Por Marcelo Arce Garín

 

 En tiempos de COVID-19, con una paupérrima intervención preventiva desde el Estado y quienes lo administran nos reunimos a conversar con Silvia Aguilera y Paulo Slachevsky, fundadores de LOM Ediciones. Una de las editoriales más importantes de nuestro país y con un catálogo diverso donde caben poesía, ciencias sociales, ensayo, novela, cuento, teatro, política, historia y fotografía.

 Desde 1990 diversos autores y títulos han enriquecido nuestros ojos e intelecto gracias al trabajo editorial de LOM. Hoy abrimos un diálogo para El Irreverente y nos esforzamos por atisbar el futuro con una sombra de incertidumbre.

– Desde el escenario que nos impone esta emergencia sanitaria mundial. ¿Qué nuevas plataformas visualizan, aparte del libro para generar contenidos?

 Creemos que ahora – en el contexto de la pandemia–, como en los últimos años, existe una oferta casi ilimitada de espacios personales o colectivos para difundir contenidos. Estos cobran una relevancia distinta en condición de confinamiento, porque desde allí vemos el mundo que nos rodea y son espacios que posibilitan la difusión de voces y reflexiones diversas que están completamente ausentes en los medios masivos de comunicación. Aún así, creemos que el tema central no está allí, en tener más o menos plataformas, medios, soportes. El tema está en el tiempo que    –para algunos– nos devuelve este confinamiento, tiempo que pasa por la inquietud frente a la falta de “productividad” de esas horas, para luego asumir el proceso de reconocerlo como un tiempo nuestro, un tiempo para detenernos frente a tanta producción de contenidos y poder discriminar, seleccionar, curiosear, poniendo en ejercicio la mirada reflexiva y crítica.

 Ante la masa de información que recibimos a diario, el desafío es más bien cómo llegamos a núcleos de interés, cómo abordamos temas que, entre otras cosas, nos ayuden a leer el momento que vivimos y a proyectar el devenir. Se ha abierto una pequeña ventana de tiempo, el que hemos añorado, tiempo que ha salido de la vorágine que nos impone la maquinaria productivista, y hay que aprovecharlo para procesar de manera más reflexiva los contenidos que ya circulan, más allá de la lógica de la difusión o la información.

– Al restructurarse el mundo económicamente presenciamos un derrumbe en el libre mercado. ¿Cómo observas las políticas del libro, su reestructuración y riesgos?

 No es evidente un derrumbe del libre mercado, la historia lo ha demostrado con creces, a veces nuestros anhelos de cambios llevan a confundir deseo con realidad, por lo que debemos ser cautos. Sin duda la contingencia, una vez más, pone en evidencia el carácter nocivo y perverso del sistema, las consecuencias de la brutal desigualdad que genera, sus lógicas inhumanas y destructoras de la naturaleza. Pero tenemos que estar claros que una crisis como esta, además sin una contraparte que le haga frente a las políticas de los guardianes del sistema, puede terminar reforzándolo, acrecentándo la concentración, potenciando la precariedad laboral, entre otras cosas. También, a través del miedo, recurso histórico del poder, esta pandemia puede reforzar actitudes conservadoras que limiten las energías logradas por el movimiento social que vivimos desde octubre.

 En tal sentido, en los más diversos ámbitos, el futuro próximo está en juego, y para lograr cambios reales, es necesario la implementación y profundización de políticas de mediano y largo plazo que tuerzan en algo la mano a la lógica neoliberal. En el mundo de la cultura y del libro en particular, es momento de reforzar la aplicación de algunos puntos de la Política Nacional del Libro y la Lectura que buscan la democratización del libro y relevar la creación y producción local siempre marginada por el colonialismo cultural dominante.

– La consigna en las murallas es “El neoliberalismo nace en Chile y muere en Chile”, desde esa premisa. ¿Qué opinas de las nuevas herramientas online autoconvocadas de las autoras,  autores y editoriales para difundir sus trabajos?.

 En estos momentos de confinamiento, las herramientas online son muy importantes para mantener viva la solidaridad, la denuncia, dar voz e informar sobre lo que el sistema y los medios masivos callan, pero si bien se generan algunos procesos creativos que hay que destacar, se trata fundamentalmente de espacios de difusión, y ello no permite la sobrevivencia de proyectos culturales, la sustentabilidad de autoras, autores, editoriales y del ecosistema del libro y la cultura en general.
Sin duda este periodo ha refozado el teletrabajo, las ventas online, la economía digital, pero eso no ayuda a fortalecer el valor del trabajo, la dignidad por la cual se lucha, muy por el contrario: mientras todos interactuamos allí de manera “facil”, generosa y gratuita, las grandes plataformas, hoy las empresas más grandes del mundo y las compañías de telecomunicaciones, siguen ganando y acumulando.  Siguen controlando nuestros gustos, intereses y movimientos.

Nuestro desafío hoy está en resisitir, no abandonar los lazos de fraternidad y solidaridad, a pesar de estar recluidos y disgregados, intentar sostener los núcleos y colectivos que alimentan nuestras discusiones y desde esa perspectiva mantenernos vinculados por estas vías está muy bien. Pero nada reemplazará el vínculo humano, el encontrarnos cara a cara, estrecharnos en un abrazo, conversar y discutir de manera presencial; la virtualidad no remplaza el vital encuentro físico con el otro. De esta manera en el ámbito del libro, si bien es necesario usar esas redes y lograr generar espacios para dar a conocer aquello que no se ve y  promover las publicaciones de editoriales independientes en versión digital o de venta online, es central mantener vivo los espacios propios analógicos, que por ahora siguen siendo pequeños reductos que escapan al control de “la matrix de la información”, siendo espacios de libertad e independencia, por lo que el desafío es lograr su sustentabilidad y reforzar la solidaridad entre los diversos actores.

Créditos Fotografía: Ricardo Aguilera

 

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