El 11 de julio de 1971 -día de la dignidad nacional- marca un hito en el ejercicio de la soberanía nacional al producirse la nacionalización del cobre y otros minerales. Las riquezas nacionales pasaban a ser así de propiedad de todos los chilenos, ejerciendo Chile soberanía sobre sus riquezas básicas. Ese mismo año la industria del salitre fue nacionalizada, asumiendo su explotación la Sociedad Química y Minera de Chile (SOQUIMICH), que posteriormente fue privatizada, siendo en la actualidad la principal y casi la única empresa dedicada a esta actividad.

Sin embargo, en septiembre de 1973 a raíz del golpe cívico militar, estas y otras conquistas son arrancadas violentamente, produciéndose un proceso de pérdida de soberanía con el consecuente empobrecimiento y saqueo de nuestras riquezas básicas. Como las nacionalizaciones tenían una gran legitimidad, la administración dictatorial busca y aplica un mecanismo para privatizar los recursos naturales a grandes empresas nacionales y extranjeras. Es así como, mediante la concesión, entregan prácticamente a perpetuidad las riquezas naturales.

En el caso del cobre, la dictadura privatiza el 30% de la industria, pero los sucesivos gobiernos de la Concertación, Piñera y Nueva Mayoría dan vuelta dicha proporción, dejando sólo el 30% del cobre en manos del Estado. A pesar de ello, y de la falta de apoyo a Codelco desde los distintos gobiernos en los últimos 47 años, según el economista Julián Alcayaga, esta “ha entregado al país alrededor de 120 mil millones de dólares en excedentes, lo que es más que el impuesto de 1era Categoría que han pagado la totalidad de las empresas privadas que existen o han existido en Chile en este mismo lapso”.

Además, desde 1990 hasta la fecha, las comunidades y territorios han sido avasallados con contaminación del medio ambiente y/o sufriendo la pérdida de sus aguas, ya que la minería requiere mucho de este vital recurso y, para abaratar costos, el empresariado no hace las inversiones básicas para la mantención de un medio ambiente aceptable ni mucho menos respetando a las comunidades, ya que estos sólo les interesa el enriquecimiento. Igualmente, la explotación y exportación de la minería por parte del capital extranjero se realiza sin incorporar valor agregado, o sea, sin dejar nada en las regiones donde se originan dichas riquezas.

En 1979, el litio fue declarado mineral estratégico, pese a ello, fue entregado a Julio Ponce Lerou (ex yerno de Pinochet) a través de una concesión a SOQUIMICH, empresa que ha financiado a políticos de Chile Vamos, ex Concertación y Nueva Mayoría, transformándose en un intocable para la elite, puesto que, este siniestro personaje, tiene información de todos/as los/as políticos/as que fueron “ayudados/as” con dichos recursos. Hoy se perfila una cierta reconfiguración de SOQUIMICH con la venta del 24% (US$4.000 millones) a la firma china Tianqi Lithium, que produce una amplia gama de subproductos de litio de alta calidad que incluyen hidróxido de litio, carbonato de litio, cloruro de litio, metal de litio y concentrados de minerales.

En cuanto a las costas chilenas, son 4 los conglomerados que controlan nada más y nada menos que el 92%* del sector pesquero nacional, obteniendo utilidades de, a lo menos, 3 mil millones de dólares anuales a partir de la extracción gratuita de los recursos del mar chileno. Estos conglomerados pertenecen a 7 familias: Angelini-Lecaros, Yaconi–Santa Cruz, Sarquis, Stengel, Fernández-Cifuentes, Jiménez e Izquierdo.

El agua para consumo es un recurso limitado e indispensable, un bien de primera necesidad, y, en Chile, este se halla en manos de grandes empresas privadas. El 90% de los derechos de aprovechamientos de aguas consuntivas (de las que no devuelven el agua utilizada) está en poder de empresas mineras y agroexportadoras.

Con todo este panorama es urgente la recuperación de la soberanía de los pueblos, comunidades y trabajadores/as para, en conjunto, generar conciencia, organización, acción común y movilización que permita recuperar las riquezas básicas y construir una sociedad más justa.

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