• Texto escrito para la presentación del libro Lemebel Oral, 20 años de entrevistas el 15 de enero 2019 en La Perrera Arte Santiago de Chile

Elizabeth Neira

                Querido Pedro la primera vez que te vi fue a principios de los 90 en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile, donde también conocí a Gonzalo León, valga recordar, el recopilador de estas crónicas. Te vi en el patio de aquel edificio horroroso que había servido de Central de la DINA y luego entregado a la casa de estudios  para reabrir la carrera de periodismo  cerrada durante la dictadura. Las Yeguas habían preparado una instalación con los nombre de los detenidos desaparecidos. Era la primera vez que yo escuchaba de Las Yeguas del Apocalipsis y me sonaba tan épico. A finales de la dictadura yo era una adolescente cualquiera hija de la clase obrera, vivía en San Miguel y había entrado a estudiar a la Chile y todo era tan épico, Las Yeguas, Los Prisioneros, El Frente Patriótico Manuel Rodríguez, las marchas y la escritura. Tu escritura

El ejercicio del periodismo, mala o buenamente cruzó siempre nuestros caminos.   Recuerdo muy bien las arduas negociaciones previas a la publicación de la entrevista que forma parte de este libro y que te hice para el suplemento Artes y Letras del diario El Mercurio, medio facistoide en el que yo trabajaba por aquel entonces recién salida de la universidad y  al que tú te resistías con toda la razón del mundo.

Pero yo era una pendeja que había crecido intelectualmente al alero de tu trabajo y de ese under rabioso de Plaza Italia que se reunía en la casa de la Berenguer y que pululaba de madrugada por los bares del triángulo de las Bermudas.  Yo te pedí la entrevista consciente de ser ese puente entre estos dos mundos irreconciliables  y tú aceptaste pero pusiste tus condiciones:  Debías hacer la revisión final antes que el texto entrara en imprenta y la nota debía ser ilustrada con el retrato que te hiciera Paz Errázuriz. Mi editor, por aquella época Pedro Gandolfo, visionariamente aceptó todo. Era la primera vez en democracia que “El Mercurio” se atrevía a tanto, a reconocer a página completa y respetando palabra por  palabra,  a una figura tan “compleja” de la izquierda antipinochetista.

Con bastante ingenuidad,  lo reconozco ahora,  en ese momento creí que estábamos renovando el periodismo cultural. Ahora con los años me doy cuenta que las primaveras son siempre efímeras al interior de esta comarca. Pero entonces me sentía  haciendo algo revolucionario. Sin mail ni internet el texto pasó por fax de la redacción del Artes y Letras a la redacción de la Radio Tierra incontables veces. Tú  corregías palabras, nombres, comas, puntos,  luego mi editor suavizaba las correcciones y tú volvías a corregir. Así nos llevamos más de un mes de minuciosas transacciones en torno a la palabra. Pero tú ganaste esa negociación, te ganaste el derecho a decir “dictadura” con todas sus letras en vez de “gobierno militar” en el corazón del  Merculo. Te ganaste ese derecho con el sudor y la valentía de tu pluma de vieja loca.

Leyendo con detención tu trabajo siento que fue una inspiración definitiva. Sobre todo las crónicas. Hasta antes de leer tus crónicas de sidario yo veía el género como uno de muy poco valor, claro porque en la Escuela solo me habían enseñado que se podían escribir crónicas informativas  y no literarias y mucho menos libertarias como las tuyas. Entonces recién comencé a querer mi trabajo y a darme cuenta de que era una llave con la que podía descerrajar la realidad.

Hoy con humildad te reconozco como una figura inspiradora y fundadora que iluminó un poco las tinieblas de esa época y abrió caminos de disidencias posibles.  Recuerdo un palabreo con unos conchazos que nos pegamos por internet. Terminaste diciéndome, “perdóname chiquita, estoy borracha, eres valiente, en eso nos parecemos”. Con eso y todo lo demás estás impreso en mi corazón, en mi historia literaria, en mi camino y en el de la literatura hispanoamericana.

En lo personal creo que Lemebel nos deja de enseñanza que en literatura vale la pena mantenerse fiel a uno mismo, fiel a la idea de mundo y de revolución que uno tiene aunque eso cueste el silenciamiento de parte de la mafias literarias. Como decía Victor Jara Canto que ha sido valiente siempre será canción nueva

Y para finalizar decir que Pedro Lemebel nunca postuló y por supuesto nunca ganó un Fondart. ¿Se imaginan a la Pedra, su alma libre y rebelde, lidiando con esa burocracia infernal? Tampoco le otorgaron el Premio Nacional de Literatura, su premio como dijo el che de los gays somos sus lectores, la gente que lo lee, que lo amó y que lo admiró que fue mucha y que se multiplica actualizando su figura cada día más.

Fotografía: Consuelo Guajardo

eli neira

 

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