Las distintas reformas laborales impulsadas desde los gobiernos “democráticos” sólo han perjudicado aún más a las/os trabajadoras/es

Por Ariel Orellana

Subcontratos y Honorarios son las mayores expresiones de precarización laboral post dictadura de Pinochet

La contraofensiva imperialista-burguesa contra el gobierno de la Unidad Popular y las organizaciones de avanzada de la clase trabajadora, se llevó a cabo para frenar el avance en la conciencia de clase, la organización y la lucha por parte del proletariado chileno, y tuvo en el Golpe de Estado y la dictadura cívico – militar, su expresión más despiadada.

Implementó reformas político-administrativa que permitieron perpetuarse como clase burguesa en el poder y asegurar la instalación de un modelo distinto de explotación y dominación dentro del sistema capitalista. El plan laboral institucionalizó formas superiores de explotación y fragmentó a las organizaciones sindicales de las/os trabajadoras/es con el objetivo de imponer el patrón de acumulación neoliberal.

El plan laboral dirigido por José Piñera, desde el Ministerio del Trabajo y Previsión Social (1978 – 1980), lo constituían el DL 2.756, sobre organización sindical y el DL 2.758 sobre negociación colectiva. Estos se centraban en cuatro dimensiones: negociación colectiva centrada en la empresa, huelga sin paralización, libertad sindical y despolitización sindical, bases de la estructura del Plan Laboral y posterior Código del Trabajo. De esta manera se construye una normativa laboral con cobertura legal a los nuevos mecanismos de explotación de la mano de obra y el fortalecimiento de las compañías, expresado en la mercantilización de la sociedad a través de la implementación del modelo neoliberal.

El segundo gobierno de Bachelet prometió una serie de transformaciones al respecto, que finalmente culminaron en un aumento de la regulación del quehacer sindical. Esto se transformó en una reforma antisindical, pues cada una de sus modificaciones son un obstáculo para el ejercicio de la lucha por los derechos y el avance de la organización de las/os trabajadoras/es.

Seguramente el subcontrato y el trabajo a honorario son las mayores expresiones de precarización laboral, cuyo objetivo es aumentar la tasa de ganancia de la patronal en el mercado. Ambos mecanismos han sido desplegados por el sector privado y por el Estado, generando el surgimiento de trabajadoras/es de diversas calidades contractuales dando cuenta de algunas condiciones de inseguridad laboral y sobreexplotación.

El contrato único en el Estado es la demanda principal para acabar con esta forma de explotación laboral que han impulsado las/os trabajadoras/es a honorarios. En tanto en el sector privado, el contrato con la mandante, es la demanda que impulsan las/os subcontratadas/os para igualar sus condiciones laborales.

Se requiere acabar con las leyes, a través de la organización sindical y la lucha, aumentando los derechos de las/os trabajadoras/es para así impulsar un camino hacia el control de los medios de producción y la distribución de las mercancías y el ejercicio del poder popular por parte de los sectores organizados.

La clase trabajadora ha aprendido mucho desde el alzamiento popular de octubre, pero el movimiento sindical vinculado con la CUT, ha estado ausente. El vaciamiento ideológico sufrido desde la dictadura cívico – militar y los amarres institucionales, aún contienen la energía transformadora de la clase trabajadora sobre todo a nivel sindical. Se debe reimpulsar el pliego de demandas de nuestra clase, centrar los objetivos tácticos en luchas concretas e impulsar el plan de lucha en las nuevas condiciones y correlaciones de fuerzas en la actual coyuntura.

Asimismo, se debe apoyar el levantamiento de organización de las/os cesantes, avanzando en un sindicalismo clasista y combativo, venciendo el burocratismo, caudillismo y clientelismo que lo ha empantanado. Es fundamental avanzar en la articulación de la clase trabajadora y el pueblo, y levantar fuerte y claro la lucha por pan, trabajo, salud y techo.

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