El Neoliberalismo, como modelo actual del sistema capitalista, reproduce una configuración mundial, tanto económica y cultural en donde existen países dominantes y hegemónicos y países subalternos. Esta configuración mundial determina las economías nacionales según su ubicación en la geopolítica global en relación a las cadenas mundiales de produccion, caracterizada hoy por la disputa imperial entre Estados Unidos y el bloque Chino-Ruso. Es así como la industria manufacturera y financiera se concentra en las economías dominantes, alimentadas del saqueo de materias primas a economías ancladas en países dominados.

Una empresa transnacional se caracteriza por ser de grandes dimensiones, dedicada a la producción, ya sea de servicios como de bienes, expandiendo su influencia a nivel mundial por medio de la instalación de filiales más allá del país de origen. Estas empresas controlan parte importante de la economía y comercio internacional, así como las tecnologías y comunicaciones. Las transnacionales se han transformado en un factor relevante para adquirir poder económico y acumulación de capital, todo a costa de la precarización del empleo, la destrucción de la industria local y el saqueo de países periféricos como el nuestro.

En el caso chileno, la reestructuración económica impuesta en la dictadura abrió las puertas al libre mercado y su desregulación, e impulsó la privatización y la entrega de condiciones propicias para la entrada de capitales extranjeros. Entre 1973 y 1990 se pone en marcha un modelo productivo centrado en la economía primario exportadora, generando garantías legislativas para la inversión extranjera, y con esto la inversión de las transnacionales, por medio del Estatuto de Inversión Extranjera, expresado en el DL 600, creado por el Banco Central en1974, que ofrece garantías sin exigencias a las transnacionales generando perjuicios para trabajadores y al medio ambiente.

Algunas transnacionales relevantes de mencionar son: Mineras, como Anglo American (capitales británicos), Freeport-McMoran (capitales estadounidenses), BHP Billinton (capitales ingleses y australianos), Antofagasta Minerals (capitales chileno-japonés) y Barrick Gold (capitales canadienses). En cuanto a Energía, se encuentran Endesa (capitales españoles), PSEG (capitales estadounidenses), Sn Power (capitales noruegos). Transnacionales del agua tales como Marubeni Corporation (capitales japoneses), Ontario Teachers Pensions Plan (capitales canadienses) que controlan ESSCO, ESVAL, ESSEL, ESSAM, ESSBIO; Aguas Barcelona (capitales franceses) que controla Aguas Andinas, Aguas Cordillera y Aguas Manquehue.

Chile  es  proveedor  de  materias  primas  provenientes de la minería, la industria forestal, pesca y acuicultura, agroindustria y energía (cobre, litio, celulosa, salmón, harina de pescado, frutas y verduras). Los países de destino de exportación son principalmente centrados en donde existe industria manufacturera, como Estados Unidos, China y Europa en general. Es así como el cobre que se extrae se vende a China y luego lo compramos en cables, la celulosa es vendida y luego comprada en papel o la harina de pescado se vende para alimentar otros animales que después consumiremos.

Si bien existen transnacionales de todo tipo (primario exportador, servicios, financieras), aquellas vinculadas a la exportación de materias primas generan un desastre socioambiental de gran relevancia, bien los saben las comunidades Mapuche que hoy se enfrentan desde el wallmapu a la bestia depredadora que son las forestales.

La conjunción del modelo productivo, junto con la presencia de inversión extranjera ha generado un aumento progresivo del saqueo de recursos naturales, la contaminación de los territorios y con esto la amenaza a la subsistencia de la población habitante de los territorios en donde se extraen materias primas.

Estas intervenciones se concentran principalmente en sectores rurales donde habitan comunidades que subsisten en muchas ocasiones de actividades productivas a micro – escala, tales como la agricultura, la ganadería o la pesca artesanal, siendo sin lugar a dudas los/as trabajadores/as y el pueblo los afectados y no los sectores ricos de la sociedad.

Estas comunidades viven en condiciones de explotación y/o opresión del capital, principalmente, al privatizar los medios de su subsistencia, como son los recursos naturales. De allí que estén surgiendo movilizaciones socioambientales con tanta recurrencia. Los directamente afectados/as por esta situación no son los/as ambientalistas  verdes o pacifistas, son un sector del pueblo oprimido, de la clase trabajadora que habita el campo que ve amenazada su subsistencia producto de la apropiación de la tierra, el mar y sus recursos por medio de empresas privadas y transnacionales, impidiéndoles vivir. Asimismo, no sólo se les quitan los medios de su sobrevivencia, sino también, estas empresas generan un nivel de daño ambiental inigualable, principalmente por la contaminación y la interrupción del ciclo de reproducción de recursos naturales, amenazando con su extinción, reinstalando la vieja contradicción socialismo o barbarie.

Para analizar el problema de la economía nacional, la intervención transnacional en este ámbito y los conflictos socioambientales surgidos de éstos es vital comprender el conflicto material que de él se extrae: la incapacidad del capital de regenerar y recomponer el medio, agotándolo.

Esta es una clara expresión del capitalismo salvaje y la incapacidad de resolución del problema  a la acumulación voraz. Ni la sustentabilidad ni el capitalismo verde serán capaces de resolver el problema de incesante acumulación v/s destrucción del ambiente natural y social.

Las comunidades afectadas pertenecen al pueblo pobre del campo, que debe vender su fuerza de trabajo por temporadas, pero subsiste elementalmente de actividades vinculadas con la tierra y los recursos naturales en pequeña escala que son expropiadas por el gran capital transnacional. Las luchas socioambientales son parte de las luchas que da la clase trabajadora en el presente, por lo tanto, son una expresión más de la lucha de clases en el marco del capitalismo neoliberal.

La izquierda clasista tiene la gran tarea de hacer suyas estas reivindicaciones y avanzar en propuestas ecosocialistas que disputen la hegemonía liberal burguesa de los movimientos ambientalistas y confronte un programa de lucha que incluya estas demandas de los/as trabajadores/as del campo y que se plantée una alternativa radicalmente antagónica al actual patrón de acumulación en el marco de la lucha de clases, buscando no solo hacer retroceder el avance de la depredación de los recursos naturales sino que planteando una nueva sociedad donde los medios de producción y la distribución estén en manos de los/as trabajadores/as y donde la relación entre el ser humano y la naturaleza no pase por las lógicas del mercado sino por las del pleno desarrollo y armonía.

El único camino posible para terminar definitivamente con el impacto negativo que tienen las transnacionales en nuestros territorios, afectando no solo los recursos naturales sino que la propia subsistencia del ser humano es luchar por terminar con el sistema capitalista y construir el socialismo en Chile y el mundo.

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