Precarización y vulneración, realidad oculta que busca la luz. Marcha feminista, Santiago 2019. Foto:@gothicolita

Por Minerva Ríos.

Es desde la carencia y el olvido de la norma social establecida que a punta de organización social y autogestión cooperativa miles de trabajadoras/es sexuales resisten a las formas poco integrativas de hacer sociedad; las que se han visto acentuadas en medio de la crisis sanitaria, política y social asociada al Covid -19, dejando en clara evidencia la marginalización y precariedad que acompañan el contexto en el que se desenvuelve el trabajo sexual.

Han sido un centenar las madres, jefas de hogar, de estudiantes, de vecinas/os, de hermanas/os, de hijas/os que han visto materializada la precariedad laboral que acompaña el ejercicio independiente de un trabajo que, si bien es reconocido en el Código Sanitario, no lo está en un marco laboral, en el que pudiese ser reglamentado y condicionado su ejercicio en cuanto a salud, previsión social y/o calidad de laborante ante la estructura jurídica. Esto, en tiempos de confinamiento y de reducción de la movilidad de los cuerpos se ha visto materializado en la falta de alimentos, “en el hambre”.

Es en el alero de la autogestión, que han ido levantado mutuamente distintas instancias para poder ayudar y ayudarse.

Pasando desde las ayudas materiales, en cuanto a comida y útiles de cuidado personal, hasta el traspaso de saberes que ha estado asociado al tránsito masivo hacia el mundo virtual, en el que desde las generaciones más jóvenes se han organizado para ayudar a quienes son mayores y tienen menos relaciones con los trabajos en línea o los servicios que pueden ser ofrecidos por este medio.

Es así como hacen frente y resisten ante una posición de falta de derechos, desprotección estatal e incluso de persecución que enfrentan en su cotidiano, quienes viven del trabajo del sexo.

El pasado 10 de agosto, el matinal de Chilevisión; mostró el allanamiento a un prostíbulo clandestino. Este fue pasado en pantalla sin tapar las identidades de – en este caso- las trabajadoras sexuales que estaban siendo detenidas, en un contexto de burla y risas el que solo fomenta la criminalización y estigmatización que la norma social ya instaura.

El hecho protagonizado por el periodista Julio Cesar Rodríguez, fue fuertemente sancionado por fundación “Margen”, quienes aprovecharon la instancia para hacer un llamado de atención a todos los medios de comunicación. Esta entidad, ha trabajado arduamente en la promoción y búsqueda del reconocimiento de derechos de las/os trabajadoras/es sexuales, y ha sido también un fuerte pilar para quienes han encarnado de manera más cruda las consecuencias del contexto actual.

Es un avance hacia su regulación el reconocerlo como un grupo social que ha constituido de manera importante a la organización social, política y económica, desde el claroscuro en el que se desarrolla; llevando la delantera en cuanto a integración de diversidades en lugares que no eran abiertos para todas/os, ampliando sus lugares de acceso al conocimiento.

Es de relevancia poner en el discurso el trabajo sexual, el verbalizar desde una posición social – política una lucha que han llevado por años quienes ejercen este oficio y que ha sido una batalla constante por ser reconocidas/os en su carácter de laborante.

Es importante educar socialmente, para que así no se confunda – por motivo alguno- el trabajo sexual con la esclavitud sexual, trata de personas y/o explotación infantil. Si no, siendo reconocido como un trabajo voluntario, ejercido por motivación y fines propios; exento de cualquier coacción que por acción u omisión obligue a alguna persona a hacer este trabajo. Así avanzar a la dignificación del quehacer cotidiano de quienes ejercen el trabajo conocido popularmente como el más antiguo del mundo.

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