Por Ernesto Castro

El 29 de Octubre del año 2012, con un 60% triunfó la Abstención en las Elecciones Municipales.

Fue un verdadero balde de agua fría, que apagó los festejos de los que habían logrado las mayores pero escuálidas y cuestionables preferencias. Esas que los instalaban en los puestos de los “Directorios” de las diferentes Comunas a lo largo del país.

Meses antes ya se hablaba del factor abstencionista. El que se venía visualizando como una tendencia presente, en muchos países desde la década del noventa del siglo pasado, incluyendo “Avanzadas Democracias Europeas”.

Estudios de opinión vaticinaban en alrededor de un 40% las ausencias a las mesas electorales, tomando en cuenta los cambios de la inscripción automática  al voto voluntario. Además, la presencia del Movimiento social (encabezado por las demandas de los estudiantes), el gobierno derechista de Piñera que se venía a la baja y el comienzo del destape de los casos de corrupción, entre otros, se sumaban a la posibilidad de una baja en las expectativas de los partidos políticos y sus candidatos.

Las estadísticas de la época, señalaban al sector juvenil como los más reacios a participar de los procesos de elecciones y en torno a estos se desarrollaron iniciativas para motivarlos a participar del “noble gesto de civilidad”.

La “Franja de los que sobran” o “No botes tu voto” fueron en esa dirección pero, al parecer, no tuvieron éxito, mirando fríamente los resultados finales.

Por otro lado, “Yo no presto el voto” fue el lema de los Estudiantes Secundarios agrupados en la ACES (Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios), para plantear que era necesario desarrollar una campaña para llamar a expresar el malestar frente a la nula respuesta a las demandas sociales de cada uno de los gobiernos de turno. captura-de-pantalla-2016-06-20-a-las-12-02-01-a-m

Aunque quedó la duda, en aquel entonces, respecto a la real convocatoria de la ACES y el impacto de su campaña, la vocera de esa generación secundaria Eloísa González señaló que “este fenómeno de la abstención venía dándose con fuerza desde hacía años en Chile, porque la gente no se siente representada por la institucionalidad política chilena”, asegurando que la campaña sirvió “para darle voz al descontento”.

En el actual contexto, a días de un nuevo proceso electoral. El problema mayor que tienen los detentores del poder es que las próximas elecciones municipales- a partir de donde comienza la carrera para acceder al sillón presidencial- se desarrollarán al igual que las anteriores (Municipales y Presidenciales) en un escenario de crisis. Pero esta vez la crisis se ha profundizado y se ha expandido en límites que parecían imposibles hace cuatro años.

Presenciamos el descrédito total de la clase política. Ya no existe una figura política con una imagen como lo fue Bachelet. Pocos creen en el actual gobierno, algunos de su propios dirigentes inclusive, tampoco en los partidos políticos, el panorama económico es sombrío (¡No hay un puto peso¡), el desempleo cunde en el sector minero. Mientras del otro lado, el movimiento social y sus movilizaciones han logrado presencia en forma permanente, que sumado a la “Ofensiva estudiantil” contra el lucro y la educación de mercado, han irrumpido ahora con aún más fuerza los movilizados contra las AFP (NO +AFP) y podemos visualizar en ciernes, la crisis del sector de la Salud.

El momento actual

Nos encontramos con un cuadro económico, político y social  marcado intensamente por la rabia e impotencia. En el ámbito económico los casos,  llamados eufemísticamente como “abusos”  y “colusión”. En el ámbito de la política, el financiamiento de los legisladores y de los partidos políticos por parte de empresarios (ley de Pesca, SQM y las campañas políticas, etc.).  En lo social, por decir algunas: Escandalosas pensiones para algunos privilegiados ligados al sistema previsional que solo favorece a las FFAA, el fraude legal de la trasnacional Laureate en la Universidad Andrés Bello a vista y paciencia de todo el país, con la complicidad del ministerio de Educación, el caso Sename que ha conmovido al país, etc.

La llamada clase política (los burócratas al servicio del gran capital) necesitan de manera urgente revertir la actual situación para volver a colocar “el tren sobre los rieles”, que no es otra cosa que reordenarse y re articularse en función de un nuevo estatus que  asegure la gobernabilidad de manera estratégica, colocando nuevos diques a la búsqueda del protagonismo del pueblo y los trabajadores.

Todos los esfuerzos de la clase gobernante está hoy en frenar el destape de los hechos de corrupción tanto de los partidos políticos como de los individuos asociados a estos, proponer respuestas a las demandas sociales a través de reformas que, al final, nada cambian; obligar al pueblo para ir a votar reponiendo el voto obligatorio (ya se proponen fuertes multas para quien no vote), son algunas de las cartas que, probablemente, estaremos viendo antes de las presidenciales.

SI el sistema político chileno necesita un salvavidas que lo ayude a mantenerse a flote mientras los dueños del poder y sus lacayos (políticos administradores del poder) logran resolver una tras otra toda las medidas que lo saquen, definitivamente,  de la grave crisis en la que se encuentra.

NO será el pueblo y los trabajadores, con su presencia en las urnas, los que acudirán en su ayuda. Aquellos mismos, abusados por el sistema, vienen señalando desde hace tiempo que desconfían y que no los representan.

Nosotros los trabajadores, estudiantes y pobladores, no debemos luchar para tratar de frenar estas tendencias. Por el contrario: impulsar con fuerza creativa la profundización de la crisis de los enemigos del pueblo y ayudar a transformar este simple ejercicio de rechazo a “los políticos” en una creciente tendencia a la organización y lucha.

Independiente de los estructuras concebidas para condicionar a la población a una participación social y política indirecta y pasiva, a través de seudo-representantes (los alcaldes y concejales) que, una vez elegidos, por muy progresistas que sean no tienen otra opción que ceñirse a las reglas del juego. Las que determinan las relaciones solo desde un punto de vista del clientelismo, administrativo, asistencialista y de control de la población (pago de patentes, administrador de la educación, retiro de basuras, confección de fichas sociales) y no de participación real y verdaderamente democrática en la toma de decisiones en temas y aspectos centrales para la vida de las comunidades existentes en todo nuestro país. 

Construir comunidad, desarrollar identidad social, profundizar la democracia real generando las representaciones desde las bases con la participación de todos. Construir, desde el principio un nuevo paradigma, por el pueblo y para el pueblo, esa es la tarea.

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