Por Rubí Carreño Bolívar (1)

Cuando despertamos, los dinosaurios seguían allí. Conocí a Juan Pablo Sutherland en esa década en que la gente cantaba demasiado ansiosamente: “cuando el juego se hace verdadero, el juego”. Había llegado una democracia recién nacida que no decía agú, sino Augusto, sin sentir, todavía, demasiado, el gusto.La sal no sala y el azúcar no endulza, la década de “Fome” de Los Tres.  Era una democracia con olor a tanqueta, sin empanadas ni vino tinto: “Bienvenido al laberinto eterno, de fuego”.

Lo vi al chico este -que era tan bello entonces como ahora- entre una diversidad de antropólogos y sociólogos que querían deslindarse a toda costa de lo que llamaban la violencia de la masculinidad hegemónica. Habíamos aterrizado en la Red de masculinidades de la FLACSO desde nuestra hermosa nave espacial literaria trayendo libros de José Donoso y de la Butler en las manos como signos de paz.  Al final de cada reunión íbamos a comer al casino de una Compañía de Bomberos donde hacíamos discretos experimentos con humanos.  Allí cuarteábamos  a la amable concurrencia de uniformados buenos, no como los otros y al joven de la red que nos gustaba. No nos dio bola. Seguro por hetero, decía uno, o por gay, decía la otra, seguro se lo pierde, constatábamos expertos mientras nos embuchábamos un chacarero con y sin ají. Seguro no había nadie más interesado en las masculinidades que Juan Pablo y Rubí en los noventa. Era también la época en que Celeste Carballo y Sandra Mihanovic se habían apropiado de una canción  de izquierda para  hacerla el  himno del amor que resistía toda prohibición: Si te quiero es porque sos…La democracia no había llegado ni a la calle ni a la cama, aun cuando muchas, muchos, muches habían quemado alas y pestañas por traerla a la tierra: te quiero en mi paraíso y es decir que en mi país, la gente viva feliz aunque no tenga permiso.

Un amigo mío diría que Papelucho gay en dictadura es la novela de formación artística de un joven popular, jotoso y marucho, creo no podría hacer mejor síntesis que esa. Traigo hasta ustedes el recuerdo de Juan Pablo treinteañero en la red de masculinidades por la idea de red, de comunidad en la conformación de una subjetividad, que es uno de los temas que el libro  explora. Aparecen en sus páginas muchas pequeñas y grandes comunidades: La familia extensa popular que dice donde comen dos, comen tres, mi casa es tu casa, la casa; el movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo, no tenemos miedo, quiero que mi país sea feliz, con amor y libertad; la comunidad de curas y monjas pobladoras, Oscar Jiménez, Aline Robin y Margarita Westwood,  diosas en tierra (2) : “Quiero expresar que te quiero, que el amor está al centro dando la batalla con todo su fuego”; el liceo y su bullyng que el protagonista escamotea, precisamente, por pertenecer a más de una comunidad; la jota, todavía, que miraría con desconfianza a los jóvenes como Pablo, quitándoles sin ley escrita el derecho al amaranto hasta que Gladys Marín entró con Pedro Lemebel a un nuevo rojo amanecer. Esa misma  jota años después,  haría una guardia de honor por Lemebel mientras  el alcalde comunista recoletano le haría un homenaje, son hechos.  Tal vez por una educación en la ignorancia  hemos podido tener un pasado homofóbico, pero las letras tocan el corazón, las alianzas y las complicidades, cambian las comunidades y los mundos. También  aparece la comunidad imaginada de los libros y las canciones como una familia astral que va enseñando caminos, que abre puertas, que salva vidas, como este libro sé que hará.  En todas esas comunidades el joven Papelucho gay es fiel a su deseo que escribe y describe, ese jardín sin límites que es la escritura le da un espacio  mientras dura el secreto hasta que al final …. Bueno, no soy la María Romero, y menos, la Yolanda Montecinos, así que no les contaré el final del libro, al menos no hoy.

Me han preguntadico algunas personicas que es lo que piensico de la disidensica, hay que preguntica más infantilica, solo un puñuflico la formulárica, pa mis adentricos la comentárica. Para un sistema que premia los encierros y castiga las libertades ser una mujer, artista,  un poeta, un bailarín, un cantor del pueblo, el director de un circo teatro,  un estudiante de letras, también un homosexual pleno es ser un disidente.  En el contexto patriarcal que acumula armas y capital y no experiencias, y que homogeniza a sangre y fuego los cuerpos y las identidades, un disidente es el que responde creativamente al biopoder siguiendo y haciendo su propio deseo vital. Violeta Parra, Víctor Jara, Pedro Lemebel, Andrés Pérez y algunos más han exhibido y productivizado artísticamente lo que los otros llaman diferencia.  Todos los seres humanos somos iguales, sí- pero hay unos más iguales que otros agrega la Susanita que muchos llevan dentro. Es que mira, es demasiado izquierda, demasiados maridos, muy poco marido, mucha pobla, mucha pluma,  como si hubiera entonces una norma de igualdad. Las comunidades hostigan al excelente, no al diferente y son  las complicidades, las antiguas y  nuevas familias, las canciones y los libros quienes permiten seguir alentando la vida o la destrozan.

Por esos azares estuve en el nacimiento de Papelucho Gay, era parte de un jurado que evaluaba proyectos de creación en novela. Aunque todos coincidíamos en la calidad literaria de Papelucho gay en dictadura, una parte mayoritaria de  los jurados, todos,  excepto yo, discutía con total convencimiento que ese texto no era una novela, que podía ser crónica,  poesía,  estampas o calcomanías como las de Girondo (y eso que en esa versión no había todavía fotos como en esta preciosa edición de Alquimia) pero novela no era. Discutimos una hora sobre el tema: que la característica de la novela es trasformar lo precedente decía yo, que la gente y la propia literatura reescribe los textos de acuerdo a su propio tiempo, que Bajtín y que esto y lo otro.  Ninguno de los jurados dijo ni por asomo la palabra homosexual o gay, sino que el texto simplemente no se ajustaba al género, a la novela; especificaban. Hoy mismo discutí por Facebook con una señora que temía que el gran Papelucho de Marcela Paz fuera desvirtuado. ¿A qué  les suena un  texto Papelucho desvirtuado, pervertido, cambiado en su naturaleza y propósito y que no respeta el original? Tanto en ese jurado como en este comentario, digamos inocente, se advierte una homofobia inconfesa, que se ampara en saberes literarios para desplazar hacia el margen al sujeto y textos valiosos. Perdí, perdimos, hasta hoy. Así que le he contestadico al preguntonico que la géntica se hace grandica con los que dicen son  disidenticos pues les recuerdican a cada único su libertad. En cada planta que se resiste a ser llamada maleza, hay una planta medicinal que se sana a sí misma y con ello a la sociedad.   El joven papelucho gay pone su vida en peligro por comunista y por homosexual, también por estar  en riesgo social como dice el eufemismo a la pobreza. Lo protegen las ropas de dandy que le cose su madre, las palabras fuertes y bellas de la abuela, y la voluntad de luz, de humor y de amor que se encuentra en cada página.  Quizás el talismán mas poderoso, que protege contra la muerte a este hijo de la rebeldía que podría ser  el otro nombre del protagonista, es su propia voz, esa que con toda fuerza le permite  contestar con otros en un estadio lleno al tocayo del autor: ¿están dispuestos a dejar el sexo? :  No y no y no y no.   Pienso, una voz como esa, frente a las miles de vocecitas minúsculas del menosprecio y la ratonería, puede salvarte un día. También la olla común, del amor de las mujeres de tu vida o  el cartón en el zapato que tu padre te puso para que no le entre frio mijito, mijita.

Pablo el histórico, el que estaría en una nota al pie del libro leyó frente a una comunidad de militantes comunistas y una congregación religiosa cristiana en su población en La Cañada Dos un poema donde decía con total belleza y aplomo que era homosexual. Quien me lo cuenta, es alguien que estuvo ahí y me dice: nosotros no sabíamos, quedamos como impactados, no de que fuera homosexual, sino de su valentía.

Pero no solo del valor humano vive la literatura, aunque es condición imprescindible de una canción nueva. El valor literario del texto radica también en su forma:  el texto es capaz de hilar la gran historia dictatorial con la microhistoria de un joven homosexual de Pudahuel que será un militante y un artista, con dos líneas ficcionales, los medios que tributan y sirven a la dictadura y paralelamente alimentar la imaginación literaria y sexual de nuestro protagonista (Burt Reynolds por ejemplo, 1313). Así mismo,  las ficciones con las que el narrador púber  que no es tan tonto como dice cada cierto tiempo, explica y entiende ese mundo. La nota al pie, donde aparecen los nombres de los imprescindibles  junto con las fotografías de la familia es el sustrato del protagonista ficcional. La historia con mayuscula y minuscula se convierten en ficción, efectivamente podemos ser la materia de nuestros sueños: Entonces pensé que el mundo era mas interesante de lo que yo creía, es decir, no solo el amor por hombres o por mujeres era la formula para ser feliz. Me había entrado el bichito del amor, estaba frito igual que Allende, Astroboy y Papelucho, estaba metido hasta las patas en mis sueños (35). La idea de una infancia marica, marucha, jotosa y poblacional en dictadura que es narrada generalmente como puro sufrimiento y aguante se vuelve una épica popular, tierna, lúcida y en la que la solidaridad es el sol de cada día y en la que ese secreto de la militancia y el deseo, ser la disidencia en una disidencia se termina anunciando a los cuatro vientos.

Pienso en mi mamá que no me regalo muñecas sino libros y acá estamos ( tuve un par que guardaba literalmente en el clóset), en Gladys Marín haciendo una revolución que le resultó, en Pedro que estaría aplaudiendo en primera fila y robando cámara con unos tacos rojos sangre rubí, en mi Juan Pablo, mi amigo del colegio que me salvó y me salva todavía, en este Papelucho gay y en dictadura,que conocí de guagua y del que pude leer con placer ahora, sus primeras pajas, en esa canción que cantábamos creyendo entonces y ahora:

Te quiero en mi paraíso,

 es decir que en mi país

la gente sea feliz aunque no tenga permiso,

si te quiero es porque sos

 mi amor mi complice y todo

y en la calle codo a codo,

somos mucho mas que dos,

 somos mucho mas que dos.

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(1) Profesora Titular de la Universidad Católica de Chile.

(2)Agradezco a Pilar Verdugo y a su hijo Vasily por la conversación sobre Gladys Marín y las monjas Aline Robin y Margarita Westwood

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