Mónica Llanca y su hijo

 

“Su apellido “Llanca”, de origen mapuche, tiene un significado que de acuerdo a quienes la conocieron retrata a la joven mirista: “piedra preciosa pulida, de color verde azulado muy estimada por ese pueblo, con la que se formaban collares mezclados con cuentas de plata, pulseras y colgantes”. El rol de Mónica en la resistencia fue precisamente eso: ser un eslabón precioso que se mezclaba con otros, y cuyo brillo hoy nos alcanza para siempre”.
Texto de Lucía Sepúlveda dedicado a Mónica Llanca Iturra en su texto “El beso tembloroso”

Mónica estudió en el Liceo 15 de calle Santo Domingo donde se destacó por su personalidad, apego a su familia y amor por el deporte y la naturaleza. Durante su adolescencia vivió en el barrio Carrascal, donde conoció a su marido, Manuel. Se casaron en 1971 y compartieron el entusiasmo de los años de la Unidad Popular y los cambios que el país vivía. Ese entusiasmo acompañó a Mónica en todas sus actividades, iba las concentraciones y las marchas, leía con Manuel la revista Punto Final y El Rebelde, y en una carta a una amiga, le preguntaba si también ella encontraba que Allende era en verdad el Salvador de Chile. Manuel trabajaba en Cemento Polpaico, industria intervenida, y estudiaba de noche en la USACH, entonces Universidad Técnica del Estado. Eran una familia feliz y llena de esperanza, habían montado una casita de madera en el patio de la casa de la hermana de Mónica.

Cuando Manuel quedó cesante tras el golpe, al igual que muchas familias vivieron días difíciles, y ella se convirtió en el principal sustento del hogar. Una compañera de trabajo de la época la describe como “alegre, vivaz, confiada y confiable. En el casino siempre nos hablaba con mucho amor de Manuel y de su hijito Rodrigo.”

Al momento de su detención, el 6 de septiembre de 1796, Mónica tenía un hijo de 2 años y era funcionaria del Gabinete Central de investigaciones. Pertenecía a una red clandestina que proporcionó células de identidad a la resistencia, trabajó junto a los detectives Antonio Tello y Sonia Bustos. A lo largo de seis meses, logró traspasar cartolas de cédulas en blanco para la elaboración de nuevas células de identidad destinadas a los perseguidos dirigentes miristas que no podían pasar los controles callejeros.

Luego de su detención, su esposo y hermana la buscaron incesantemente sin poder dar con su paradero. A través de testimonios de testigos su familia se enteró de su paso por 4 Álamos y José Domingo Cañas. El 24 de julio de 1975 su nombre apareció en la segunda lista del caso de los 119.  Esto fue un golpe terrible para Manuel y su hermana quienes continuaron su búsqueda.

Sin embargo su memoria sigue viva, su ejemplo inspiró el poema “Piedra azul de la montaña”, una recreación poética realizada en base a varios textos, que fue publicado por primera vez en 2003 en el libro “Una experiencia para no olvidar: casa de torturas de José Domingo Cañas 1367”. También fue inspiración para una acuarela del pintor Jaime Castro Santoro.

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