Por Marcelo Arce Garín

 

Poeta y editora nos acerca en un diálogo breve y transparente al vacío previsional en el oficio del arte. Mientras el Estado pasa por su lado chiflando y haciéndose el gil.

Jiménez apunta a las “vacas sagradas” que balsa e impunemente engordan en el país.

¿Quién es el culpable de la precariedad previsional de los artistas locales?, más conocido como “El pago de Chile”.

 La vida es bastante precaria para muchas personas en este país y en el mundo, y en Chile por supuesto esa precariedad se acentuó con el plan laboral de la dictadura y el nuevo sistema de pensiones, porque de pronto el Estado se transformó en un ente que ya no estaba dispuesto a hacer algo por mejorar la vida de las personas sino que, al contrario, generó las condiciones para el despojo cotidiano al que tienen que someterse los trabajadores, con excepción de los grupos privilegiados, como las fuerzas armadas, por ejemplo. Esa situación no ha mejorado mucho hasta ahora. Hoy en Chile existen distintas leyes laborales y en ninguna de ellas cabe el trabajo artístico, es una condición que simplemente no existe para la burocracia y por eso los artistas se ven empujados a ejercer funciones como gestores culturales, que tributan de alguna manera y que pueden jugar ocasionalmente el juego del ahorro previsional, aportándole plata a las grandes empresas. Pero un gestor no siempre es un artista, y tal vez eso influya para que el arte se haya vuelto un terreno difuso en el que cualquiera con habilidades para funcionar dentro del mercado pueda destacar como “creador”.

Según tus perspectivas, ¿cómo crees Verónica se puede llevar a cabo una digna previsión artística?

En este sistema, que funciona bastante bien para sus promotores, no hay espacio ni siquiera para imaginar un sistema previsional para alguien que no produce de la forma en que el mercado quiere, porque el trabajo artístico no tiene que ver con plata, hay otro tipo de valor en una obra, y una obra puede demandarle al artista todo su tiempo, con un espacio muy pequeño para ser productivo, en el sentido que el sistema exige. En el caso de los escritores, los segundos trabajos pueden llegar a frustrar por completo un proyecto de escritura, que es un proyecto vital, aunque a muchos les cueste comprenderlo. Entonces en estos casos el pilar solidario tendría que ser más generoso, aunque por ahora eso no sea más que ciencia ficción y sigamos viendo los malabares que tienen que hacer los artistas para subsistir, y qué decir cuando se enferman o cuando no pueden generarse ingresos con un segundo trabajo. Entonces, las opciones son limitadas, o te aferras a alguna tabla de salvación, una familia, una relación conveniente, por ejemplo, o reduces al mínimo el trabajo creativo o intelectual, en beneficio de tu segundo trabajo.

*Verónica Jiménez (Santiago de Chile, 1964). Escritora, periodista, Directora Garceta Ediciones. Ha publicado poesía, narrativa y ensayo. Islas flotantes(Stratis, 1998), Palabras hexagonales(Quimantú, 2002), Nada tiene que ver el amor con el amor(Piedra de Sol, 2011; publicado por Raffaelli Editore en 2014), La aridez y las piedras(Garceta, 2016),Catábasis(Cuadro de tiza, 2017). Cantores que reflexionan. Cultura y poesía popular en Chile(Garceta, 2014) obtuvo el Premio Mejores Obras Literarias del Consejo del Libro en 2012. Es autora, además, de la novela Los emisarios(Garceta, 2015).

 

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