Por Patricia Ramírez

En la actualidad Chile reconoce oficialmente la existencia de nueve pueblos originarios. Pero, reconocimiento “a la chilena”. Es decir, tiene letra chica ya que no hay un respeto efectivo, no hay rescate de sus historias, devolución de sus tierras, ni reconocimiento de autonomía y reparación a abusos cometidos en el pasado. Es más, el estado chileno y las clases dominantes han tenido una conducta y actitud negacionista[1] respecto al genocidio cometido tanto del estado como de los estancieros, ovejeros, ganaderos y buscadores de oro en contra de los pueblos Kawesqar, Selk´Nam, Aoniken y Yagán.

En el Senado de Chile duerme desde hace años un proyecto que declara como “genocidio” el exterminio de los habitantes de la Patagonia y Tierra del Fuego (los pueblos Kawesqar, Selk´Nam, Aoniken y Yagán) a manos de los propios chilenos.

En la discusión parlamentaria sobre el genocidio Selk´Nam realizada a cabo por la cámara de diputados de Chile, el diputado Jorge Sabag trató de que la Comisión de Cultura, Artes y Comunicaciones cambiara la palabra genocidio por extinción, siendo rechazada su petición por mayoría de votos. Lo que el político del Partido Demócrata Cristiano pretendía con esa modificación era liberar de responsabilidad al Estado chileno en los crímenes y de paso dar por desaparecido al pueblo Selk´Nam.

Los integrantes de los pueblos originarios enfrentan diferentes formas de discriminación racial y social: en promedio son más pobres y tienen mayores tasas de desempleo y analfabetismo que el conjunto de la población chilena, menos conexión a internet y más desprotección social. Han sido uno de los sectores más golpeados por el coronavirus, ya que viven mayoritariamente en sectores rurales y la mitad no tiene acceso al sistema de salud.

[1] El negacionismo chileno es similar a lo que hace el estado turco de negar el genocidio realizado en 1915 en contra del pueblo armenio donde las fuerzas armadas turcas asesinaron a 1.500.000 armenios.

 

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