El pasado 21 de febrero se vivió en Bolivia un hecho histórico muy difícil de entender desde la institucionalidad política o el conservadurismo en Chile; un referéndum constitucional que hizo al pueblo boliviano tomar una de las decisiones políticas más trascendentales de los últimos años, una decisión que técnicamente implicaba reformar el artículo 168 para que el/la presidente(a) y el/la vicepresidente(a) pudiera repostular para el periodo presidencial del 2019-2025 y políticamente era la demostración de fuerzas más potente que tenía el Movimiento Al Socialismo (MAS) y el gobierno de importantes transformaciones sociopolíticas de Evo Morales y, en consecuencia, dar una señal a Latinoamérica que los gobiernos de carácter progresista podían mostrarse fuertes ante las derrotas electorales en Venezuela y Argentina.

Los organismos electorales buscaron aumentar la alta participación electoral (superior al 90%) por medio de campañas que incentivaron el voto llamando a la población a sumarse al referéndum con la consigna “en tu voto está la decisión”. Por parte del MAS, el proceso se caracterizó por las reivindicaciones de las conquistas del Estado Plurinacional de Bolivia en materia educacional, alfabetización, aumento del sueldo mínimo, de dignificación en las condiciones laborales, nacionalización de los recursos naturales, intervención del Estado en planificación económica, en la inclusión y trascendencia de los pueblos indígenas de Bolivia en la Constitución, la apertura democrática que lograba tener el pueblo por medio de la institucionalidad y la reducción de la brecha entre ricos y pobres, mientras que por el lado de la oposición, la campaña se centró en el argumento de la desconcentración de poder de las autoridades actuales, de negar los avances del gobierno en materia económica y de críticas a una gestión, según ellos, marcada por el tráfico de influencias y la corrupción.

El contexto político está marcado por una población boliviana en proceso de radicalización de las posturas, por lo cual hace notables diferencias entre los partidarios del gobierno y la derecha, y en las semanas previas a las votaciones, cuestión que se acentuó en niveles irreconciliables. Esas semanas se caracterizaron por la alta agitación política en los programas radiales y en la televisión, con acusaciones de la derecha al gobierno por tráfico de influencias, corrupción e hijos no reconocidos de Evo Morales con una alta ejecutiva de la mayor empresa china en Bolivia mientras que el MAS denunciaba inyección de recursos a la burguesía nacional por parte de empresas norteamericanas e intervención en el país. Por otro lado, las manifestaciones hasta pocos días antes del referéndum iban en alza con actos masivos de Evo Morales para instar al pueblo a votar por él Sí debido a su gestión, pero las manifestaciones más importantes fueron las lideradas por la derecha contra el gobierno, manifestada en paros y cortes de ruta por los camioneros, huelga de profesores y jubilados en La Paz y bloqueos de camino de los cocaleros. Pese a lo anterior, la contienda era paritaria y las encuestas daban al Sí y al No un 40% a cada uno, y el otro 20% de la población votante estaba en el área de los indecisos, pero todo esto cambia a 4 días del referéndum tras una marcha en la comuna de El Alto, a 5 km de La paz, por parte de padres de familia que demandaban mejoras en las unidades educativas, culminando con la sede municipal de El Alto incendiada y con 8 funcionarios municipales muertos dentro del incendio. Por parte del gobierno hablaron de montaje y campaña sucia de la derecha al aislar a bomberos y no evacuar a los funcionarios de la municipalidad como se hace regularmente, mientras que la derecha habla de asesinatos ordenados por Evo Morales.

El pesar de los hechos se hicieron sentir, tras una fuerte operación mediática y la influencia de la derecha en conexión con la reacción latinoamericana en los medios en el extranjero, lo cual decantó en los resultados ya conocidos con el 99,7% de las mesas escrutadas: 51,3% para el No y un 48,7 para el Sí, duro revés para el gobierno y un nuevo traspié de los gobiernos reformistas en el cono sur.

Los factores del traspié son varios, pero desde una perspectiva revolucionaria tienen que ver con lecciones aprendidas en Chile tras la Unidad Popular y que hoy se remarcan con la experiencia de Brasil, Venezuela, Argentina y Bolivia y esas son que mientras la derecha siga teniendo espacios para plantear las diferencias de clase y siga teniendo el dominio de sectores estratégicos del país, no dudarán en emplearlos cuando sientan amenazados sus privilegios históricos por los avances y la disposición de lucha de los pueblos. No obviando lo anterior, no se debe caer en una desmoralización ni perder el horizonte en el pueblo, ya que como alguna vez señaló Miguel Enríquez “ni toda la fuerza del pueblo se expresará en los resultados electorales” y eso es porque en ningún momento los resultados del referéndum han claudicado la disposición de combate de los pueblos en Bolivia, ni se han cedido espacios ganados por el pueblo en el reconocimiento de los derechos indígenas, en educación, derechos sociales ni en luchas políticas y menos se ha dado pie atrás en seguir combatiendo por lo que los explotados han reconocido como solución, cosa que los revolucionarios de todas partes debemos entender.

La historia nos ha señalado los riesgos de la ilusión electoral o la relegación única a ese mecanismo para transformaciones fundamentales de los pueblos. Hoy en día y tras lo que ha pasado en los últimos 2 años en América la consigna y el horizonte estratégico es uno solo: “revolución socialista, no caricatura de revolución”.

 

Por Pablo Cabañas, estudiante de Derecho de la Universidad Central

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