A pesar de los golpes y desilusiones, siempre confiar en las propias fuerzas

Todas las conquistas de los trabajadores y el pueblo han sido logrados con sacrificio, esfuerzo, lucha y organización a través de la historia. Muchos han aportado e incluso con su vida en décadas más recientes como lo fue en el golpe militar de 1973. Ese golpe cívico militar que permitió al capital y los grupos económicos nacionales y extranjeros de nuestro país resolver la crisis de acumulación e instaurar una dictadura cívico militar a sangre y fuego. También esta dictadura necesitaba aplastar al movimiento popular que había logrado avanzar conquistando un gobierno de izquierda, mediante una alianza de diferentes partidos y programa de 40 medidas que propuso e impulsó Salvador Allende. Esta propuesta estaba cimentada en una ilusión democrática como se encargó de  mostrar la dura realidad al conocerse y experimentarse todo el horror represivo cuyas consecuencias y  heridas todavía no cicatrizan y, no lo harán hasta que haya verdad, justicia, castigo a los culpables y reparación a las miles de víctimas de nuestro país.

Posteriormente, después de la resistencia y oposición a  la dictadura de amplios sectores sociales – aunque hubo periodos previos en que los sectores revolucionarios pusieron entrega, fuerza, sacrificio y contribuyen en forma  significativa en generar condiciones de crisis del régimen-  una vez diezmadas las fuerzas revolucionarias se crean condiciones para la negociación de los sectores políticos que después van conformar la llamada Concertación y, llegan a acuerdos con la dictadura y la extrema derecha para un recambio.

Ese recambio, cuyas condiciones todos conocemos, pero es importante reiterar algunas como que el dictador mantuvo la jefatura del ejército, posteriormente se transforma en senador vitalicio, sin juicios  a los golpistas, los comandantes de las ramas de las fuerzas armadas que pasen a retiro  se transformaran en senadores designados, imposibilidad de modificar importantes leyes de la dictadura, sistema binominal en que la minoría electoral tiene el mismo porcentaje de elegidos que la mayoría. En resumidas cuentas, se respetará en lo medular la constitución dictatorial del 1980 con sus principales amarras jurídicas, administrativas y otras. Y en caso de que no funcionen los mecanismos anteriores aparecen los ejercicios de enlaces de las fuerzas armadas como sucedió en un par de ocasiones.

Una vez producido el recambio de la dictadura con el triunfo de la Concertación, desmovilizaron las fuerzas de oposición, reprimieron a los sectores revolucionarios, chantajearon para que los sectores dudosos  los apoyaran ante el supuesto peligro de aluna asonada golpista. La concertación tomó el programa y modelo neoliberal, pero perfeccionado y con apoyo social para hacer de Chile el mejor alumno del modelo neoliberal, entregando nuestras riquezas  y servicios con una paz social a los grandes grupos económicos nacionales y extranjeros que supuestamente hicieron “crecer” económicamente al país a tasas nunca vista (para llenar los bolsillos de voraces grupos económicos), pero la alegría nunca llegó, salvo para los grandes empresarios y los políticos  de la coalición gobernante.

Estos políticos se olvidaron de sus principios, de sus promesas y pasaron a usar  la puerta giratoria desde el aparato estatal a los directorios de las empresas o apernándose en sucesivos puestos ya sea en el gobierno de turno o el parlamento. Por tanto, se olvidaron de los DDHH, de la justicia con los familiares de los detenidos desaparecidos, persecución judicial a los torturadores, investigación de la corrupción de los militares o los personeros civiles que privatizaron  que incluso se “auto vendieron”  muchas de las empresas del estado en el década de los 80 a precios irrisorios. Tanto fue la inconsecuencia que de alguna manera llevó a parte de la población a no ver grandes diferencias con la derecha electoral y, optó por votar electoralmente por la extrema derecha que prácticamente no había distinciones, hasta llegar al empate escandaloso de la corrupción en el gobierno de Bachelet. Esto nos lleva a una conclusión que; ante tantos engaños, injusticias, falta de consecuencia y valores, solo queda confiar en las propias  fuerzas, tomando los ejemplos de la perseverante lucha de los familiares de los detenidos desaparecidos, de los luchadores, de los esfuerzos unitarios de los trabajadores y tomar los legados  y memoria de nuestros héroes para para quedarnos pegados, sino como un aliciente para la lucha pensando que el mejor homenaje que podemos rendirles es seguir en la lucha.

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