Por Matías González. 

El pasado 1 de julio Israel empezó a llevar a cabo su plan de “Paz”, que busca anexar, de manera ilegal, territorio legítimamente palestino ubicado en Cisjordania. Este acuerdo es patrocinado por Donald Trump. Obedece al papel de gendarme que cumple Israel en Medio Oriente y al poderoso lobby israelí en Estados Unidos. El mandatario estadounidense reconoció a Jerusalén como la capital de Israel en 2017, una decisión autoritaria que fue el preámbulo de lo que ocurre hoy en Cisjordania.

Cisjordania es un territorio donde viven 3 millones de palestinas/os y, junto a la Franja de Gaza, conforman los dos territorios palestinos que Israel no ha anexado en su totalidad. Israel desde 1948 hasta la actualidad ha anexado más del 70% de territorios palestinos, de una manera unilateral, transgrediendo derechos humanos y leyes internacionales.

En Chile, el presidente de la comunidad Palestina, Maurice Khamis, señalo que “si Israel anexa lo que pretende se acaba Palestina” y, lamentablemente, está en lo cierto. Hace más de 70 años que la ocupación israelí va en aumento, acarreando miles de muertas/os palestinos, y miles más que han tenido que dejar sus tierras.

Muchas/os de ellas/os y sus descendientes están radicados en Chile, donde hay más de 500 mil, siendo el territorio donde más palestinos hay fuera de medio oriente. Hoy ya son chilenas/os, son trabajadoras/es y estudiantes, pero guardan la tristeza de no poder volver a sus raíces y la impotencia de tener que “aceptar” que su hogar en Palestina será destruido, que sus plantaciones de olivos y mandarinas serán quemados para construir asentamientos de colonos israelíes.

Cargan con el dolor de ver cómo ante los ojos ciegos y oídos sordos de la comunidad internacional, se destruye su cultura, su tradición y su identidad es arrancada de raíz por un Estado ilegítimo, amparado solo por la ambición del capital norteamericano, todo esto en nombre de la “paz”.

NO COMMENTS

Leave a Reply