Por Marcelo Arce Garín

Insigne poeta, creadora de libros claves en nuestra poesía actual, “La bandera de Chile” y “Santiago Waria”. Hoy con claridad y voz fuerte nos comparte sus reflexiones en torno a la nacionalización versus privatización de nuestros recursos naturales.

EI: Hace 47 años se nacionalizó el cobre de forma unánime en nuestra patria, un logro fundamental para concretar el programa del presidente Salvador Allende ¿cómo vivió usted esta bella conquista?

EH: Pasando por sobre mi pesimismo –recuerdo- me sumé a la algarabía y celebración espontánea de la gente ante tamaña decisión de soberanía y por el acto político del gobierno del presidente Allende, el que manifestaba que esa riqueza natural le pertenecía a la nación chilena: se nacionalizaba el cobre. Necesitaba sentir y vivir por mi parte, lo que podía significar la dignidad para un pueblo que recuperaba lo que se le había robado por años. No olvidemos que se decía que el cobre era el sueldo de Chile y no es difícil representar lo que le pasa a alguien cuando le roban su sueldo. Pero también no podía dejar de representarme que sólo un milagro podía hacer que se recuperara todo lo robado aun cuando el Congreso en pleno hubiese ratificado esa decisión del Ejecutivo. Era obvio que las empresas norteamericanas, apoyadas en su gobierno, que nosotros/as tildábamos en esa época de imperialista (y que hoy sigue maniobrando para controlar la economía global, el proceso cultural completo de la globalización) no iban a soltar su botín y para mantener sus extracciones, sus asaltos a mano armada tenían la gran complicidad interna: políticos y empresarios/as de la burguesía chilena. Y esas y otras empresas transnacionales hicieron el lobby suficiente para desembocar en el golpe militar de 1973. Después de esa fecha terrible, comenzó el periodo de la privatización en nuestro país, para decirlo de manera elegante ya que creo que fue la institucionalización de la rapiña, del “choreo” de las empresas del Estado. Entonces, la falta de dignidad se convirtió en el aire que respiramos.

EI: En la actualidad un manto globalizado y neoliberal nos arrebata la dignidad popular. ¿cómo ve nuestro futuro?

EH: Nuestro futuro como país, nación y pueblo no es de un “futuro esplendor”. No tenemos una Constitución válida que nos proteja del avasallamiento de la globalización y del control que hacen los grupos económicos de la política. El pueblo es un concepto romántico que llegó hasta el siglo XX, hoy somos gente desarticulada y confundida por el liberalismo que nos hace competir por el becerro de oro. Vemos televisión o películas de netflix mientras nos olvidamos de nuestra historia. Mañana es otro día donde hay que trabajar como máquina. Quizá el levantamiento de la mujer contra la opresión que la acecha desde todos los ángulos de este sistema productivo y reproductivo pueda hacer que el tiempo futuro adquiera el sentido que no tiene.

EI: ¿Cree que algún día podamos renacionalizar el cobre, pilar de nuestra economía?

EH: Creo que el cobre dejó de ser el pilar de nuestra economía, aunque siga entregando suculentos dividendos cuyo aprovechamiento mayor está con toda claridad en los ministerios de Defensa e Interior, pero no en las necesidades de la población. El cobre extraído es de mucho más baja ley que hace 50 años lo que es desfavorable no obstante si el precio es bueno, pretexto suficiente para sumergir en la dejadez cualquiera iniciativa para los gobiernos de turno. Nunca se asoció a la extracción de cobre algún desarrollo industrial y la política del royalty ha sido de una tibieza asombrosa. Hoy el cobre ha quedado como un pilar secundario, aunque no se lo presente así pues la gran viga maestra ha pasado a ser el litio que sí debería nacionalizarse como todos nuestros recursos básicos.

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