Por Carlos Jaramillo

Los países latinoamericanos son, hoy por hoy, muy diferentes a lo que eran apenas 50 años atrás. La modernización de sus estructuras – bajo patrones capitalistas – ha transformado la sociedad, las culturas internas y la naturaleza. El marco globalizador se volvió inevitable, haciendo que las formaciones premodernas o tradicionales se diluyan poco a poco, en medio de cruentas resistencias. Los avances de la ciencia y la tecnología han cambiado, junto a la información, las condiciones de vida de todo el tejido social, para bien o para mal. La información de masas nos inyecta, constantemente, las imágenes de muchos acontecimientos, particularmente crímenes, excentricidades, tragedias, la sexualidad en capricho, amenazas, etc., nutriendo el miedo colectivo que reclama seguridad y nos prepara para la agresión. Por las redes sociales circula casi todo, la falsedad, las alertas, una enorme necesidad de aprobación, causando desazón y mucha infelicidad.

No hay un solo gobierno que se resista a predicar la ideología del desarrollo, a nombre de los derechos humanos, la erradicación de la pobreza, la eliminación del desempleo, etc., buscando aproximarse a los estándares de los países juzgados como “superiores”. Las inversiones en crecimiento económico han sido y son cuantiosas, pero no han logrado frenar la violencia urbana, la miseria socioeconómica, la corrupción, la explotación laboral, la destrucción de los ecosistemas, el brote de enfermedades, el consumismo, el hambre de los/as vulnerables, etc.  Cada día cambia el rostro social, pero las dimensiones profundas de la mente humana, el egoísmo y la negatividad, siguen siendo iguales. No sabemos cómo provocar este cambio cultural interno. Nuestras sociedades se mueven principalmente impulsadas por la ambición, el poder, la competencia, el temor de que cualquier cosa puede ocurrir en cualquier momento. Por lo que hablar de armonía, derechos de la Naturaleza, empatía, de bienestar, o de soluciones afirmadas en perspectivas cuánticas, etc., es percibido como tontería.

Por cierto, que este marco contextual es insuficiente para explicar la necesidad de desplegar el Buen Vivir en la vida social y ambiental. Armados/as con los mismos modelos conceptuales y herramientas políticas que crearon los problemas, no vamos a solucionarlos. Replicamos esa violencia dicotómica que nos divide y fragmenta, no sabemos cómo provocar proximidad solidaria, o cómo amar a la Naturaleza que somos nosotros/as mismos/as. Entre los agentes vinculados a la “izquierda del capitalismo”, el imaginario del Buen Vivir quedó atrapado por las concepciones culturalistas o pachamamistas, y por el ecosocialismo. Un debate impotente. Ninguna corriente pudo formular herramientas funcionales para activar cambios cualitativos en las estructuras mentales, de manera de reorientar los comportamientos, los habitus.

El Buen Vivir o, Sumak Kawsay en kichwa, es un concepto ancestral de los pueblos originarios de la América Andina. En la cosmovisión andina, el proceso de despliegue del Buen Vivir se daría dentro de relaciones que buscan puntos de equilibrio entre el sentir, el pensar y el actuar, juntos o compartiendo con los otros. El “régimen” del Buen Vivir busca el bien común y se vincula sana y transversalmente con la educación, la salud, la seguridad social, el hábitat y la vivienda, la cultura, el tiempo libre, la comunicación social, la ciencia, la tecnología, la innovación y los saberes ancestrales, la gestión del riesgo, la movilidad y la seguridad humana, el transporte, el uso de los recursos naturales y la biodiversidad.

1 COMMENT

  1. Muy pertinente y oportuno el artículo. Me lleva a la reflexión sobre: ¿y cómo queda el deporte en el Buen Vivir?
    Como aporte para la elaboración de una respuesta colectiva, con humildad y respeto coloco a disposición pública mi último libro titulado “Deporte, globalización, neoliberalismo, política pública y poder. Papel del deporte en el retorno del proyecto neoliberal”, publicado en 2018. Si les parece bien, les agradezco enviarme su email y se lo haré llegar. Profesor e Investigador del Departamento de Educación Física y del Centro Experimental de Estudios Latinoamericanos “Dr. Gastón Parra Luzardo”, asociado al Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). Universidad del Zulia. Maracaibo-Venezuela

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