La enorme movilización nacional en contra de las AFP, acontecida el pasado 4 de noviembre, dejó varios saldos, reflexiones y tareas. Pero para muchos dejó algo más que eso. Un cierto gusto amargo, algo nos faltaba.

La jornada iniciaba temprano con cientos de personas en las calles, manifestándose de diversas formas pero con un solo norte, que en cada rincón se escuchara más fuerte que nunca un solo grito, una sola consigna, “NO MÁS AFP”. Familias completas se agrupaban en distintas esquinas de la capital y a lo largo de todo Chile para paralizar el transito, volantear, pintar micros, o lo que fuese necesario, para generar un quiebre en la normalidad de los que, a esas horas se movilizaban a sus trabajos y estudios.

La hora avanzaba y prometía varios puntos altos dentro de la movilización. Uno de esos era la intersección de Macul con Grecia, eje central e histórico dentro de la lucha de los movimientos sociales y por lejos uno de los más atacados represiva y sistemáticamente por estos mismos motivos. Varios estudiantes y funcionarios de las tres casas de estudios que se encuentran en el sector (Ex Pedagógico, UTEM y Campus Juan Gómez Millas de la Universidad de Chile) comenzaron a agruparse para marchar territorialmente y aportar con su granito de arena al paro nacional. Finalizada esta movilización comenzó un fuerte despliegue policial y represión hacia el ex Pedagógico, donde los manifestantes se replegaron. En este contexto es que Carabineros hace ingreso violentamente a la universidad, botando portones y disparando bombas lacrimógenas a quemarropa, algo que ya parece costumbre para los que conocen y conviven en el espacio. Lo complejo es que dentro de esta situación, fueron tomados detenidos 3 estudiantes, al interior del lugar y con total impunidad, ya que Carabineros actúa bajo figuras legales irregulares y que los terminan amparando bajo cualquier alegato, incluso la autonomía universitaria.

Las horas transcurrían y los detenidos eran llevados a la 33° Comisaría de Ñuñoa, lugar donde claramente no son bienvenidos/as los/as estudiantes de la intersección de Macul con Grecia. Después de largas esperas y preocupaciones por parte de sus compañeros y compañeras, se les comunica que los tres estudiantes detenidos del pedagógico pasarían la noche en los calabozos y serían trasladados al centro de justicia para pasar a control de detención, sin los motivos por los cuales se les enjuiciaba.

A partir de ese momento se comienza a generar una sensación extraña, y es que son tantos los compañeros y las compañeras durante los últimos años que han tenido que sufrir las peores situaciones por parte de los aparatos represivos del estado, desde la denigración, la humillación, la violencia sistemática hasta el encierro, que cada vez que se repite la situación a muchos se nos aprieta la guata.

Al día siguiente varios estudiantes se convocaron a esperar la resolución para los compañeros y las compañeras a las afueras del centro de justicia. El ambiente no era grato, nunca lo va a ser en este tipo de situaciones. Después de tensas horas de espera se nos comunica que un estudiante del pedagógico –Guido del Valle, estudiante de primer año de pedagogía en francés- quedaría en prisión preventiva por porte y lanzamiento de elemento incendiario (molotov), con la sola presunción del hecho y el relato por parte de Carabineros. Sí, así mismo, con la nueva modificación de la ley de control de armas, solo se necesita eso para privar de libertad a uno de los nuestros.

Tristeza y rabia se veía en la cara de los distintos compañeros y compañeras que confiaban en la salida en libertad del estudiante. Pero la historia no termina ahí, de hecho solo empieza. A partir de aquello es que comienza a florecer una de las virtudes más grandes que tenemos quienes luchamos por cambiar lo establecido, la solidaridad. En los días siguientes comenzarían a gestarse espacios de apoyo a Guido, a su familia y a visibilizar el cómo, una vez más, se criminalizaba la protesta y la lucha por una reivindicación digna, como lo era en este caso el movimiento NO + AFP, pero como lo han sido un sinfín de otras demandas y consignas, por los cuales varios estudiantes, trabajadores, pobladores y luchadores y luchadoras, han tenido un juicio en su contra. En el lugar de estudio de Guido, se levanta la “Coordinadora por la libertad para Guido”, espacio compuesto por estudiantes sin representación alguna, con el solo anhelo de que su amigo y su compañero, este de vuelta con ellos y ellas.

El martes 15 de noviembre, y en alegato a la corte de apelaciones por parte de la defensoría popular y los abogados y abogadas que llevan el caso de Guido, fue posible cambiar la medida cautelar de prisión preventiva a arresto domiciliario, contexto donde tendrá que esperar la investigación y la preparación del juicio oral.

La solidaridad que levantaron distintas personas, de forma desinteresada frente a una injusticia de estas dimensiones, no es nueva. Y es que tampoco es nueva la represión y hostigamiento a quienes luchan día a día por hacer de este pedazo de tierra, algo mejor. Este episodio es uno más en la historia de la criminalización del sector de Macul con Grecia, de un gran número de espacios estudiantiles y territoriales que llevan años siendo hostigados por parte de los de siempre, de la peor cara de un estado que sistemáticamente intenta hacernos tropezar, intenta hacernos caer y amedrentarnos, cuando en verdad lo único que hacen, es que esto cada vez nos fortalezca más, cada vez nos hace generar más lazos fraternos entre quienes quizás ni nos conocíamos, pero que nos une una sola cosa, la solidaridad.

A no olvidar, hoy sale nuevamente uno de los nuestros a la calle, hoy nuevamente un compañero puede volver a estar con su familia, pero son muchos y muchas las que aún, por las más diversas razones, siguen adentro y es necesario entender que solo con organización y solidaridad entre hermanos y hermanas  seremos capaces, de tarde o temprano, verlos de nuevo entre nosotros.

Hasta que la solidaridad se haga costumbre.

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