Por Gabriel Iturra, vocero CONFECH y Presidente de Federación de Estudiantes de la Universidad Central (FEUCEN).

Muchas personas me han preguntado si voy a votar en estas elecciones municipales. Al recibir como respuesta un “no”, la cara de extrañeza y la inmediata interlocución hacia mí ha sido la pregunta ¿y por qué? Ante eso, me gustaría señalar algunos elementos para el debate, en mi calidad de militante de izquierda, respecto a las apuestas con que cada una de las organizaciones con un nivel de presencia social relevante interviene en esta coyuntura. Muchas veces, al dar estas discusiones, se maximizan posiciones. Desde argumentos vacíos y recurriendo a veces a dogmas, se ametrallan falacias argumentativas, que más que buscar entregar una viabilidad estratégica al hecho de votar en estas elecciones, más bien, caen en una justificación rápida frente a la incapacidad de dar respuestas contundentes.

Analicemos entonces que está en juego en estas elecciones municipales. El primer error en que caen muchos es tratar en genérico las “elecciones”, homologando de la misma forma, las elecciones municipales, parlamentarias, presidenciales, etc. Si bien, todas las autoridades que resultan electas en éstos distintos comicios, son parte de una sola “institucionalidad” que componen gran parte del Estado, operan de distinta forma, cada una de ellas. Veremos aquí la particularidad de las capacidades de los municipios.

Si analizamos la última encuesta CEP, una institución que le ha sido cómoda a la elite política y empresarial durante más de 25 años, nos damos cuenta que las tres principales preocupaciones de los chilenos y chilenas son: Salud, Delincuencia y Educación respectivamente. Para nadie es desconocido, a excepción de la elite, que los consultorios, y hospitales públicos se encuentran en un estado catastrófico. No tan solo por la infraestructura lapidaria, si no, sobre todo, por la lógica de todo el sistema de salud. La sobrecarga de demanda, frente a la incapacidad de la oferta llevan a esperar, por ejemplo, turnos de operación de más de 1 año, la desigualdad salarial en funcionarios y médicos del sistema de salud público en comparación con el privado, la burocracia administrativa, y un largo etc. El sistema público de salud en Chiles es pésimo, y muchas personas deciden gastarse una cuota importante de su salario para optar por el sistema privado que no les traerá estas complicaciones o a lo menos, será un poco mejor.

Cabe preguntarse entonces, si la principal preocupación de los chilenos es su salud, y ésta problemática sería salud-1una de las más importantes a la hora de ofrecer soluciones en el mercado electoral, ¿cuánta capacidad tiene un alcalde electo, con amplia mayoría inclusive en el concejo municipal, de reformar o mejorar la salud en su comuna? A buenas y a primeras la respuesta es obvia: los alcaldes, los municipios, poco inciden en esta área, su principal labor se encuentra enfocada en la administración de los consultorios y en el uso de recursos que provienen de la administración central, es decir del poder ejecutivo. Es cierto que, mediante su presupuesto general, el alcalde podría destinar cierto nivel de recursos en la compra de, por ejemplo, ciertos medicamentos de urgencia, mejorar en algo la infraestructura, pero en lo medular, el sistema de atención y su calidad, dependen completamente de la política en general que determine el gobierno de turno. A su vez, el municipio podría optar a la postulación de ciertos proyectos de desarrollo local contemplados por ley de presupuesto, que se realiza una vez al año, pero estos cupos son limitados, y no alcanzan para todos. Otra de las cosas que resaltan en un análisis superficial, es la evidencia material que existe entre los consultorios de las comunas más ricas del país y las más pobres, eso evidentemente por la carga tributaria, y la cantidad de ingresos que perciban una y otra comuna respectiva.

comisaria-1024x683En segundo lugar, la “delincuencia” o seguridad, aparece como otra prioridad de los chilenos. Esta necesidad de protección, se supone garantizada por las Fuerzas Armadas, de Orden y Seguridad Nacional, con su expresión central a través de Carabineros de Chile, que se divide territorialmente sus respectivas comisarías. Cabe entonces preguntarse también, cuanto puede prevenir la municipalidad en temática de robos, ilícitos, delincuencia. La respuesta es; ninguna. La municipalidad no tiene potestad para entrometerse en asuntos de materia penal, roza controversias, pero, de carácter civil meramente y la aplicación de multas menores en los juzgados de policía local, según ley N°15.231 heredada de la dictadura. Pero ésta es harina de otro costal, aquí lo que importa principalmente es el cuestionamiento del chileno/a común y corriente, el deber de protección, en términos concretos, que no le roben, que se sienta seguro, que no haya delincuencia, que no haya corrupción, que no le saquen partes sin que esté justificado, etc. Como dijimos, éste análisis busca ser lo más objetivo posible, por eso cabe destacar que el municipio podría eventualmente generar programas de prevención de delincuencia, a través de instancias de fortalecimiento del deporte u otros, que de alguna manera permitiría “reducir” los niveles de ilícitos comunales, aunque no hay un vínculo conector directo con la problemática.

Y por último educación, quizás una de las temáticas más conflictivas en los últimos 10 años, en donde la problemática radica principalmente en los jardines, colegios y liceos. Durante décadas producto de la municipalización impuesta en dictadura, los municipios estuvieron a cargo de los colegios y liceos “públicos” produciéndose múltiples irregularidades y deformaciones que son bastante conocidas: uso irregular de recursos públicos mediante el desvió de dinero de la ley SEP, el modo de financiamiento vía asistencia, y el claro abandono del Estado en la inyección de recursos, la baja en la calidad, etc. Esto ha significado una brutal caída en la cobertura de la educación pública desde el 78% del total de la matrícula el año 1980, al actual 36% de la matrícula total (en el que se ubican los estudiantes más pobres del país).

En el actual debate, del proyecto de desmunicipalización, termina este vínculo, o al menos esa es la idea. En estricto rigor la municipalidad seguirá estando presente en la aceleración del proceso educativo, serán parte de los nuevos “consejos locales” donde, por cierto, las comunidades seguirán ejerciendo un rol consultor y no resolutivo. En perspectiva, el rol de la municipalidad cada vez ira siendo menos en el proceso educativo, se limitará a ser un cooperador de esta política pública.

Problematizando y profundizando someramente, frente a las tres problemáticas principales a enfrentar para cualquier alcalde, concejal, organización política o social de una comuna o territorio determinado, nos damos cuenta que, no influye sustancialmente en la vida concreta y común de las y los chilenos, que aquí no estamos eligiendo entre proyectos económicos distintos, tampoco grandes diferencias programáticas, en términos simples, las municipalidades son creadas por la Constitución, que a su vez esta determina que habrá una Ley General de Municipalidades, determinando sus atribuciones, facultades, y sobre que márgenes se moverá. Si algún municipio, alcalde, concejal o cualquiera autoridad pública de la comuna determinara moverse en márgenes distintos a lo establecido en ley, sencillamente es ilegal e inconstitucional, operando de facto la maquinaria institucional de este modelo de gobierno.

La encrucijada de la izquierda chilena: la democracia popular vs. la democracia de la élite

Saliendo del debate de lo concreto, de lo material y lo que les importa a los chilenos, adentrémonos entonces en el mundo de las apuestas políticas y estratégicas de la izquierda chilena. Aquí, nos enfrentamos a la teorización en términos de acumulación conforme a una línea estratégica.captura-de-pantalla-2016-06-20-a-las-12-02-01-a-m

Me gustaría partir arrinconando a las apuestas más tradicionalistas, fundadas principalmente en el hecho de creer fehacientemente que la única forma de participar, de organizarse, de cambiar las cosas es a través del voto. Resulta que, en esta lógica tan conservadora y tradicional, su principal argumento radica en que vivimos en una “democracia”, como si este concepto operara como una verdad absoluta e incuestionable. Democracia no es igual a gobiernos representativos, a república, a separación de poderes. Perfectamente podríamos considerar democracia a un modelo de Estado distinto, ya que, como constructo teórico, democracia no es más que un concepto al cual cada corriente ideológica le atribuye una forma de operar, principios y estructura, que, por cierto, muta a lo largo del tiempo. La democracia griega, como principio, opera de una forma completamente distinta que a la que conocemos desde la Revolución Francesa, es más, habría que considerar los recientes 200 y pocos más años desde la instauración de constituciones políticas limitativas al poder del monarca, para darnos cuenta de lo reciente que es éste modelo de gobierno en la mayoría de los países del mundo. Teniendo en cuenta además que antes el voto era censitario y solo para algunos, recién avanzado el siglo XX el voto se volvió universal para todos, incluidos todos los hombres con o sin educación y propiedad además de las mujeres.

Esta actitud y visión conservadora tiene múltiples, por no decir miles de contradicciones evidentes. Se hace mención en que hay que participar en la institucionalidad, ¿y por qué? Bueno pues porque si no se participa de ella, se carece de validez, pero veamos algo muy mínimo; no hay siquiera un quórum en el proceso electoral, en cualquier elección de grupo intermedio del mundo, se establece un mínimo porcentaje de votos (como lo establece la Constitución de Guzmán), pero en las elecciones representativas no. Su modo de organizar el mundo superpone un principio básico: “la separación de los poderes” en donde se espera, que cada poder regula y fiscaliza al otro. Si bien funcionaría como un sistema armónico, donde todos los poderes son limitativos del otro y ese equilibrio haría que en teoría todo funcione bien. Pero lo que no dice la congreso-plenodoctrina clásica ni mucho menos los grandes intelectuales contemporáneos, es que detrás de ese gobierno, detrás de ese juez, detrás de esos parlamentarios opera un ordenamiento jurídico, una constitución que determina las “reglas del juego”, y que esa constitución, lejos de ser la expresión normativa de una comunidad o de un pueblo, es la expresión conforme a una correlación de fuerzas de clase e intereses propios de esta. En el ejemplo concreto de Chile no tenemos mucho que profundizar, todos sabemos lo que esta constitución permite, su carácter ilegitimo, el amparo a la propiedad privada, la posibilidad de un sistema mixto entre funciones públicas y privadas, la no consagración de derechos sociales básicos, entre otros.

Y quien determina, quien crea esas reglas del juego como decíamos, no son más que la elite del país, los grandes grupos económicos y sus familias, la elite política criolla que llevan gobernándonos durante más de 200 años además de uno que otro progresista liberal con aires de renovación. Una elite, quien cuenta con todos los medios necesarios para controlar la economía moderna, mediante un sistema que como sabemos, se basa en la explotación. Un sistema neoliberal que fue impuesto en nuestro país por la vía de la fuerza y que todos quienes entraron en el juego institucional lo avalaron así. En términos bien sencillos, si la elite económica y política determinan las reglas del juego, de esa “democracia”, la “separación de poderes” se basa en lo que esta establecido en la Constitución, ¿realmente eso es democracia? O es más bien, un simulacro, la expresión de un sistema artificial para tener las cosas controladas, para que estos, los que fueron los mismos constituyentes sigan generando ganancias, pero de forma legítima.

Esta hegemonía opera desde la realidad, no es una cuestión discursiva, finalmente hay algunos ingenuos que creen que la única forma de cambiar el sistema al cual critican o quieren perfeccionar, es ocupar los mismos instrumentos que ese sistema establece para dicha función, estimados compañeros y compañeras, ¿Y aun así creen que el voto es la única forma de cambiar las cosas?

El rol del “neoreformismo” y la disputa electoral: el Frente Amplio chileno

En otra vereda, se encuentra la “izquierda emergente” como algunos medios los han señalado, como la “izquierda anti neoliberal” como algunas de estas organizaciones se han autodenominado. Más allá de las abreviaturas, hay un conjunto de apuestas políticas diversas e incipientes, pero que convergen en una idea común, disputar el duopolio político mediante la participación política en estas elecciones municipales. Con algunos matices por cada organización, la mayoría señala que hay una necesidad del periodo en disputar todos los espacios posibles y uno de esos, son las elecciones municipales, parlamentarias, presidenciales y quizás en un futuro el gobernador regional. Elaboran una estrategia política que se basa en conflictuar con este modelo neoliberal tratando de incidir y disputar en todos los espacios que se pueda. Esta suerte de “todos los mecanismos son válidos” supone aceptar implícitamente varias cosas. Lo primero, en que es posible desde la vereda institucional en el Chile de hoy, generar ciertos niveles de desacato que permitan generar una “ruptura democrática”. Sin identificar a un sector estratégico o sujeto revolucionario, señalan que en general la ciudadanía presenta un alto malestar con la forma en la que se están haciendo las cosas, por la nula representatividad, por la crisis de corrupción, etc. Y que ellos, son la otra cara de la política, son la buena fe expresada en disputa electoral, la posibilidad de que “el pueblo mande”.

Disputar no es sinónimo de no hacer la construcción revolucionaria dicen, comprendiendo en ésta, aspectos básicos de tareas permanentes que cualquier organización revolucionaria con vocación de poder tendrá que realizar constantemente: acumulación de fuerzas, trabajo territorial, sindical, medio ambiental, de género, etc., todas estas luchas, desde el seno de la clase trabajadora, de los pobres de Chile. Sin duda que cada una de estas organizaciones desarrolla con mayor profundidad la explicación de esta estrategia, citando autores, periodos de revoluciones, modificando conceptos, entre otras, pero para el mundillo de la izquierda, se comprende en general la apuesta, o a lo menos lo entenderán aquellos que desean dar un debate con altura de miras, sin calificarlos de “amarillos” o entreguistas a raja tabla.

Las elecciones son un instrumento decía Lenin, para medir el nivel de consciencia y espíritu de lucha de los pueblos, por tanto, son importantes, claramente no son importantes desde lo concreto y la vida material de las personas, conforme al análisis anterior, es decir, “salga quien salga mi vida seguirá igual, me tendré que levantar temprano al trabajo” y ya conocemos el resto”.  Si no que son tremendamente valiosas para ocuparlo como un indicador, las elecciones son la forma en que la burguesía se dota para hacernos creer que todo es democrático, que las cosas tienen una razón de ser, que alguien elige esto de manera colectiva, por tanto, si hay más de la mitad de la población que simplemente decide no participar, algo estará ocurriendo.  Las elecciones son importantes desde esta mirada, y por tanto hay que tomar posición, decir algo, tomar una postura política, no hacerlo, es no tener una mirada de la realidad de país.

Desde una visión macro para comprender aspectos generales y cierto nivel de crisis que se presentan en la configuración “democrática” de un país. De ahí que lo primero es señalar que participar o no de las elecciones y de la institucionalidad no es una cuestión de principios, no está incorporado en el ADN de una organización revolucionaria. Participar corresponde a un análisis táctico de si nos sirve o no, si acumulamos o no, si generamos algún quiebre o, por el contrario, será un salto al precipicio sin certeza alguna. Pero aquí comienzan los problemas, si las elecciones no son cuestión de principios, simplemente la discusión se reduce al pro y contra de disputar en estos momentos. A raíz del voto voluntario e inscripción automática, se produjo lo que ocurrió efectivamente en muchos países al lanzar esta iniciativa, un porcentaje de abstención gigante. En las últimas elecciones municipales un 60 % de chilenos y chilenas decidió no presentarse a votar. La clase política asustada salió al paso señalando que esos ciudadanos que decidieron no votar eran flojos, y que como no participaron, ahora no podían criticar quienes gobernaran.

En estas elecciones municipales la abstención se proyecta en una cifra superior, entonces ¿qué pasó? En estos 4 años ocurrieron grandes movilizaciones, movilizaciones estudiantiles, crecimiento en la taza de negociaciones colectivas legales e ilegales, crisis de corrupción, movilización en Chiloé, cansancio de la violencia contra la mujer, etc. En la premisa que señala la posición anterior, se describe una suerte de disputa ciudadana, que comprende en su teoría, que las personas angustiadas por esta política en la medida que se vayan politizando querrán participar de esta institucionalidad, para cambiar las cosas, por cierto. Pero lo que en la práctica está demostrando esta idea, es su enorme equivocación. Lo cierto es, que a medida que crece la desafección y la rabia del pueblo mayor es la abstención. En otras palabras, nadan contra la corriente. La inmensa mayoría de chilenos señala que no quiere participar, que no quiere creer, sin embargo, ellos, siguen haciendo un llamado para que creamos que es posible cambiar las cosas de esta forma, en el Chile actual.

Uno de los aspectos centrales en cualquier tesis de estrategia a corto o largo plazo es la acumulación social, un mecanismo orgánico y una idea central que permita que tu orgánica política siga creciendo, en militantes, en aspectos cualitativos, y otros. Permítanme preguntarme entonces ¿Cuánto crece la izquierda participando de las elecciones? Aquí surgen 2 elementos discursivos que he escuchado mucho. El primero, señala que en la medida que nos presentemos en las elecciones se nos visibiliza como sector, como discurso y eso suma. Permítanme decirles que las apuestas testimoniales en nada ayudan al proceso revolucionario en Chile, propio de una izquierda derrotada, que no hace más que seguir en la lógica de marginación, esta vez no en preuniversitarios populares, si no que alzando a un candidato cada 4 años, para que esta vez saque 20 o 30 votos más. Ejemplo gráfico de esto, son las candidaturas de Marcel Claude y Roxana Miranda. Para disputar en lo comunicacional, ha resultado más eficaz desde la trinchera de los movimientos sociales y en la movilización concreta. El segundo, quizás a raíz de esta visualización nos transformaremos en opción y por tanto nuestro proyecto crecerá, cuando en realidad la izquierda en Chile crece, acumula, recluta, a propósito de la movilización social, cuando politizamos los espacios, con coyunturas que generen una contradicción del modelo permitiendo un tensionamiento. El periodo electoral no tiene que ver con que tu organización reclute más, al contrario, es poner a disposición tu militancia en esta coyuntura electoral.

Ni calco, ni copia: El análisis del contexto chileno y latinoamericano

cuba1Que hubo un cambio a nivel mundial sobre los procesos revolucionarios y guerrilleros del continente es una verdad innegable, la mayoría con fracasos bestiales que costaron la vida de miles de compañeros y compañeras. En este esfuerzo por tratar de mutar y no morir en el intento, la izquierda latinoamericana probo muchas recetas, siendo la apuesta de gobiernos progresistas y populares una de las más exitosas que consiguió a lo menos molestar a EE. UU. con un bloque marcado por el chavismo en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina, Brasil y Uruguay principalmente. Propio de un error clásico de la izquierda, se busca homologar y copiar recetas triunfantes de forma total o parcial en otros países del continente y replicarlas en nuestro país. Desconociendo la realidad particular de nuestro territorio. Partiendo porque en si bien la mayoría de los países de Latinoamérica hubo una dictadura igual que en la de nuestro país, ninguna fue tan bestial como la de Pinochet, y en la mayoría de los países hubo un cambio de constitución, en nuestro país tan solo modificaciones parciales. Chile sin lugar a dudas fue el experimento del neoliberalismo, lo que lo transforma y ubica en una posición especial, cultura e idiosincrasia ajenas a la mayoría de nuestros vecinos cercanos, pero el determinante, es que nuestras Fuerzas Armadas funcionan y operan de una forma completamente distinta a la de estos países, esto es mezclar peras con manzanas, los proyectos antineoliberales, que además comienzan a ver su ocaso en el continente, tienen que servirnos para ser desmenuzados analizando sus fallas y contradicciones para no cometer los mismos errores y ocupar sus fortalezas, sin calco ni copia. 

En el calor de la lucha social vs. la institucionalización 

Si la izquierda, si su proyecto sigue siendo tan reducido, y tan solo se realizaran apuestas locales en algunas comunas en donde la mayoría no tiene opción de ganar, ¿realmente es el momento de disputar? ¿No será mejor, poner a disposición del movimiento social y sus luchas a esos militantes, que todavía alcanzan niveles embrionarios de organización, formación y claridades? Dicho de otra forma, ¿sirve realmente para la izquierda popular y antineoliberal ganar tan solo unas cuentas comunas del país? Incluso suponiendo el ejercicio teórico del triunfo en alguna comuna como San Miguel o Estación Central, hacerse cargo de una municipalidad supone un gran porcentaje o cuota de militantes ocupados en la administración burocrática de esta institución, claro está, que mediante esta administración podríamos ocupar recursos, programas, charlas, foros, actividades que permitan reconfigurar el tejido social en el territorio. Bueno, y si ese es el objetivo, ¿es necesario una municipalidad? Cualquier organización podría hacer lo mismo, de forma auto gestionada claro, pero cumpliría el mismo objetivo. Acá ya estamos hablando de la vereda de lo que nos sirve más, si la mayoría de los chilenos no reconoce a la municipalidad, al alcalde como un “vecino”, si no que más bien como un extranjero en tu territorio, ¿no servirá más realizar este trabajo político desde la “vereda del frente”?

Uno de los aspectos más importantes de los últimos años, es que la izquierda ha ganado el quien vive en la coyuntura, ha sido capaz de permear de un sentido común, de un lenguaje crítico al gobierno, el Estado y los empresarios. Pero a nivel de presencia social, de militantes, del poder y control, seguimos siendo un bloque tremendamente marginal, con presencia solamente en algunas comunas, ciudades y regiones del país. Con mucha dispersión en general, infantilismo y fraccionamientos constantes. No hay un movimiento popular constituido como tal, un movimiento social gigante, pero disperso, que cada cierto momento es capaz de salir a la calle de forma masiva con miles de personas (estudiantes, no más AFP, fin al patriarcado).

Estimados compañeros y compañeras, el debate tiene que ser con altura de miras, lejos de posiciones principistas y dogmáticas, lo más importante de la política se basa en analizar la realidad y crear desde el Chile del siglo XXI. El deber de la izquierda revolucionaria es poner el acento y la claridad en las tareas del día a día y convencer a los compañeros que dudan de su posición, que no están claros con apoyar a un candidato, que no comprenden por qué tienen que cambiarse de domicilio electoral, que no creen lo que están haciendo. Participar de estas elecciones superpone aceptar las reglas del juego “democráticas” pero también ser parte de ese todo que se critica, no genera disputa real contra el bloque en el poder, al contrario, lo legitima.

¿Juego a la derecha?

Se nos dice que le hacemos el “juego a la derecha” cuando en primera plena habla Luksic señalando que todo el mundo tenía que ir a votar, en noticiaros y redes sociales toda la clase política, desde la izquierda antineoliberal hasta la UDI haciéndonos un llamado a participar, que, si no votamos, alguien elegirá por nosotros.

Cuando el día domingo la inmensa mayoría de Chile nos dé la razón y no concurra a ejercer su derecho a sufragio, ¿Que esas personas que se quedan en la casa no es sinónimo de que estén por una opción revolucionaria? Eso es evidente, pero las que votan tampoco. Pero tengan presente, algo hay en el corazón, en la mente en el cuerpo de esa persona que decidió no participar, algo que en el momento de su sinapsis dijo: NO, ESTA VEZ NO. Y esos son la mayoría del país, porque el resto, los que se ilusionan o defienden la institucionalidad, ellos, ellos no son Chile. 

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