Por Patricio Hernández.

Este es un año de definiciones. Tanto la National Defense Strategy 2018, la America First National Security Strategy y los lineamientos del Southern Command expresados por Kurt W. Tidd ante el Senado estadounidense, ratifican que la idea de un mundo unipolar ha quedado atrás y que ahora la prioridad del Imperio es el hacer frente a China y Rusia.

En el caso de nuestra región, el avance comercial y diplomático de China, las relaciones políticas, militares y el acceso logístico de Rusia en Cuba, Nicaragua y Venezuela, la presencia de Irán y la existencia de gobiernos hostiles a los intereses del establecimiento estadounidense, son consideradas por el Imperio como las principales amenazas.

El enfoque de Trump en el corto plazo parece estar en que los gobiernos aliados en la región (con el apoyo norteamericano por cierto) se hagan cargo de los “vecinos incómodos” del barrio; necesitando para ello una correlación de fuerzas favorables para continuar con el cerco y la asfixia contra Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia. Este 2018 será clave para ello por los procesos electorales que se desarrollarán y donde Estados Unidos no está dispuesto a aceptar sorpresas.

La balanza por ahora parece favorecer a Trump: Macri en Argentina (permitiendo la instalación de una “tarsk force” de la DEA en Misiones), Temer en Brasil (que realiza todas las operaciones posibles para evitar la candidatura de Lula), Lenin Moreno en Ecuador (que se ha volteado alineándose con el poder económico local), Piñera en Chile, Juan Orlando Hernández en Honduras (gracias a un golpe de Estado electoral respaldado por la OEA). En Costa Rica la segunda vuelta presidencial entregó como resultado la elección del progresista burgués Carlos Alvarado; en El Salvador las recientes elecciones legislativas y municipales le dieron un triunfo a la derecha; aún tenemos pendientes las elecciones generales en Paraguay (hasta el corte de esta edición), las presidenciales colombianas en mayo, las presidenciales mexicanas en julio y las generales brasileñas en octubre, que terminarán por configurar el mapa político de nuestra región.

En este cuadro, las elecciones en Venezuela tienen importancia no tanto por su resultado, donde no hay duda de la victoria de Maduro, sino por los escenarios posteriores. Con una derecha venezolana diezmada, el frente de ataque internacional se ha convertido en la amenaza principal al proceso bolivariano. Una victoria de las fuerzas conservadoras fortalecería el ataque sobre Venezuela, aumentando las posibilidades de una intervención externa, ya sea con la excusa de una “intervención humanitaria” o partir de un conflicto artificial con sus vecinos colombianos o brasileños. Al contrario, la llegada al gobierno de fuerzas progresistas o de izquierda (sobretodo en México, Brasil o Colombia) cambiarían el escenario permitiendo un respiro y la contención de las agresiones para configurar nuevos escenarios de lucha.

Teniendo en cuenta esto, tampoco podemos descartar un cambio de estrategia a una mucho más agresiva. Los anuncios militares de Vladimir Putin han destrozado la estrategia A2/AD de Estados Unidos, por lo cual los tiempos y la agresividad del Imperio necesariamente cambiarán.

 

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