María Emilia Tijoux, Doctora en Sociología y académica de la U. de Chile en la cátedra de racismos y migraciones contemporáneas

Por Alicia Navarrete

En agosto, se realizó el foro “manifestaciones del racismo en tiempos de pandemia” organizado por el Movimiento Cloratio Blest en conjunto con El Periódico El Irreverente, dónde conversamos con la Doctora María Emilia Tijoux, académica de la U. de Chile, Socióloga e Investigadora en el campo del cuerpo y emociones, migraciones y racismo.

En esta conversación, Tijoux (2020) plantea que el racismo es un sistema con ideología potente, usa la raza, que existe sólo en la realidad imaginaria, y la utiliza como un marcador de diferencia. Esta formación histórica y estructural va adquiriendo distintas formas a través del tiempo y mantiene una serie componentes que se modifican según las circunstancias.

El racismo remite a cuestiones primarias, como los rasgos de pureza planteados por el nacismo en su búsqueda de perfección, y por otro lado una superioridad fundamentalmente cultural, racial incluso corporal, y la blanquitud tan apreciada en la sociedad chilena. Ella cita a Elicura Chihuailaf, escritor y poeta mapuche, para comenzar a pensar la historia de otra forma, los escritos del poeta remiten a la “hermosa morenidad” que, sin embargo, ha sido aplastada por esta supuesta y única rubiedad o blanquitud de la sociedad chilena.

Parte de una lógica universalista que justifica y legitima la dominación, supone que hay una diferencia natural. Y esa legitimación de la dominación es política y económica. Entonces el racismo es una maquinaria, un verdadero artefacto de castigo que aparece como lejano cuando se asesina a una persona en otro lugar, pero si no era un Georg Floyd habrían asesinado a un werken en Chile. Tijoux (2020) señala que en Chile han sido asesinadas personas haitianas, por no pago de alquiler y agua.

Estas situaciones se podrían agrupar como racismo de estado e instituciones y racismo cotidiano, con manifestaciones que pueden ir desde la violencia física, simbólica, indiferencia, categorizaciones, intimidación, desprecio, exclusión a violencia policial, persecución, señalamiento entre otras.

Tijoux ejemplifica cuando se dice que “trabajamos como negros o como chinos”, es un racismo cotidiano, se está hablando de una esclavitud que fue real. Si va más allá se encuentran canciones como la del perro judío es una danza de niñas/os y dice. “¿Cuántos panes hay el horno? y responde 21 quemados, ¿Quién los quemó? Y gritan el perro judío, los niños cantan atrácale con fuego”, que remite a los alemanes nazis que estuvieron en este continente y animalizaron a las/os judíos diciendo que eran perros. Esto muestra el racismo potente de nuestra sociedad que entra en el cuerpo, la cabeza y permanece en el imaginario, desumanizando.

En relación a la migración la académica señala “está llegando al país gente que está al lado nuestro, en América Latina, pero son deshumanizamos y exotizamos. Las migraciones no son el problema, ni los migrantes, el problema es de las/os chilenas/os niegan un color que no quieren portar en el cuerpo”. Y termina diciendo “El racismo está alojado en nosotras/os, para sacarlo tenemos que hacer frente a lo que somos, hemos dicho, hemos cantado, jugado y hemos sentido”.

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