Por Marcelo Arce Garín

 

Desde Renca, con sus leyendas en el cerro y las articulaciones poblacionales como punta de lanza llega Claudio Alvarado Lincopi, Licenciado y profesor en Historia, Magister en Historia y Memoria, Miembro de la Comunidad de Historia Mapuche. Sus desvelos son las articulaciones entre colonialismo, racismo y ciudad.

¿Cómo ves el futuro de la resistencia mapuche, con un sitio militarizado y graves faltas a los derechos humanos sobre todo de niñas y niños ?

El Terrorismo de Estado efectivamente ha sido una continuidad en territorio mapuche. Son constantes las violaciones a los derechos humanos en las comunidades, cientos de allanamientos, persecuciones y hostigamientos diarios han debido soportar las zonas que han sido militarizadas. Ya es imposible enumerar cada uno de los casos donde niños y niñas han sufrido la violencia policial en sus casas, e incluso en sus propias escuelas. A todas luces estamos frente a un Estado que ha privilegiado la protección de las grandes inversiones a la vida humana. Y esto es importante de remarcar, la lucha mapuche es por la humanidad, es por la gestación de un modelo de vida que se resiste al extractivismo capitalista, a la depredación de la naturaleza, porque se entiende que aquel modelo de desarrollo amenaza a la humanidad misma. Y claro, los gobiernos neoliberales de las últimas décadas han privilegiado el saqueo, la extracción descomunal, la desposesión de los recursos y de la vida, cuestión de larga data en territorio mapuche, por cierto, desde la colonización chilena en la segunda mitad del siglo XIX para ser más preciso.

Ahora bien, durante los últimos años, la desposesión se ha buscado matizar con políticas multiculturales, mediante las cuales se gestan ejercicios celebratorios de la diferencia, pero sin problematizar la dimensión política de la relación Estado-Pueblo Mapuche. Y acá se ubica una segunda dimensión de interés. Los gobiernos neoliberales han querido incentivar procesos de reconocimiento cultural despolitizados, haciendo gárgaras folclorizantes del “otro” de la nación chilena, promoviendo tolerancias del “indio permito”, aquel que puede presentarse como figura museográfica, cosificada, vuelta mercancía.

Con todo, tenemos dos viejas estrategias de todo ejercicio de dominación: el garrote y la zanahoria. De esto se trata justamente el último anuncio de Piñera, el llamado Plan Araucanía. Busca incentivar la inversión extractivista, y para los que se nieguen, pues, garrote con el Comando Jungla. Y aquellos que se quieren sumar a la propuesta: zanahoria multicultural, es decir, tolerancia folclorizante, turismo étnico, en definitiva, lo indígena devenido en mercancía. Nada de autodeterminación de los pueblos, nada de recuperación territorial, nada de derechos colectivos.

En este escenario, el pueblo mapuche avanza en la búsqueda de unidad. Recientemente se desarrolló una gran movilización en Temuco por la restitución y defensa del territorio. Allí se esta cuajando no solo la resistencia, sino las propuestas del movimiento, de un importante sector del movimiento. Esta marcha demostró una voluntad de lucha contra las propuestas de Piñera, pero también una voluntad de unidad, una voluntad de reconstrucción. En este sentido, veo el futuro del movimiento con mucho entusiasmo, sobre todo en la medida que como pueblo gestemos procesos de articulación entre las múltiples expresiones del actual heterogéneo movimiento mapuche, anclados por supuesto en las dos propuestas históricas: Territorio y Autodeterminación.

Las redes sociales crean vanos signos de batalla tras el escritorio, mucho turismo social y pose a inundado esta causa, ¿cuál es tu postura frente a este fenómeno que no aporta en nada?

No sería tan determinante. No creo que los procesos de acompañamiento, solidaridad y apoyo, bajo sus diversas modalidades, no aporten en nada. Claro, hay grados, y esas gradualidades dependen muchísimo de las intenciones detrás de la solidaridad. Y esto último es muy difícil de medir en los abstracto, las intenciones son solo medibles caso a caso, por tanto, no generalizaría. No diría, por ejemplo, que todo apoyo en redes sociales es innocuo. Hoy, por cierto, el internet es fundamental, la difusión noticiosa es central en toda movilización, romper cercos mediáticos se ha transformado ineludiblemente en parte de la agenda de todo movimiento social.

Desde mi perspectiva hay que abrazar la idea de que existen diversos roles en los movimientos sociales y políticos. No todos pueden estar haciendo lo mismo, ni estar en el mismo lugar, ni activando una sola tecla de las innumerables tareas que tenemos por delante. Actualmente el movimiento mapuche, lo intente decir al final de la respuesta anterior, tiene una heterogeneidad muy rica, y ello no es algo negativo, por el contrario, da cuenta de un crecimiento y maduración. Si bien el actor más relevante del movimiento mapuche seguirán siendo las comunidades, allí está el motor y las reflexiones más contundentes de la movilización, existen otros agentes que el movimiento autodeterminista debe lograr traer para sí. Los técnicos y profesionales mapuche son cada vez más, y pueden llegar a hacer un aporte gravitante para los procesos de reconstrucción como pueblo, y ni hablar de los trabajadoras y trabajadores urbano mapuche.

Por cierto, sin ir más lejos, nosotros como Comunidad de Historia Mapuche, desde el mundo de la investigación, la escritura y la publicación buscamos edificarnos no como un elemento externo del movimiento de nuestro pueblo, somos parte de él, la mayoría de nosotros nos educamos políticamente en diversas organizaciones, y la academia ha resultado ser más nuestra pega que nuestra definición vital. Y, por el hecho de escribir y publicar, en ningún momento nos pensamos como iluminados, nuestra declaración es que toda nuestra gente construye conocimiento, nosotros no venimos a inventar nada, solo buscamos, por un lado, dar la batalla de las ideas en la arena hegemónica para ello y, por otro lado, construir autonomía editorial e investigativa para el futuro Wallmapu autodeterminado. Es decir, cumplimos un rol, nunca determinante, nunca central, mas un rol ineludible, del proceso mayor que tenemos como pueblo.

Y, en este sentido, el mundo solidario con la movilización mapuche también cumple un rol, muchas veces de contrainformación, otras de colaboración efectiva, en fin, bajo diversas gradualidades. Ahora bien, desde mi perspectiva, creo que el mejor rol que se puede edificar desde la solidaridad con un pueblo colonizado, como es el caso del pueblo mapuche, es construir una sociedad no colonizadora, es decir, es fundamental gestar otro Chile para refundar la relación con Wallmapu. Y aquí la izquierda y el movimiento social chileno tiene el rol fundamental, pensar y construir una chilenidad antiracista y anticolonial, una chilenidad que se fracture de la blanquitud utópica que edificaron las elites, de abrazar la condición latinoamericana y morena del pueblo, que Chile se manche de la hermosa morenidad, pero principalmente que cuestione y supere el modelo de desarrollo impuesto por la dictadura neoliberal. Y aquí creo que estamos todos, luchando contra la financiarización de la vida y el extractivismo indolente. Aunque claro, esta vez, potenciado la libredeterminación de los pueblos que habitan Chile, porque esta vez no puede ser solo con empanada y vino tinto, deberá ser también con katuto, chupilka y muday.

 

 

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