El encuentro comunitario mapuche en Curacautín logró definir algunos pasos, logró un grado de rearticulación, repudiar el acto cobarde que hicieron los fascistas, latifundistas, amparados por la gente del pueblo chileno. Aunque el Lonco Curamil precisa: “Es importante no confundir a nuestro enemigo, sabemos dónde tenemos que pelear, dónde tenemos que dar la lucha. Hay un territorio usurpado, están las empresas forestales, están los camiones que muchas veces contaminan nuestro territorio, pero acá en Curacautín también hay pobres”.

Así mismo, la huelga de hambre de los presos mapuche, en particular del machi Celestino Córdova, logra un pequeño avance, al llegar a un acuerdo  con el gobierno que contempla que; los presos políticos mapuche en huelga de hambre no serán sancionados disciplinariamente por Gendarmería; que por ser miembros de pueblos originarios podrán optar a ser trasladados a Centros de Educación y Trabajo; se oficiará a la Defensoría Penal Pública para que pidan solicitudes de revisión de medidas cautelares y su paso de prisión preventiva a arresto domiciliario; Módulos especiales para presos políticos mapuche y se continuará con los diálogos interculturales penitenciarios que permitirían modificar paulatinamente el respeto a la pertinencia cultural en la reinserción laboral y educación, salud, alimentación y asistencia espiritual.

Aunque paralelamente Piñera insiste en señalar “nuestro compromiso con el Estado de derecho, con el orden público y la seguridad ciudadana es total”; esto se traduce en agudizar la ocupación militar del estado en las regiones de la Araucanía y del Biobío, con el masivo despliegue terrestre y accionar de fuerzas policiales y militares.

Además, sectores sociales de su base de apoyo exigen más represión en la región, en particular los transportistas de camiones que ya se han prestado anteriormente como punta de lanza para boicotear las aspiraciones populares y justificar la bota militar como en octubre del 72 y septiembre 73 nuevamente lo hacen. Tanto es así, que este sector ha impulsado una movilización nacional que incluye, prostitución, carretes, incumplimiento de norma sanitarias, bloqueo y cortes de carreteras e incluso asumiendo de hecho funciones de fiscalización con camioneros que circulen con mercadería sin acatar el paro.  Hay una actitud cómplice del gobierno con esta movilización de los transportistas para presionar al congreso para aprobación de un paquete de leyes represivas que le interesa impulsar a Piñera, por eso el guante de seda y las justificaciones desde el ministerio del interior.

Este mes de septiembre no podemos dejar de señalar que se cumplen 47 años del golpe cívico militar en que, la clase dominante recuperó el aparato del gobierno, arrebatando las conquistas de los sectores populares, desarrollando una feroz represión e instaurando a sangre y fuego un modelo neoliberal capitalista con todas las consecuencias que conocemos, aunque la derecha se vista con otro ropaje su vocación de dominación y represión es inherente a ella.

En ese marco, ante la nueva situación generada a raíz de las movilizaciones sociales políticas de octubre del año pasado, a regañadientes y en un acuerdo de las elites a espaldas de los sectores sociales movilizados, el 15 de noviembre los personeros políticos por arriba y entre cuatro paredes imponen un acuerdo que contempla el plebiscito con letra chica. Pero, aun así, para la derecha el plebiscito es un estorbo y maneja varias alternativas. Desde no hacerlo que incluya contener y reprimir. Perder por poco para quitarle legitimidad al proceso. Pugnar para que el futuro congreso elegido próximamente asuma la representación de una constituyente como lo ha insinuado en un par de ocasiones recientemente el propio Piñera.

También es relevante el escenario después del plebiscito. Es decir, lo que se llama el plebiscito de salida que dará cuenta de lo concreto que se pueda lograr dentro de las limitaciones que van desde el acuerdo de las élites el 15 de noviembre. Cuando en verdad lo que cambió la situación y correlación de fuerzas fue la movilización masiva, transversal de los sectores populares ante el abuso y por sus derechos y demandas. Estas movilizaciones no se detuvieron ni ante la represión indiscriminada, los presos, los mutilados oculares, los torturados ni los muertos. Y seguirán hasta lograr parar los abusos, conquistar las demandas transversales y generar las condiciones para un cambio del sistema.

 

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