Por María Alicia Salinas

El Irreverente conversó con Julio Pinto, actual Premio Nacional de Historia, para que nos comentara su visión sobre la situación actual del país.

EI: Ante la crisis del sistema de AFP, vemos que el estado no da respuesta, queriendo mantener el sistema, desconociendo la existencia en la historia de un sistema de pensiones más efectivo y justo para el pueblo trabajador ¿qué opina al respecto?

JP: Esto no siempre ha sido así, los ordenamientos sociales son producto de decisiones de personas o de clases sociales, entonces lo que existe ahora obedece a un modelo de sociedad muy concreto, un modelo individualista donde cada persona tiene que arreglárselas por si sola.

En el caso de la previsión eso es evidente, el sistema que nos rige es de capitalización individual, cada uno junta la cantidad de plata que puede de acuerdo a lo que ganó durante la vida y esa es la plata que uno tiene después para financiarse la jubilación, con el agregado que a mí me parece bastante escandaloso de que esa plata ni siquiera la maneja uno. Se la damos a los grandes empresarios para que hagan lo que se les dé la gana con ella durante cuarenta, cincuenta años y te cobran por eso. Es una situación indignante, criminal donde lo que se pierda por decisión de ellos lo pierde uno, pero ellos nunca dejan de cobrar la comisión.

En Chile hasta 1980 existió un sistema desde los años veinte en adelante, un sistema que se llamó solidario. En este sistema de reparto solidario cotizaba el trabajador, el empresario que ahora no cotiza y el estado que tampoco cotiza, entonces todos los participantes de la relación laboral, el trabajador, el empresario y el estado todos se ponían para formar este fondo de pensiones con el cual se financiaban las pensiones de quienes ya estaban jubilados. Estamos hablando de una sociedad capitalista, pero que se tomaba mucho más en serio la protección de los derechos sociales y la noción de sociedad, que todos pertenecemos a un mismo colectivo y que nos debemos protección y ayuda mutua.

EI: Considerando lo anterior. ¿Cómo interpreta la crisis política que se está viviendo hoy?

JP: Partamos por caracterizar la crisis, no hay una crisis en la política, hay una crisis en cómo se ha ejercido la política en estos últimos 30 años y tiene que ver con decisiones que se tomaron en un momento determinado, porque Chile hasta antes del golpe de estado era una sociedad ultra politizada, la política no era un asunto de expertos o de técnicos, sino que todos intervenían, deliberaban, opinaban, participaban en política.

El golpe de estado se da para revertir esa situación, la voluntad de los militares y de la derecha era revertirlo y para evitar que esto pasara de nuevo había que despolitizar a la sociedad. Y se llegó a esta forma en que las decisiones se toman arriba, por técnicos y por expertos, mientras la sociedad solo puede participar de las cosas más inmediatas, decidir si hay que pavimentar la calle o no, si hay que mantener las áreas verdes, pero las grandes decisiones los sistemas previsionales, la salud, la educación, en fin, las toman los expertos y eso la Concertación no lo modificó.

Hubo una apuesta por mantener a la sociedad despolitizada y lo que terminó pasando es que la gente terminó distanciándose de la política. Hay que decir también que como durante la dictadura era peligroso hacer política, también se generó un temor de la gente respecto de la política, entonces se produjo un distanciamiento de la sociedad en las decisiones políticas.

EI: ¿Cuáles son las consecuencias de este distanciamiento?

JP: La clase política, al aislarse de la sociedad tiende a caer en conductas que son corruptas, ineficientes, que se da en cualquier situación de ese tipo. Cuando una organización deja de responderles a sus bases, es fácil caer en tentaciones de cohecho, coimas, etc. Entonces, llega un cierto momento que este sistema hace crisis y hace crisis por varias razones que tienen que ver con la desaceleración económica, con que las personas empiezan a recuperar la conciencia de que esos grandes derechos sociales de los cuales estamos hablando, los cuales nos afectan a todos, la educación, la salud, la previsión no están funcionando bien.

Entonces la pregunta que surge, es ¿quién me resuelve este problema? y ven que la clase política que es quien debe resolverlo, está en otra y está totalmente desconectada de las necesidades de la sociedad, entonces yo diría que lo que hay es un desafección de esa clase política más que de la política en sí misma y lo que estamos viviendo es una repolitización de la sociedad chilena, en el sentido de que las personas están recuperando esa conciencia de que es necesario involucrarse en esa toma de decisiones. Pero la pregunta es ¿cómo?, porque los organismos tradicionales para hacerlo, en donde están los partidos políticos, están desacreditados y no se ve que estén apareciendo organismos nuevos de ese tipo, entonces lo que hay ahora es una búsqueda de canales.

Creo que es una situación inédita en ese sentido, de que lo que sirvió antes, no sirve ahora y de que no hay mucha claridad de con que lo vamos a reemplazar. El movimiento social es importante para sacar a la gente a la calle, hacer presión, generar conciencia, pero como movimiento social tiene límites al momento de ejecutar políticas o de prolongar su acción en el tiempo o ir mas allá de las demandas específicas del grupo, entonces se necesita algo que reemplace al tipo de partido político.

Hay muchos factores que están convergiendo en esta desafección que estamos hablando y creo personalmente que eso es bueno porque en la medida en que más gente tome conciencia de que la cosa no está bien armada, de que el modelo de convivencia que tenemos es malo y que eso los afecta personalmente, eso les va a devolver a las personas la conciencia de que tienen que involucrarse en la discusión y en la decisión de estos temas, que no hay que dejárselos a los técnicos o a los políticos.

EI: ¿Qué alternativas vislumbra en este contexto, qué salida posible cree que habrá a esta crisis?

JP: Lo que tiene la historia es que uno no puede hacer pronósticos, porque las cosas nunca se repiten igual y siempre el ser humano tiene la posibilidad de innovar, de hacer cosas nuevas, yo creo que este es el momento para innovar, para buscar fórmulas que nos permitan salir de esta crisis de la mejor manera posible.

Yo comparo un poco esta crisis actual con la crisis de la cuestión social de principios del siglo XX, porque hay un sistema político que se despega de la sociedad, que no está haciendo su tarea bien, que no está resolviendo los problemas de la sociedad, por lo cual hay mucho descontento social que se manifiesta a través de movimientos sociales,  de protestas, de la calle, entonces hay un parecido. Ese periodo dura 30 años, no es algo que se resuelva rápido, las primeras explosiones fuertes, tomemos Santa María de Iquique en 1907, ahí ya está claro que hay una crisis que hay que resolver, pero esa crisis no se resuelve hasta los años 30, es una agonía bien larga del antiguo régimen, son varias peleas, muchos conflictos y muchas muertes las que hay entre la toma de consciencia de la crisis y su resolución.

EI: ¿Cómo se desarrolló esa crisis similar en el siglo XX?

JP: En ese momento ¿cuáles eran las alternativas? Una era la salida revolucionaria y hubo gente que se la jugó por eso, los socialistas de esa época, Recabarren y su gente, los anarquistas, su apuesta era “la única forma de salir de esto es la revolución” y no hubo una revolución.  Otra salida era que desde las clases dirigentes se tomara conciencia de la gravedad de la situación y se hicieran algunas concesiones, que esa fue la salida de Arturo Alessandri en ese tiempo, que no podemos seguir  acumulando rabia y presión porque esto va a reventar, entonces otorguemos algunas cosas que calmen la situación y esa era la propuesta de él, leyes sociales, mayor protección y  también estaba la salida de la negociación. Si no se puede hacer la revolución y los de arriba no ceden nada, entonces lleguemos a algunos acuerdos.

Personalmente creo que lo que ocurrió fue lo tercero, en ese momento. No hubo revolución y al final lo que pasó fue que el movimiento social y obrero de la época pacta con el sistema y se abre el sistema político, entran los partidos de izquierda, el partido comunista, el partido socialista, pasan a ser parte del aparato de gobierno y a la vez el Estado asume funciones que antes no tenía, de protecciones sociales, de leyes sociales, de arbitrar los conflictos entre el capital y el trabajo.

Esa fue la solución que ocurrió en ese momento, ante una crisis análoga a la actual, pero no estaba preestablecido, en otros países de América Latina que vivieron procesos similares, las salidas fueron otras y hoy en día está  abierto y no depende de las fuerzas del destino, va a depender de lo que hagan los actores en su momento y en ese contexto es donde yo pienso en lo personal que el movimiento social, la izquierda, el mundo popular necesita instancias orgánicas que vayan más allá de los movimientos sociales y que hagan el papel de conducir estas luchas y de tratar de llegar al mejor puerto posible, aunque no sea la utopía, pero que sí resuelvan los problemas más graves y que sí permitan que la política nuevamente recupere el papel que tiene de ser el espacio donde se debaten los problemas nacionales y donde se resuelven, o por lo menos se tratan de resolver.

Foto vía El Mostrador

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