La mañana del nublado y frio martes once de septiembre de 1973, aviones Hawker Hunter  de la Fuerza Aérea de Chile sobrevolaban Santiago para bombardear el palacio de gobierno presidido por Salvador Allende Gossen. Destruían la histórica y significativa edificación e inauguraban casi dos décadas de sangrienta dictadura que significó la  muerte, desaparición y tortura de miles de luchadores, y la cancelación de un siglo de procesos de acumulación social, políticas e ideológicas construidas por los trabajadores y el pueblo de Chile.

El triunfo de Allende, reflejaba el nivel de consciencia alcanzado por las masas y también permitían constatar la disposición a luchar por conseguir mejorar las paupérrimas condiciones en que se debatían vastos sectores populares del país.

El programa del Gobierno del “Chicho”, que concitó el apoyo mayoritario del país señalaba el     Trabajo, la Educación, la Salud, la Vivienda digna, como los mayores objetivos a transformar, en un contexto de polarización social ascendente.

En materia Educativa, el Sindicato Único de Trabajadores de la Educación (SUTE) agrupaba a los profesores y paradocentes, que en su Congreso Nacional diseñó los primeros grandes lineamientos para un proyecto denominado después, como la ENU (Escuela Nacional Unificada). Proyecto recogido por el Ministerio de Educación, cuyo Ministro, Mario Astorga se había desempeñado en el cargo de vicepresidente del SUTE. Previa celebración del Congreso Nacional de la Educación, donde tuvieron visible participación los profesores, paradocentes estudiantes, familias, iglesias,  fue presentado en Enero de 1973. 

La ENU sintetizaba dos grandes anhelos desarrollados desde finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX: La obligación por parte del Estado de hacerse cargo del desarrollo del ejercicio pleno de educación (Estado Docente), y “La necesidad de integrar las transformaciones educativas a una estrategia de superación del sistema capitalista”.

El proyecto pretendía superar: “Las múltiples y extensas necesidades educativas y culturales de nuestra nación, hasta ahora no atendidas por el viejo sistema educacional y a la necesidad de avanzar a la modelación del hombre nuevo que supere las deformaciones impuestas por la sociedad de clase”. (Mensaje del presidente Allende ante el Congreso, Mayo de 1972).

Ante el violento clima generado por el golpismo reaccionario, el gobierno de los partidos de la UP decidieron retroceder retirando el proyecto de forma indefinida en Abril de 1973, lo que no logró aplacar el desarrollo de manifestaciones de todo tipo hasta que sobrevino el desenlace final el 11 de septiembre del 73 .

43 años después

La Educación actual es producto de la obra destructiva de la Dictadura y de las clases dominantes sobre los paradigmas educativos construidos por las clase trabajadora desde los albores del siglo pasado, y también es producto de la imposición, a sangre y fuego, de las visiones de la vieja oligarquía,  los sectores conservadores de la iglesia católica, en combinación con las doctrinas económicas y políticas neoliberales.

Son estas concepciones las que arremetieron contra las estructuras de la educación chilena de los setenta, readecuándolas a sus objetivos de corto y largo plazo: económicos, políticos e ideológicos. Contra estas concepciones ha chocado el movimiento estudiantil en sus largas luchas por sus derechos,  lo que explica el estado de estancamiento actual  de las peticiones del estudiantado.

Sin embargo, a 43 años de la infamia, asistimos a la rearticulación del movimiento estudiantil y social, millares de estudiantes y trabajadores han marchado a lo largo del territorio, banderas y consignas que trataron de ser borradas de la faz de esta tierra han vuelto recorrer las grandes Alamedas.

Por Ernesto Castro

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