Taller de lectura “El capital de Marx”, La Cimarra

A propósito de los 150 años de la publicación de El Capital de Marx, pensamos lo siguiente: recientemente se publicó un artículo en donde se señala que “reunirnos y abandonar nuestra individualidad es fácil, mucho más fácil que leerse “El Capital”[1]. No estamos de acuerdo con esta dicotomía. Nosotrxs  lo estamos leyendo y lo hacemos en forma colectiva. No nos paramos en el mismo sitial de prepotencia intelectual al afirmar que nadie lo ha leído. Al contrario, en este texto, queremos hacer una invitación a otro tipo de lectura, una bulliciosa, fraterna, gratuita y, no por ello, menos crítica.

Una de las razones que se omite para la “no lectura de El Capital” es la forma en que usualmente se lee este tipo de textos. La lectura silenciosa, individual y bancaria (como la entiende Paulo Freire) se da por sentado como si fuese la ÚNICA metodología para acercarse a un libro como este. Junto a ello, se invisibilizan las condiciones materiales de lectura. He aquí un ejemplo. Tomemos el valor del propio libro El Capital editorial Siglo XXI, que se encuentra dividido en un total de 8 volúmenes que componen 3 libros y comparemos su valor monetario en relación al salario mínimo en $hile:

 

  Precio Porcentaje del Salario Mínimo menos el robo de la AFP y el pago por la Salud precaria ($ 220.000)
Un volumen             $22.500 10,2%
Obra completa $180.000[2] 81,8%

 

Ahora comparemos el valor del libro en relación a la jornada laboral promedio en $hile:

 

Precio de El Capital Jornadas laborales (días) con un Salario mínimo
Un volumen              $22.500 2 jornadas
Obra completa       $180.000 16 jornadas

frase marx

Nos falta dinero, nos falta tiempo ¿por qué no luchar por disminuir la jornada laboral? Marx nos haría esta pregunta. ¿Por qué deberíamos leerlo de la forma usual?

Proponemos una lectura bulliciosa y colectiva. Esta propuesta emerge desde el colectivo La Cimarra, espacio de autoformación, el cual lleva dos años de construcción en torno a saberes críticos y populares, sustentados en una experiencia pedagógica horizontal, que viene a cuestionar la experticia y las formas de aprendizaje bancarias. En este colectivo hemos desarrollado un taller de lectura crítica de El Capital de Karl Marx.

Hemos practicado una lectura en conjunto, que si bien es más lenta, permite respetar los diversos ritmos de aprendizaje. No hay nadie con experticia en la materia, eso permite que vayamos construyendo desde la ignorancia.

Cuando nos interesamos por ‘El Capital’, decidimos realizar una contextualización en la cual revisamos diversas temáticas que convergen o son discutidas en el libro: anarquismo, “socialismo utópico”, economía clásica, filosofía alemana, contexto histórico, biografía de Marx, entre otros temas. Este trabajo previo nos han permitido comprender, vincular y aprovechar las resonancias de la obra.

Actualmente, cada tres jornadas de lectura presencial nos acercamos a algunas intersecciones del marxismo con el feminismo, con la (de)colonialidad, el psicoanálisis y la educación. De esta manera abordamos las equivocaciones y vacíos de Marx (sí, Marx era un ser humano). En definitiva, seguimos otro ritmo uno con el cual el propio Marx estaría de acuerdo:

“Aplaudo su idea de publicar por entregas periódicas la traducción de Das Kapital. En esta forma la obra será más accesible a la clase obrera, condición que para mí prevalece sobre cualquier otra”.[3]  

¿Qué hemos aprendido? Lo primero es que El capital no sólo es economía, fórmulas y números. Aunque hay bastante de aquello, se articula de manera potente con lo político, subjetivo y social. Dentro del libro abundan menciones en torno a la literatura, a la ciencia de la época y a discusiones políticas y económicas con la economía burguesa. Lo segundo, es que se trata de un texto rico en denuncias de las condiciones de vida del siglo XIX, destacándose la labor archivística rigurosa de Marx que permite sostener su análisis. En tercer lugar, es un texto que cobra vital importancia en la lucha actual contra el capitalismo, esto debido a que en su análisis se develan sus principales contradicciones y consecuencias. Nos ha sorprendido que en este sistema la lucha por la acumulación ha mantenido en la escasez a la mayoría, haciendo de la precariedad (tan en boga actualmente) algo transversal y permanente. Esta lucha incluso adquiere ribetes cómicos, como el intento de comprar el viento por parte de un empresario europeo. Otro ejemplo en esta línea es el análisis de Marx sobre la composición de nuestros alimentos. Marx es minucioso y se detiene en las diversas formas de adulterar el pan, la harina, el vino, e incluso el hollín (!)[4]. No se tratan de ejemplos anacrónicos. De hecho hay uno especialmente patético que nos recuerda la política $hilensis:

“Con cinco libras de cebada, cinco libras de maíz, 3 peniques de arenques, 1 penique de sal, 1 penique de vinagre, 2 peniques de pimienta y otros condimentos(en total 20 ¾ peniques), se puede obtener una sopa para 64 personas”[5].

¿Les suena familiar? La misma estrategia: colocar el ahorro como forma de superar las desigualdades estructurales.[6]

Otro de nuestros aprendizajes se relacionan con los mecanismos imbricados del capitalismo, los cuales Marx teoriza antes de su expansión: el pago por faenas, el emprendimiento como única salida, la competencia entre lxs mismxs trabajadorxs, el capitalismo como sistema mundial. Marx nos muestra que la batalla por la extensión o disminución de la jornada laboral es un punto central para la clase trabajadora, disminuir los tiempos de trabajo es (y ha sido) un mecanismo para poner freno al robo de trabajo impago por parte de la clase capitalista. Finalmente un aspecto insoslayable es el afán vampírico del sistema y cómo éste se ha expandido manteniendo condiciones mortíferas de explotación y degradación moral y física en diversos lugares del mundo, como las maquilas en México, las temporeras en $hile o la situación en Indonesia:

“Se nos insulta de manera constante, como algo que se da por hecho. Cuando el jefe se enfada a las mujeres las llama perras, cerdas o putas y tenemos que aguantar todo eso con paciencia y sin reaccionar. Oficialmente trabajamos de siete de la mañana a tres de la tarde (el salario no llega a 2 dólares al día), pero a menudo tenemos que hacer horas extraordinarias obligatorias y, a veces- especialmente si hay un pedido urgente que entregar- trabajamos hasta las nueve. (…) El edificio tiene el tejado de metal, y no hay espacio suficiente para las trabajadoras. Está muy abarrotado. Hay cerca de 200 personas trabajando allí, la mayoría mujeres, pero solo hay un cuarto de baño para toda la fábrica (…) Cuando volvemos a casa del trabajo, no nos quedan energías para hacer nada salvo comer y dormir”[7]

Las condiciones de trabajo inhumanas y paupérrimas son una constante bajo las lógicas de producción capitalista, tal como lo constata Marx en la descripción exhaustiva que realiza de las condiciones laborales y cómo éstas causan daños irreparables en los seres humanos:

“Mary Anne Walkley cayó enferma el viernes y murió el domingo, sin concluir, para asombro de la señora Elisa, el último aderezo. El médico, señor Keys, tardíamente llamado al lecho de agonía, testimonió escuetamente ante la “coroner’s jury” [Comisión forense]: “Mary Anne Walkley murió a causa de largas horas de trabajo en un taller donde la gente está hacinada y en un dormitorio pequeñísimo y mal ventilado”. Al fin de darle al facultativo una lección de buenos modales, la “coroner’s jury” dictaminó, por el contrario: “La fallecida murió de apoplejía, pero hay motivos para temer que su muerte haya sido acelerada por el trabajo excesivo en un taller demasiado lleno”.  “Nuestros esclavos blancos” […] “nuestros esclavos blancos, arrojados a la tumba a fuerza de trabajo, […] languidecen y mueren en silencio.” [8]

marx2017

¿Qué le criticamos a El Capital? Su sexismo por atribuir características que serían propias de las mujeres y de los hombres. Dando a entrever que habrían labores más idóneas para las mujeres que para los hombres y viceversa, como el caso de la crianza y cuidado de lxs niñxs. También nos colocamos al lado de Silvia Federici en su crítica a Marx. La autora nos muestra la caza de brujas, la opresión del cuerpo de la mujer (la obligación a la reproducción de la fuerza de trabajo y el no pago de la labor reproductiva), el cuerpo como primera máquina y el colonialismo como factores esenciales para comprender el paso del feudalismo al capitalismo. Otro punto bastante criticable es el estilo de escritura de Marx, que en su afán por ser riguroso y sistemático termina siendo denso y difícil de digerir, aunque él mismo lo sepa y pida disculpas al respecto:  “es ese el lado bueno de la medalla, pero veamos el reverso: el método de análisis empleado por mí, y que hasta el presente no había sido aplicado a las cuestiones económicas, hace que la lectura de los primeros capítulos resulte no poco ardua[9]. Sin embargo, lo fundamental para nosotrxs es comulgar con el espíritu de Marx: otro mundo es, Deseable, Posible y Viable.

Finalmente pensamos que “Nadie lee El capital” porque nos hemos habituado a una forma de comprender el conocimiento, donde las prácticas lectoras son un trabajo de acumulación de saber, en una gran industria neoliberal donde el conocimiento y las personas se vuelven un producto mercantil. Nadie lee a Marx porque quizá la lectura como praxis, como ejercicio crítico, o producción de saber, debe transformarse, mientras seguimos nutriendo otros espacios que nos permitan socializar y romper la burbuja en la que estos textos se mantienen.

 

La Cimarra, Taller de lectura “El Capital”, Septiembre de 2017

[1] He aquí el artículo al cual nos referimos: http://www.eldesconcierto.cl/2017/06/16/comunismo-a-100-y-150-nadie-lee-el-capital-de-karl-marx/

[2] Aquí los precios: http://metalespesados.cl/#/libros/busqueda/El%20capital

[3] Marx, Karl. El capital. Tomo I/Vol 1. El proceso de producción del capital. México D.F: Siglo XXI Editores, 2008. Página 21.

[4] Marx cita la siguiente historia: “el hollín, como es sabido, es una forma muy activa del carbono y constituye un abono que deshollinadores capitalistas venden a los agricultores ingleses. Ahora bien, en 1862 el jury-man [miembro de un jurado] británico hubo de decidir en un proceso si el hollín al que se añadía, sin conocimiento del comprador, un 90% de polvo y arena era hollín “verdadero”en el sentido “comercial” u hollín “adulterado” en el sentido “legal”. Los “ammis du commerce” fallaron de que se trataba de hollín comercial “verdadero” y rechazaron la demanda del agricultor querellante, quien por añadidura tuvo que pagar las costas.”

[5] Marx, Karl. El capital. Tomo I/Vol 1. El proceso de producción del capital. México D.F: Siglo XXI Editores, 2008. Página 743.

[6] Exactamente, se trata del miserable de Joaquín Lavín y su imbecilidad típica de derechas:  http://www.gamba.cl/2013/04/ensenando-pobreza-lavin-lanza-recetario-para-que-familias-pobres-puedan-comer-con-2-mil-pesos/

[7] Harvey, David. Breve Historia del neoliberalismo. Madrid: Akal, 2007. Página 176.

[8]  Marx, Karl. El capital. Tomo I/Vol 1. El proceso de producción del capital. México D.F: Siglo XXI Editores, 2008. Página 307.

[9]  Marx, Karl. El capital. Tomo I/Vol 1. El proceso de producción del capital. México D.F: Siglo XXI Editores, 2008. Página 21.

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