El 2016 se cumplen 43 años del golpe de estado. Esta conmemoración nos encuentra en plena confrontación con la herencia de la dictadura, buscando los caminos más adecuados para avanzar en el dibujo de un futuro favorable al conjunto del pueblo y no sólo para los/as poderosos/as como es ahora.

Hasta el año 1973, también existía un sistema económico capitalista, pero ese tipo de capitalismo se aplicaba inspirado en un modelo de Estado de Bienestar, con énfasis en la producción nacional y una mejora en la condición básica de los trabajadores/as.

También hay que enfatizar que esa condición económica-social fue mejorando producto de las décadas de lucha de trabajadores/as, pobladores/as, estudiantes y campesinos/as, que se fueron organizando y conquistando derechos laborales, de salud, pensiones, vivienda, educación, etc.

Además, entre 1970 y 1973, se intentó avanzar hacia el socialismo, o sea, se trató de usar las instituciones de dominación de los/as ricos/as, como el ejército o los diferentes poderes del Estado, para acabar con el capitalismo. Por ello se nacionalizaron riquezas naturales como el cobre, se reimpulsó la reforma agraria, se pasó a la administración social empresas de áreas estratégicas, se profundizaron los derechos sociales, etc.

Pero estos cambios eran intolerables para el empresariado chileno e internacional y entonces se desató la venganza de los/as dueños/as del poder y la riqueza, materializada en el golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 y los 16 años de dictadura militar. El objetivo fue aplastar todo intento de organización popular y de pensamiento crítico, para así tener el camino fácil para frenar el proceso de cambios hacia el socialismo y para transformar un capitalismo centrado en la industria “nacional”, por uno centrado en la exportación de materias primas y el lucro con los derechos sociales.

Los/as burócratas de la dictadura cívico – militar obligaron a que los derechos básicos, como trabajo digno, pensiones, educación, salud y vivienda, dejaran de ser una problema a resolver por el conjunto de la sociedad y pasaran a ser de responsabilidad individual, transformando derechos sociales en bienes que se compran y se venden como un producto más del mercado.

43 años después del golpe, tanto la derecha como la Nueva Mayoría, siguen legislando para el empresariado a cambio de regalías; pero el pueblo ya despertó y tal como lo hizo para resistir a la dictadura con todas la formas de lucha, hoy se pone en pie para denunciar a los/as explotadores/as y corruptos/as y para reivindicar como derechos lo que nos han vendido como un producto. Las demandas han sido claras, exigimos que paren de lucrar con nuestros derechos sociales, por eso reivindicamos el acceso a una vivienda digna, leyes laborales no esclavizantes, educación gratuita, el fin del sistema de AFP, respeto a la autonomía del Pueblo Nación Mapuche, etc.

Hoy que se ha hecho masivo el reclamo por NO MÁS AFP, nuestra apuesta debe ser multiplicar las formas de protesta y organización para profundizar esta lucha que toca la médula del capitalismo chileno actual.

Sabemos que el conjunto de los cambios no serán inmediatos y no serán producto de promesas de campañas electorales, ni de mesas de negociación; será una lucha larga que requiere de mucha paciencia e inteligencia, de clarificar nuestras propuestas como pueblo organizado y darlas a conocer al conjunto del pueblo, pero sobre todo, de un gran impulso a la construcción masiva de organizaciones sociales de base, pasos inevitables para la constitución de un movimiento popular que derrumbe definitivamente toda la herencia de la dictadura militar y que destruya no solo el modelo neoliberal, sino que todo el entramado capitalista de la sociedad.

¡PAREN DE LUCRAR CON LOS DERECHOS SOCIALES!

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