadley Center, podría tener un aumento de 3 o 4 grados centígrados de la temperatura global, implicando aquel la desaparición de una gran parte de los ecosistemas terrestres y marinos: por ejemplo el Amazonas. De hecho, de acuerdo a Peter Wadhams de la Universidad de Cambridge, un aumento de 4 grados centígrados se asociaría, inevitablemente, al colapso de la civilización contemporánea, esto como producto del quiebre de los sistemas agrícolas y la imposibilidad de la mantención de los sistemas urbanos y los niveles actuales de población mundial.

12920973_10208943517122212_1857761330_n                         Imagen 2. Zonas inhabitables en un planeta 4 grados más caliente (New Scientist)

Si tomamos ahora el peor escenario de calentamiento global considerado por la ONU: es decir un aumento de aproximadamente 5 grados centígrados para el 2100, estaríamos hablando en este caso de la posible extinción de una gran parte de las especies naturales, esto incluyendo a la propia especie humana. Y aquí no existe exageración alguna, aquello si comprendemos que un aumento de 5 o 6 grados centígrados en pocas décadas constituye un fenómeno de tal gravedad que, de hecho, ha sido pocas veces visto en la historia de la Tierra. Es más, algunos de los cambios ambientales más drásticos que ha experimentado la humanidad, entre otros el ocurrido al fin de la época glacial (Pleistoceno) cuando la temperatura mundial experimentó un incremento de aproximadamente 5 grados centígrados, se dio en un periodo de varios miles de años y no en décadas como podría ocurrir hoy. Cabe destacar, además, que ejemplos de un aumento drástico de 5 o 6 grados centígrados de la temperatura global sólo pueden encontrarse en algunos de los eventos climáticos más destructivos del pasado geológico. Uno de aquellos es el llamado “Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno” (PETM), el cual habría dado paso a un violento fenómeno de extinción masiva que marcó la aparición de los linajes de mamíferos actuales. Según algunos especialistas, dicho fenómeno (PETM) podría habría tenido lugar en un periodo no mayor a 15 o 20 años.

Ahora bien, los peligros asociados a un calentamiento global superior a 2 grados centígrados no son los únicos a los cuales podríamos tener que enfrentarnos en el futuro cercano. Un peligro todavía más grave es el que representa, tal como plantean los científicos Natalia Shakhova e Igor Semiletov, el riesgo inminente de liberaciones supermasivas de metano desde Siberia. Aquello como producto del derretimiento acelerado del permafrost (o turbas congeladas) de las estepas y lechos marinos árticos, lo que podría alentar la desestabilización y potencial liberación de las enormes reservas naturales de metano (un gas de efecto invernadero cien veces más poderoso que el dióxido de carbono en el corto plazo) existentes en dichas áreas.

En este caso, nos estaríamos refiriendo a reservas de carbón cuyo impacto superaría ampliamente al de la totalidad de los gases de efecto invernadero producidos por el hombre desde el comienzo de la Revolución Industrial. Más aun, solamente el 1% de los depósitos siberianos estudiados en Siberia oriental (esto sin considerar el conjunto de las reservas de metano existentes en Siberia, Alaska u otros puntos del Ártico), serviría para doblar la cantidad de metano existente actualmente en la atmósfera.

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Figura 3. Reservas de metano y emisiones industriales (Sam Carana)

La gravedad de esto último radica en que dichas liberaciones masivas implicarían, entre otras cosas, una aceleración exponencial del calentamiento global, rebasándose con ello la ya mencionada barrera de los 2 grados en fechas tan cercanas como la década de 2020. En el peor de los casos, de producirse estas liberaciones (las cuales, de acuerdo a algunos estudios, ya podrían estar en su fase inicial), estaríamos hablando de un aumento de la temperatura mundial que podría llegar a los 10 grados centígrados (o más) hacia el 2100. Esto último si tenemos en cuenta, además, el efecto catalizador que tendría la disminución de los aerosoles en la atmósfera, aquello tal como plantea el ya citado climatólogo Peter Cox. Y en este punto ya no existe mucha discusión o conjetura posible. Un calentamiento global que supere los 4 o 5 grados en pocas décadas y luego se dispare a 8, 9 o 10 grados centígrados durante este siglo, nos pondría ante un escenario de extinción fulminante casi total de la vida terrestre. Tal vez el único parangón posible con un escenario de este tipo seria el desarrollo de la extinción Pérmica-Triásica que acabó hace 250 millones de años con más del 95% de la vida sobre la Tierra.

Este es el escenario, apocalíptico, al cual nos ha conducido la barbarie capitalista. Luego de casi dos siglos de dominio, la burguesía nos ha puesto cara a cara con nuestra propia desaparición como especie. Nunca antes como hoy toma así tanto sentido la premonitoria frase de Rosa Luxemburgo Socialismo o Barbarie. Nunca antes como hoy se ha hecho tan necesario, con tanta urgencia, borrar al Capitalismo de la faz de la Tierra. No tenemos otra opción. Y es que, o bien hacemos desaparecer al capitalismo y nos preparamos para enfrentar la catástrofe, o bien deberemos asumir la posible aniquilación del género humano. Esta es la disyuntiva a la que nos enfrentaremos. La batalla final será, por lo tanto, de cara al abismo…o quizás cayendo por el mismo.

 

Por Miguel Fuentes, Licenciado y Master en Arqueología, Historiador. Coordinador Grupo de Seguimiento de la Crisis Climática Mundial 

 

Un día como hoy nació el revolucionario penquista, Bautista van Schouwen. Van Schouwen fue uno de los fundadores del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y director de El Rebelde. Además fue miembro de la Dirección Nacional del MIR.

 

A continuación compartimos una de sus frases más célebres:

“Jamás olviden, compañeros, que nuestros enemigos son la derecha y el imperialismo, y es a ellos a quienes deberemos derrotar; Sí para eso fuera preciso enfrentar al reformismo, lo haremos con fuerza, pero con lealtad, porque es imprescindible ganar a esos compañeros para la revolución. La revolución no podrá hacerla un grupo aislado por más coraje, voluntad y valentía que tenga. La revolución será producto de la fuerza generada por todos los que se opongan a la derecha, a los imperialistas, y al aparato del estado, y de ahí no podemos excluir a nadie; esos compañeros son imprescindibles para la revolución. Al reformismo no se le derrota, se le supera”

Por Nayar López Castellanos

Que el imperialismo existe, no ha desaparecido ni es asunto del pasado, es la realidad acuciante que abordan dos importantes libros de reciente publicación: Estudiando la contrainsurgencia de Estados Unidos. Manuales, mentalidades y uso de la antropología, de Gilberto López y Rivas (Ocean Sur, 2013), y América Latina en la geopolítica del imperialismo, de Atilio A. Boron (UNAM, 2014).

En la más reciente obra del antropólogo mexicano Gilberto López y Rivas, se explican de forma detallada los usos mercenarios que el poder militar estadounidense ha hecho de antropólogos, sociólogos y otros científicos sociales para llevar a cabo guerras asimétricas   en diversas partes del mundo. Se trata, explica el autor, de “la utilización de la antropología en las campañas contrainsurgentes y en la ocupación neocolonial de países por parte de las fuerzas armadas de Estados Unidos”. (p.28)

A través del análisis del contenido de manuales y otros documentos difundidos por Wikileaks, el autor analiza las estrategias y mecanismos antropológicos y culturalmente informados de los equipos humanos en el terreno del ejército estadounidense para entender a sus enemigos y derrotar los movimientos insurgentes. Al respecto, López y Rivas sostiene que para justificar esta extraterritorialidad castrense, los estrategas utilizan una entelequia jurídica denominada ‘nación huésped’, cuyo gobierno ‘invita’ a Estados Unidos a poner en práctica una guerra de contrainsurgencia contra su propio pueblo, aunque dicha autoridad sea impuesta con posterioridad al derrocamiento del gobierno legalmente constituido y la ocupación militar del país por las fuerzas expedicionarias de Estados Unidos.(pp.21-22)

Los documentos analizados a los que se hace referencia son el Manual de Contrainsurgencia 3-24; la Guía cultural de las fuerzas especiales de Estados Unidos; el Manual de campo de las fuerzas especiales 31-20-3 (tácticas, técnicas y procedimientos de defensa interna para las Fuerzas Especiales en el extranjero); el Sistema Operativo de Investigación Humana en el Terreno; el Human terrain team handbook. En ellos se explican las variadas estrategias que utiliza Washington para su despliegue hegemónico, de acuerdo a las circunstancias particulares de cualquier caso y/o enemigo de cualquier postura política, económica o religiosa que no esté bajo su control o a su servicio, así como los parámetros de su estrategia militar, resaltando la idea de que “dividen el mundo entre los que usan la razón (ellos, los estadounidenses) y quienes son presa de la pasión y se mantienen ‘fuera de los límites de las convenciones del mundo desarrollado’: los del ‘machete’ y atacantes suicidas, los que están ‘ansiosos de morir’”. (p.44)

Para entender la mentalidad imperialista en su dimensión militar, se identifican las bases del “patriotismo estadounidense”, “nutrido de una historia de genocidios, etnocidios, despojos y conquistas territoriales; se fundamenta en las nociones etnocéntricas y racistas de ‘pueblo escogido’ por ‘la Providencia’ para expandir su dominio sobre el continente, en su primera etapa, y después en el mundo entero”. López y Rivas destaca la construcción de un liderazgo unipolar después de la guerra fría, señalando su principal rasgo: “la idea del ‘policía mundial’ que vigila el cumplimiento de su ley y protege sus intereses y seguridad ‘nacionales’ por encima de cualquier otro; se alimenta de los mitos de ‘salvadores del mundo’ propalados, reproducidos y ampliados por la propaganda cinematográfica; los incansables rambos matando comunistas, y ahora ‘terroristas’, en nombre de la justicia, la democracia y la libertad”. (p.51)

Así, queda claro el enorme despliegue militar y de inteligencia que tiene Washington por el mundo, en especial en América Latina, en donde existen decenas de bases militares y centros de inteligencia. El antropólogo mexicano refiere un libro de David Vine  “en torno a las más de 1000 bases militares estadounidenses en 150 países, (a las que hay que sumar las 6 mil bases internas)… Acorde con Vine, los militares estadounidenses están aumentando la creación de bases en todo el planeta, que ellos llaman nenúfares (estas hojas o plantas que flotan en la superficie de las aguas y que sirven a las ranas para saltar hacia su presa)”. (p.52)

Hacia el final de Estudiando la contrainsurgencia de Estados Unidos, el autor señala cómo América Latina es una de las regiones del mundo en la que se ponen en práctica las estrategias intervencionistas, señalando casos como Venezuela, Honduras y México. En este último país, refiere el uso de mecanismos como el TLCAN, el Proyecto Mesoamérica (antes PPP), Plan Mérida y ASPAN, entre otros, para mantener el control político, económico y militar, también facilitado por la anuencia de una clase política por demás entreguista.

Aquí encontramos el puente con la obra de Boron, quien realiza una exhaustiva revisión de la actual fase del imperialismo en América Latina. El sociólogo y politólogo argentino aborda de manera puntual cómo esta región ocupa un lugar primordial para Washington. No sólo se trata de una cuestión geoestratégica en el sentido militar, sino relacionado a las riquezas de nuestros países en materia energética, minerales, biodiversidad y producción de alimentos.

Nuestro autor explica que el imperialismo sigue existiendo de forma completa y activa, criticando a quienes lo niegan, y sentencia: “¿Por qué? Porque tal como precozmente lo señaló V.I Lenin, se trata de un rasgo esencial del –e inherente al- capitalismo contemporáneo, y si algo ocurrió con la globalización neoliberal, fue que la presencia del imperialismo se extendió a lo largo y a lo ancho de todo el planeta, y su accionar se tornó más opresivo y predatorio que nunca antes.” (p.39)

Boron describe la actual realidad latinoamericana, explicando cómo Estados Unidos está completamente inserto en la región y destacando los debates centrales que reflejan la intensidad de los cambios recientes. Los capítulos Los bienes comunes en América Latina: el debate “pachamamismo vs. extractivismo”, y El “buen vivir (sumak kawsay) y los dilemas de los gobiernos de izquierda en América Latina, constituyen parte sustancial de la discusión actual que refleja concepciones encontradas dentro de la izquierda en torno al desarrollo y la defensa de la naturaleza, planteando en el fondo la disyuntiva de cuál es el camino idóneo para alcanzar la equidad. También aborda la geopolítica de los movimientos populares, precisando que su mayor trascendencia se da en aquellos territorios con intensa actividad extractivista y respaldo militar estadounidense.

De igual forma, explica los principales tratados y “acuerdos” impuestos, la ubicación de las bases militares y otras estructuras de espionaje, ante lo cual resulta clara la falacia de que Washington ya no interviene en la región. Muestra de ello son las 76 bases militares existentes y, señala Boron, “habría que agregar otras formas de presencia militar de Washington en la región: ejercicios conjuntos, cursos de adiestramiento para fuerzas armadas y, sobre todo, policiales, reuniones continentales de altos mandos y toda una maraña de redes, contactos, programas e instituciones que proyectan el poder militar estadounidense sobre nuestros pueblos”. (p.319)

Destaca el llamado a ser conscientes del momento de declive que vive el imperialismo estadounidense, señalando que “a diferencia de casos anteriores, el hundimiento del centro imperial y del sistema en su conjunto pone en peligro a la humanidad, a la propia supervivencia de nuestra especie” (p.277), pues en una “fase de descomposición, los imperios se tornan más agresivos y brutales. Lejos de aceptar resignadamente su ocaso, imponen crueles escarmientos a los pueblos que luchan por emanciparse del yugo imperial y arremeten con más violencia en el saqueo de los bienes comunes”. (p.285) Y esto lo podemos observar en las guerras de Irak y Afganistán, y en su férrea presencia en América Latina, en la que utiliza diversas estrategias para contener el fin de su hegemonía, como con los golpes de Estado en Venezuela, Honduras y Paraguay, las campañas desestabilizadoras en Venezuela, Bolivia y Ecuador y la agresión permanente a Cuba, a través del bloqueo económico y la realización de acciones terroristas.

Este declive imperial también se refleja en la actual transición de un mundo unipolar a uno multipolar, y, haciendo referencia a dos especialistas del tema, Juan G. Tokatlian y Paul Kennedy, Boron señala que hay un desplazamiento desde Occidente hacia Oriente, y desde el Norte hacia el Sur, visión que se confirma, por ejemplo, con la existencia del BRICS, y mecanismos como Mercosur, ALBA y CELAC, para el caso latinoamericano.

Entre sus conclusiones, Boron alerta que a los pueblos de América Latina y el Caribe les esperan tiempos complejos, pues al ser “regiones de suprema importancia estratégica para el imperio, serán aquellas donde su belicosidad se despliegue de manera más brutal. Aquí se han venido librando sus primeros combates y también se librará el último, el final y el decisivo. Los primeros, porque los imperialistas pueden resignarse a perder África, Asia, inclusive Europa, pero jamás América Latina. El último combate porque, destruidas sus bases de sustentación en otras regiones del mundo, buscarán refugio en nuestros países, haciéndose fuertes en la insularidad americana que, supuestamente, pondría al imperio a salvo de cualquier incursión terrestre de fuerzas enemigas extracontinentales”. (p.312)

Estas dos obras ofrecen una visión nítida sobre la naturaleza del imperialismo estadounidense actual, constituyéndose en una herramienta analítica indispensable para comprender nuestra época y la gravedad de la crisis mundial. Todo ello para coadyuvar en la construcción de múltiples alternativas en defensa de la humanidad.

Alrededor de 130 pobladores y pobladoras protestan en Av. La Florida con Departamental por una vivienda digna, cerca de la reciente toma de terreno realizada por los mismos.

Rafael Soto dirigente FENAPO (Federación Nacional de Pobladores) dice que “son 460 familias sin vivienda digna. Desalojadas de sus casas o hacinadas, el Gobierno DEBE tomar en serio lo que está pasando.”

Auto de patente VX9805 atropella a uno de los protestantes. Se finalizó la manifestación que aglomeró a 130 familias, FFEE se retiró del lugar sin ingresar al campamento pero llevándose detenidos y detenidas a 7 personas. El poblador de iniciales L.A.F.F está siendo atendido por una fractura tras ser atropellado por un desconocido de patente VX9805.

Fuente: Pikete Informativo de la Universidad de Chile

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En el día de ayer, estudiantes universitarios y secundarios de distintos planteles de estudios conmemoraron a los Jóvenes Combatientes. Entre marchas, lienzos, e intervenciones callejeras recordaron al Mauricio Maigret de Liceo de Aplicación, caído en combate, a los hermanos Rafael y Eduardo Vergara Toledo que fueron cobardemente asesinados en Villa Francia y Paulina Aguirre Tobar quien fue asesinada en Lo Barnechea por las fuerzas pinochetistas.

 

Intervención en la Universidad Diego Portales:

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Estudiantes de la Universidad Diego Portales hacen intervención callejera en la calle Vergara

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Estudiantes del Internado Nacional Barros Arana (INBA) hacen intervención en el frontis del plantel educativo

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Lienzo en el INBA: “Secundarios combativos, sin perdón ni olvido”

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Estudiantes de la Universidad Alberto Hurtado hacen una marcha en el centro

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