La idea del progreso, del desarrollo, etc. no es más que una bonita historia sin fin contada por quienes la protagonizan, los poderosos, que se han apropiado y gozan de los recursos disponibles en nuestro planeta. Estos, ven engordar de manera absurda sus billeteras por medio de la destrucción de la vida y no pretenden el bienestar común sino el enriquecimiento propio a costa de la sobreexplotación, sin importar las consecuencias que pueda traer a futuro.

Una mirada hacia las culturas ancestrales de nuestro continente se hace necesaria hoy más que nunca. Variados son los ejemplos de luchas que han dado los pueblos originarios, habitantes del Abya Yala, por perpetuar su forma de vida equilibrada y respetuosa con la naturaleza y su entorno. La búsqueda del Buen Vivir, debe ser propuesta desde una posición armoniosa entre el hombre y la mujer nueva con el medio que los rodea. Por lo que es necesario proponer nuevas formas de producción, nuevas formas de vida y relación, para vivir y construir la sociedad que soñamos y necesitamos.

La búsqueda por mejores condiciones de vida, sin ser necesariamente monetarias o materiales, la viven hoy algunas comunidades que se enfrentan a las contradicciones que nos somete el empresariado y los Estados, para instalar su forma capitalista de ver y construir la vida. Estas comunidades, principalmente pueblos originarios, se ven enfrentados en el día a día con grandes empresas que requieren de la explotación y devastación del medio ambiente para incrementar sus utilidades.

Junto a los pueblos originarios, también son muchos y muchas las que hoy luchan por la vida, pero el capitalismo neoliberal no escatima en esfuerzo y usa todos sus recursos y artimañas para defenderse y perpetuarse, llegando a quitar la vida a algunos/as de estos luchadores y luchadoras. Por ejemplo, en Chile, el caso de Macarena Valdés, asesinada por luchar contra la instalación de una planta hidroeléctrica (de empresa trasnacional) que devastaría suelo mapuche; o la vida de tantos y tantas luchadores y luchadoras en América Latina como el caso de Berta Cáceres en Honduras, Waldomiro Costa Pereira, activista ambiental en Brasil, o la ambientalista Colombiana Yolanda Maturana.

También las comunidades urbanas que se van viendo enfrentadas a estas contradicciones del buen vivir que genera el capitalismo neoliberal, como es el caso de vecinos y vecinas de Colina, que hoy se organizan y luchan contra la instalación de una planta de tratamiento de aguas servidas que se pretende instalar en su entorno próximo, afectando su vida cotidiana con un alto nivel de contaminación y las posibles enfermedades que ello generaría.

Los recursos hídricos también se ven sumamente afectados por el afán destructivo capitalista, generándose hoy en el mundo una importante escasez de agua, que nos lleva a un futuro preocupante, puesto que se ven afectadas las posibilidades de vida y subsistencia de los seres que lo habitan. Al parecer, aún no hemos tomado el peso real de lo que significa, por lo que debemos reflexionar y dar una importante revisión a ello.

Si queremos subsistir como especie, debemos ser capaces de avanzar a un cambio cultural profundo que nos saque del centro nuestro individualismo y ponga el foco en los seres y el medio, o sea, para perpetuar la vida, debemos generar una lucha frontal contra el capitalismo.

El respeto por la naturaleza no es otra cosa que el respeto por la otredad.

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