Patricio Reyes Puelma

Surgimiento de la organización sobre la base de la unidad y autonomía

Notables son los aportes de la organización en la unidad y colaboración del movimiento revolucionario en América Latina, desde la formación de la Junta de Coordinación Revolucionaria, hasta los apoyos recíprocos, intercambiando recursos, apoyando con combatientes si fuera el caso, como sucedió en Centroamérica y América del Sur.

Ante el tercer fracaso electoral consecutivo de una alternativa de izquierda (1952, 1958 y 1964) y la agudización de las luchas populares en el país y el continente, surgió la necesidad de levantar una estrategia distinta para alcanzar el poder que permitiera cambiar el sistema capitalista imperante en Chile. Es así, que se generó un ambiente de acercamiento y un sentimiento de unidad entre las diferentes vertientes políticas, dirigentes sociales, activistas y líderes sindicales. Este sentimiento unitario se palparía en un documento en el que se hizo un llamamiento a la unidad para formar una nueva organización donde confluyen marxistas, cristianos, anarquistas y trotskistas. El congreso de fundación se realizó el 15 de agosto de 1965 y entre los fundadores que asistieron a dicho congreso estaban Clotario Blest, Luis Vitale, Ernesto Miranda, Humberto Valenzuela, Enrique Sepúlveda, Miguel Enríquez, Bautista van Schouwen y Luciano Cruz.

Allí se definió el carácter socialista de la revolución, la necesidad de la lucha armada para la toma del poder, un programa base para una nueva sociedad y una línea internacional, como elementos centrales de la nueva organización.

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Hay algunos elementos que son importantes de rescatar como, por ejemplo, que ese esfuerzo surgió del espíritu de unidad y no de división, cuestión que había estado presente en la historia, tanto en Chile como en América Latina. También fue importante su autonomía respecto a cualquier centro de dirección internacional, lo que quedó establecido claramente en una declaración en la que manifestó el desacuerdo sobre la intervención soviética a Checoslovaquia, en agosto de 1968.

El MIR, en su caminar histórico, se distinguió por tener un buen grado de ductilidad para comprender los distintos momentos políticos e históricos junto con intentar levantar una línea política para enfrentar las distintas coyunturas o cambios de la situación política. Es así como, al cambiar el periodo, con el triunfo electoral de Allende debió adaptar su táctica. También incorporó el concepto de “los pobres del campo y la ciudad”, tanto programáticamente como en la lucha, trató de vincularse con sectores del pueblo mapuche y sectores cristianos.

Notables sus aportes en la unidad y colaboración del movimiento revolucionario en América Latina, desde la formación de la JCR hasta los apoyos recíprocos, intercambiando recursos o apoyando con combatientes si fuera el caso, como sucedió en Centroamérica y América del Sur.

Por otro lado, también se cometieron errores tácticos, tanto en el campo político como en los esfuerzos de la resistencia armada y militar contra la dictadura cívico militar. Errores como la consigna el MIR no se asila o el carácter y ritmo en la implementación del plan 78. La incapacidad para resolver las diferencias y contradicciones internas; los golpes represivos que asesinaron a más de mil quinientos militantes y dirigentes, diezmaron a la columna vertebral de la organización y son factores que pueden explicar la posterior fractura, división y dispersión del MIR. Pese a esta situación se puede decir que los planteamientos, aportes y cultura se quedaron en el imaginario popular (especialmente de los jóvenes) e incluso mayoritariamente los sobrevivientes con sus experiencias participan y luchan junto a las vertientes populares. Finalmente, no podemos olvidar el fuerte componente ético que acompañaron a estas/os luchadoras/es que hacían lo que decían -aunque se les fuera la vida en ello-, practicaban la transparencia, consecuencia y una gran mística.

 

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