Pasado el primero de mayo, una vez más, el sector más combativo de nuestro pueblo quedamos al debe, ya que faltó mayor difusión de la “marcha alternativa” (a la de los/as sindicalistas vendidos/as) y una mayor unificación de los contenidos que nos interesa difundir. Si bien es cierto que la “marcha alternativa” es un espacio ganado y legitimado, no es menos cierto que debemos preocuparnos por romper el cerco mediático que se establece desde las elites (y que muestra a los/as malos/as y desordenados/as, versus los/as buenos/as y obedientes) cada vez que nos movilizamos.

Por tanto, interesa discutir, en el seno de nuestras organizaciones, acerca de la diversidad de instrumentos o herramientas para difundir la lucha de los/as trabajadores/as y del pueblo pobre en general, porque es evidente que necesitamos multiplicar y diversificar nuestros instrumentos organizativos, al tiempo que necesitamos re-cordar otras herramientas que son imprescindibles para la construcción de un proyecto de liberación. En este número de “El Irreverente” incorporamos algunas experiencias en el sentido señalado.

Un elemento básico, sigue estando en el ámbito de la educación, ya que esta es fundamental en el proceso de toma de conciencia, constitución de sujetos/as y luchas de liberación. Pero, la educación debemos abordarla desde diferentes puntos de vista: desarrollando la crítica a la educación oficial desde el currículum y desde la resistencia en la praxis concreta en el aula; luchando por los derechos de los/as trabajadores/as de la educación; desde las reivindicaciones de los/as estudiantes secundarios y de educación superior, pero sobre todo, construyendo espacios alternativos a los sistémicos, como la educación popular, o la autoeducación.

Otro ámbito central es el trabajo territorial. Es en los diversos territorios donde se desarrolla la vida cotidiana de millones de chilenos/as y es donde debemos y podemos combatir la reproducción de la ideología dominante y disputar las formas de establecer las relaciones sociales.

El desarrollo de las más diversas actividades culturales en los territorios pueden ayudar a fortalecer la memoria histórica y a re-crear una cultura que nos otorgue identidades comunes; y posibilita que se vaya organizando el rechazo por las relaciones sociales capitalistas y surja poco a poco un proyecto de vida comunitaria. Pero, para ello es fundamental instalarse desde el protagonismo popular, la autonomía y la autogestión, luchando permanentemente contra la cooptación de los programas del Estado, ya que en última instancia, el desarrollo de este trabajo debe tender hacia la organización del poder popular.

Sin embargo, en la sociedad actual, una herramienta que adquiere un carácter estratégico, son las diferentes formas de información y comunicación, comprometidos con los intereses de los sectores populares. Desde la historia, podemos señalar los panfletos, volantes, afiches, lienzos, rayados, diarios murales, “tallarines”, boletines, pinturas murales, teatro, documentales, radios y t.v. comunitarias, música, ediciones de libros, caricaturas, memes y el uso de internet en general, que son solo algunos de los medios de expresión y comunicación de la rebeldía popular que debiésemos seguir poniendo en movimiento.

Todos estos elementos deberíamos ponerlos en tensión en las movilizaciones que se vienen durante este año. Particularmente en el ámbito de la salud y del rechazo a las A.F.P.

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