Por Marcelo Arce Garín

En tiempos de crisis ambiental ocasionada por nuestra codicia humana se alza la voz cristalina, crítica y actual de Gabriela Mistral, quien nos advierte las consecuencias de nuestra indolencia.

Hoy prima el materialismo y el poder ante toda espiritualidad, las políticas que nos rigen son débiles y se hacen insuficientes. Mistral nos alumbra señalando la pérdida de relación entre el ser humano y la naturaleza. Con la extensión de esta problemática la poesía nos ofrece una sensibilidad esencial, urgente y creadora de consciencia ante esta tragedia.

NOCHE DE METALES

Dormiremos esta noche
sueño de celestes dejos
sobre la tierra que fue
mía, del indio y del ciervo,
recordando y olvidando
a turnos de habla y silencio.

Pero todos los metales,
sonámbulos o hechiceros,
van alzándose y viniendo
a raudales de misterio
-hierro, cobre, plata, radium-
dueños de nosotros, dueños.

Son lameduras azules
que da la plata en los pechos,
son llamaradas de cobre
que nos trepan en silencio
y lanzadas con que punza
a las tres sangres, el hierro.

Por confortarnos los pies
vagabundos, y aprenderse
nuestros flancos y afirmarnos

los corazones sin peso,
los tres del miedo ganados,
los tres de noche indefensos.

Y la noche se va entera
en este combate incruento
de metales que se allegan
buscando, hallando, mordiendo
lo profundo de la esencia
y la nuez dura del sueño.

Al fin escapan huidos
en locos filibusteros
y seguimos la jornada
cargando nuestro secreto,
arcangélicos y rápidos
de haber degollado el miedo.

Liberados caminamos
como los raudales frescos,
sin acidia y sin cansancio,
ricos de origen y término,
por la nocturna merced
de los Andes Arcangélicos
que dentro de su granada
impávidos nos tuvieron.

Vamos cargando su amor
como un amianto en el pecho,
como la casta y el nombre,
como la llama en silencio
que no da chisporroteo
y según nuestros orígenes,

En estos versos Mistral pertenece a la tierra, la comparte con el indio y sus animales. Valle de Elqui, su entorno natal; es la proyección hacia el amor innegable a nuestra América, pero más allá de lo territorial sino como un enfrentamiento entre vencedores y vencidos. Hay una ligazón a los problemas del país y su gente, un manifiesto político donde lo natural se une a la sociedad.

 COBRE
Están redimiendo el cobre
con las virtudes del fuego.
De allí va a salir hermoso
como nunca se lo vieron
las piedras que eran sus madres
y el que lo befó por necio.

Suba el Padre Cobre, suba,
que naciste para el fuego
y te pareces a él
en el fervor de tu pecho.
Todavía, todavía
no confiesas el secreto
del amor y de la fiebre
que está en tus piedras gimiendo.
Nadie te habrá dicho hermoso,
porque el pecho no te vieron.

Día a día te volviste
la pobre piedra quedada,
la pobre piedra que duerme
y dura y odia la llama
y eres, ya, todos tus muertos
antes de ser sepultada.

Helados, llanto y sonrisa,
la oración y la palabra,
el amanecer la siesta
y la oración no arribada.
Ya es lo mismo, ya es igual
la mudez que la palabra.

Dado lo delicado del tema debemos pensar en diferentes recursos y herramientas para solucionar esta bomba de tiempo. Tal vez muchos se preguntan para que sirve un poema en este caso y la respuesta nos la da Gabriela Mistral. Se requiere de una toma de conciencia global, pero esencialmente desde el ámbito escolar para garantizar un futuro esperanzador en el cuidado de nuestro planeta y trabajar desde la autogestión en temas como el reciclaje, huertos comunitarios, arquitectura sustentable entre otros.

Cada uno de nosotros conformamos un eslabón que nos permitirá colectivamente romper los paradigmas actuales y los versos de la poeta son uno de ellos.

 

 

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