Porque Marx lo dijo: Todo lo sólido se desvanece en el aire

Nuevamente, nos vemos enfrentados a los resultados del actual experimento CONICYT. Haciendo un poquito de historia, sabremos que esta institución fue creada bajo la tutela de Eduardo Frei M. en 1967, inserta en un Plan de Reforma Educacional rimbombante. Inicialmente, eran los pensadores y científicos quienes daban cuerpo a la institución, que tenía como objetivo diseñar la ciencia que el país necesitaba y generar insumos para la educación. Como todo en el Chile del siglo XX, tuvo sus peores años durante la dictadura, quedando transformada en una institución sin mucha injerencia en la política nacional y subordinada a la descalibrada política extractiva que moviliza las arcas nacionales.

La Concertación- que poco tiene hoy de nueva y menos de mayorías- profundizó el aparataje burocrático de CONICYT terminando por transformar la institución en un andamiaje con nula utilidad para el desarrollo científico, la generación de conocimiento y la educación.

Los investigadores y científicos somos una minoría en la sociedad. Y eso no porque la generación de conocimiento y la educación sean poco importantes, sino que porque no hay nicho para este grupo de trabajadores. Es más, no hay política que fomente la generación de conocimiento, por lo tanto, esta no es prioritaria en tanto no se reconoce como una necesidad.

CONICYT hoy se desvanece. Y no contrario a la Ley de Conservación de la materia, el conocimiento científico y el potencial que hoy debiese estar albergado y potenciado desde el aparato central deberá buscar nuevos horizontes lejos de Chile. Muchos ya han tomado ese camino sin retorno, eligiendo otros países para desarrollar investigación y generación de conocimiento.

Y es que este gran experimento neoliberal, del cual Chile es el ratón de laboratorio, no necesita más conocimiento, no necesita innovación ni nuevas ideas. Sólo requiere replicar las normas diseñadas por el capital y perpetuar un sistema económico extractivo que ha ido destruyendo paulatinamente nuestro territorio y medio ambiente. Pero sepan los responsables de este desastre que otra importante ley generada para la ciencia es que los recursos son limitados, y lo es también nuestra paciencia.


Por Milen Duarte, Presidenta del Centro de Investigadores de Posgrado de Ciencias (CIPC) Universidad de Chile

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