Alicia Navarrete

El 8 de marzo es un día para visibilizar la lucha histórica de las mujeres por igualdad de derechos. Lo que hoy parece tan normal como estudiar o votar, ha sido producto de la valentía de mujeres que pelearon y, muchas veces, también fueron asesinadas por defender su libertad.

En Chile, tenemos muchas mujeres que desafiaron lo establecido en sus épocas, se abrieron paso y nos dejaron un camino que recorrer, como Eloísa Díaz y Margot Duhalde, pionera en tener una profesión, o Martina Barros quien tradujo libros de feminismo. Y cómo olvidar a Inés Echeverría quien luchó para que las mujeres pudiesen reunirse en espacios públicos. A pesar de los vejámenes y violencia desatada en dictadura militar, desde 1973 las mujeres de la clase trabajadora estuvieron siempre comprometidas en la lucha, organizando y dando vida a organismos de defensa ante la represión militar, formando agrupaciones de familiares de detenidos desaparecidos, de defensa de los derechos humanos, entre otros. En cada momento de la historia, tenemos protagonistas valientes que nos han dejado su ejemplo.

Actualmente seguimos encontrando obstáculos. Mujeres que hoy luchan en el terreno laboral y sindical, siguen siendo discriminadas por condición sexual. Otra gran lucha es contra la sociedad patriarcal y la violencia de pareja, que ha significado sufrir el asesinato por el sólo hecho de ser mujeres.

Gianina Vicuña, dirigente sindical ONG Social Creativa expone que nos encontramos en una era donde la mujer se ha posicionado en el mundo laboral, pero aun así hay mucho que hacer en cuanto a igualdad de género. En el mundo sindical todavía la función de secretaria se asocia a la mujer, considerándola sujeto pasivo, donde gritar o manifestar pensamiento es sinónimo de locura o exageración. Por esto, cuesta el doble validarse frente a asamblea en el caso de ocupar un puesto de la directiva.  Además agrega que todavía hoy, sindicalismo y género son dos conceptos difíciles de asociar. Unir conciencia de clase (discriminación como trabajadoras) y conciencia de género (discriminación por razón de sexo), como un todo indivisible, es una tarea que tropieza con múltiples prejuicios. A menudo, entre las propias compañeras, pues no todas las mujeres tienen conciencia feminista como no todos los obreros tienen conciencia de clase.

Una de las más importantes luchas es reconocernos como afectadas en torno a nuestros derechos y deberes. Hoy más que nunca urge insertarse en colectivos y organizaciones y luchar para dejar de estar en una situación de exclusión y subordinación.

En palabras de María Alicia Salinas, ex presa política  “distintas mujeres se han destacado en la lucha por los derechos de la mujer, la más cercana experiencia es la desarrollada por las madres, hermanas, esposas e hijas de los detenidos durante la dictadura que participaron en el Comité Pro Paz en 1974 creado por las iglesias cristianas junto con la comunidad judía para proteger la vida e integridad física de las personas perseguidas por la dictadura militar en Chile. Dicha mujeres  desarrollaron un oficio que les permitió financiar su lucha y apoyar sus grupos familiares, a través de las arpilleras como fotos de la realidad. También tenemos a todas las mujeres que fueron secuestras, torturadas y muchas igual que a los hombre asesinadas o hechas desaparecer; las que sobrevivieron desarrollaron en los campos y cárceles diversas actividades: escuelas donde se podía estudiar idiomas, historia o arte con clases impartidas por las mismas detenidas y los talleres laborales donde se elaboraban diversos productos que familiares vendían y que posteriormente fueron comercializados por la Vicaria de la Solidaridad.

Las mujeres, en los sectores populares, organizaban ollas comunes y son ellas también quienes durante el gobierno de Allende deciden romper los candados de los supermercados UNICOOP para asegurar la entrega de alimentos.

Podemos mencionar a las compañeras que murieron en la tortura: Lumi Videla, o que fueron hechas desaparecer: María Teresa Eltit Contreras; o que fueron parte de la Resistencia armada contra la dictadura: Loreto Castillo, o la que fue simplemente asesinada: Arcadia Flores Pérez, o las que retornaron del exilio a la lucha: Lucia Vergara Sepúlveda, Paulina Aguirre Tobar, Araceli Romo Álvarez; entre tantas compañeras y compañeros. En nuestro país, la mujer siempre ha estado en la lucha junto a los hombres.

Hoy muchas están organizadas en la “Asociación de ex presas y presos políticos del MIR y de la Resistencia Popular”, a casi 45 años del golpe cívico militar esta lucha está centrada por la justicia: real, completa y verdadera, contra la impunidad que se pretende imponer, vinculándose con las luchas de hoy.

María José Antileo Huilcan destaca a la  mujer mapuche y su contribución en estos tiempos a trasmitir el kimün (conocimiento), lo que ha venido realizando desde siempre a través del mapuzungun (lengua de la tierra), ya que  recuperar la lengua madre es lograr la máxima conexión con los ancestros. María José Antileo expone que “comprender y hablar nuestra lengua permitirá entregar el conocimiento, mantener luchas en pie, por nuestros  derechos y nuestro territorio, para la recuperación de lo que nos pertenece como pueblo”

La reivindicación de la mujer Mapuche, es NO ser más víctima de este sistema patriarcal, represivo y violento. En este desarrollo, se ve más lamngen (hermana), siendo capaces de guiar, movilizarse y organizar las comunidades para la defensa del territorio, no permitiendo más la violencia del estado.

Como mensaje para las niñas mapuche, la dirigente nos dice: “reconocerse como mujer mapuche es un doble orgullo, pertenecemos a un pueblo luchador en defensa de nuestro territorio y no permitiremos más el maltrato a nuestros pichikeche (niños y niñas)”

 

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