“Bozal humano”. Realizado por miembrx de “Mujeres creando”.

Por Minerva Rios.

La violencia contra la mujer es una constante en la lucha política social de las mujeres. Pero es también, una lucha solitaria y silenciosa que viven miles de ellas a diario, las que en tiempos de confinamiento se han visto doblemente expuestas a ser violentadas, de manera privada. Situación que pareciera ser respaldada por el Estado, en el ámbito público, en tanto a la omisión y falta de acciones concretas que permitan poner fin al agravamiento de la violencia doméstica en época de de cuarentena.

Es preocupante que ya pasados cinco meses de cuarentena total en algunas ciudades, aún no se tomen medidas claras respecto al proceder en los casos de violencia. Muchas mujeres son violentadas a diario tanto física, como psicológicamente, y quedan a la deriva cuando acuden a la justicia o alguna entidad de apoyo. Desde el SERNAMEG se han implementado medidas poco funcionales que son vías de información y apoyo, más que procesos de denuncias serios y comprometidos con salvaguardar la vida de estas miles de mujeres que están en peligro. De igual manera, los llamados de denuncia han aumentado en un 70%.

Un ejemplo de lo irracional de cómo funciona el sistema es el caso de una mujer que fue detenida en Pichelemu y dejada en un calabozo de carabineros, por movilizarse para hacer una denuncia por violación en horario activo de toque de queda. ¿Estamos preparadas/os socialmente para tomar decisiones que impliquen dejar en cautiverio a miles de mujeres con sus agresores? ¿Está el gobierno tomando decisiones serias, informadas y comprometidas respecto a cómo actuar en casos de violencia de género? ¿Se ha reconocido la violencia de género como una constante persistente, la que no se puede obviar al planificar políticas públicas?. Se hace pertinente, también, saber si se le está tomando el peso necesario a lo que es ser sobreviviente de violencia de género.

La violencia que experimentan las mujeres, además de ser alta en cantidad, es variada en las formas en las que es ejercida: pasando por insultos, humillaciones, golpes, gritos, violaciones, hasta llegar a la muerte. Solo es esta última la única tipificada como causal delictual en casos de violencia de género, en la reciente “Ley Gabriela”.

Pese a las insistencias de la ONU, en cuanto a las medidas de prevención de la violencia contra las mujeres (presentadas en abril de 2020) y las cifras alarmantes que mostraron países a los que les afectó la pandemia, en Chile no se han tomado las medidas necesarias para cuidar el bienestar de quienes se encuentran más vulnerables. Se está al debe con la población en general, pero en especial con quienes en situación de confinamiento se encuentran en su hogar, siendo este un lugar de alto riesgo.

Es importante pensar en el quehacer práctico y para dar medidas básicas de protección y seguridad a quienes se sabe de antemano están en un constante riesgo. Se necesita potenciar la denuncia, haciéndola más expedita y eficiente; además de hacer el enjuiciamiento público y privado de las conductas que crean, facilitan y replican el actuar violento contra las mujeres, para así ir a un cuestionamiento de todos los tipos de violencia y avanzar de manera seria para erradicarlos.

Esto, siempre apelando a la solidaridad, al compañerismo mutuo y al actuar social – comunitario como la herramienta base de la articulación de un nuevo tejido social, que es una de las tantas invitaciones que deja abierta esta crisis sanitaria, política y social.

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