Trabajadoras y trabajadores del Colegio Paulo Freire de San Miguel nos comparten  los avances de este proyecto de educación crítica y popular en su quinto año educando para la transformación.

¿Transformar qué?

Los primeros días del Colegio Paulo Freire, allá por el 2013, cuando se llamaba “Instituto popular de humanidades y ciencias del sur Arrabal” (eran tiempos de nombres largos), y no era un colegio, sino un proyecto de colegio y un caldo de ideas delirantes y esperanzadoras, nunca dudamos en la bajada de este proyecto “Educar para re-pensar y transformar”. Esa bajada sobrevive aún después 5 años de discusiones político-ideológicas y pedagógicas… en donde nos hemos cuestionado todo, absolutamente todo… y pese a esto el re-pensar continúa y el transformar continúa. Lo que habla de un cimiento profundo, que permitió la construcción del proyecto: queremos volver a pensar, queremos cuestionar y no dar por sentado nada, ni siquiera las banderas que tan orgullosamente levantábamos antes de estar juntos/as en esto. Porque el pensamiento crítico consiste en esto, en creer que no existe una idea que no requiera de ser cuestionada, cuantas veces sea necesario. Consiste en estar siempre dispuestos/as a cambiar de opinión, a abandonar los dogmatismos y dejarse llevar por la inquietante deriva del cuestionamiento permanente, con el único objetivo de enriquecer nuestras prácticas y crecer como seres humanos y como organización. Creemos que en dicho ejercicio se encuentra sutilmente refugiada la transformación. No es una mera retórica, tiene una perspectiva clara: transformar(nos). Que a su vez tiene dos caras.

Por un lado, transformar lo de afuera. Esa sociedad en la que no confiamos. Esa en donde todo puede ser calculado en dinero; en donde el poder es lo que manda; en donde el éxito tiene cara de hombre, blanco, heterosexual, europeo, de clase alta; y en donde la educación no es más que un instrumento para reproducir toda esa maquinaria de sometimiento. En el colegio confluimos quienes comparten este rechazo, y por esto, al interior combatimos sin pelos en la lengua los 3 grandes sistemas de opresión que vivimos diariamente: el capitalismo, el patriarcado y el colonialismo.

El problema es que no existe una única manera de tensionar esa sociedad, y tenemos muchas más preguntas que respuestas al respecto. Lo que si tenemos claro es que construir educación para la liberación no es mostrar un camino, sino animarse a emprender un viaje, a empezar la búsqueda.

La segunda cara del transformar(nos) es el paréntesis. El primer campo de batalla y de transformación está dentro de nosotros/as mismos/as. Esta experiencia ha permitido en todos/as los/as que han formado parte de ella, el cuestionarse, el disciplinarse, el autoformarse. Juntos/as nos hemos permitido esos procesos. La vertiginosa tarea de construir un establecimiento educacional sin un sostenedor, sin un director, sin un patrón, lo exigió de esa manera. Tuvimos que hacer de todo, y nadie está acostrumbrado/a a esa versatilidad, por ende nos sorprendió el que nos volviéramos bastante buenos y buenas, en eso de hacer todo.

El riesgo de levantar algo así, es que constantemente tenemos una pulsión esquizofrénica de tratar de que el colegio sea un colegio “normal”, con todas las rutinas y exigencias que requiere la institucionalidad, a la vez que sea un colegio distinto, liberador. Las contradicciones están presentes día a día, sin que ello nos inmovilice. Por el contrario, hemos logrado cuestiones de las cuales nos enorgullecemos. Año tras año hemos impulsado interacciones curriculares apuntando hacia la integralidad del conocimiento, hemos replanteado la evaluación de los aprendizajes, hemos tomado “riesgos” metodológicos con rigor y creatividadmetodol, hemos involucrado a las y los estudiantes en la elaboración de los contenidos, hemos salido del aula, hemos afirmado la igualdad salarial, hemos horizontalizado la participación de todos/as quienes componemos la comunidad del Freire… entre otras cosas.

 

¿Cómo iniciamos este quinto año de existencia?

Comenzamos con nuevos desafíos. Es nuestro primer año en donde la “entidad sostenedora” somos las y los miembros del colegio, agrupados en nuestra fundación, lo que nos permite ampliar el proyecto hacia nuevos horizontes. Por lo pronto nos hemos propuesto levantar un Centro de Reflexión e Investigaciones, orientado a generar conocimiento al interior de la comunidad, el cual ya se encuentra operando. También queremos ser parte de la apertura de una escuela básica, cuyas labores también ya han empezado y se ha convocado a un equipo de docentes y educadores/as que junto con la asamblea de trabajadores y trabajadoras están, paso a paso iniciando el proceso todo de nuevo.

Lo último que queremos decirles es que los días más intensos del año son los últimos y los primeros. Los últimos debido a que se comienza todo el proceso de discusión político-pedagógico, en donde nos miramos, nos evaluamos y nos replanteamos todo lo que nos parezca necesario. Son semanas de cuestionamientos, en donde nos abrimos a la posibilidad de adaptarnos a lo que requieren los tiempos de nuestra comunidad. Por otro lado, los primeros días del año, antes que ingresen los y las estudiantes al colegio, nos juntamos a preparar el espacio para que su llegada sea a un espacio acogedor, que refleje el amor que le hemos puesto a todo. Son días agotadores y en donde se pone a prueba la entrega de quienes formamos parte de esto, y sin embargo el domingo, antes del primer día de clases, nos dormimos con sonrisas en las caras y cosquilleos en nuestros estómagos.

 

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