Son muchos las denuncias del abuso de la policía a la hora de las detenciones a mujeres y niñas, las que van desde toqueteos a obscenidades de distinto tipo

Por Catalina Rojas 

Tanto en dictadura como en el actual contexto, el abuso a mujeres y disidencias sexuales, marca pauta a la hora del actuar represivo de la policía en Chile

A través de la historia de Chile hemos visto que la violencia hacia las mujeres fue constituyéndose como una manifestación cultural del patriarcado, desarrollándose en diferentes niveles, doméstico, social y político, teniendo expresiones a nivel físico, sexual, psicológico, económico, simbólico y estructural. El Estado ha utilizado el ejercicio sistemático de la violencia sexual y la violación a mujeres y disidencias a través de sus fuerzas armadas y de orden.

Según registros de la época, en dictadura al menos 316 mujeres fueron violadas, 229 de ellas con embarazos en curso, algunas perdieron a su hija/o, otras dieron a luz por violación a manos de su torturador.

Un ejemplo más actual, es la represión ejercida durante el alzamiento popular de octubre. Sólo entre el 18 de octubre y el 31 de noviembre del 2019 se registraron 274 denuncias por violencia sexual, dentro de las cuales se reconoce la violación, desnudamientos, abuso sexual y amenazas de abuso hacia mujeres y disidencias.

Pero, esta violencia no sólo se da en un contexto de represión desde las instituciones que están en manos del poder burgués, sino también en el marco de las relaciones sociales, familiares, amorosas, organizativas, laborales. Casos de violación, violencia sexual y feminicidios han golpeado fuerte a la sociedad, poniendo en agenda la violencia patriarcal como un problema ineludible. Entre el 1 de enero y 10 de agosto de este año se cuentan entre 23 y 31 feminicidios, dependiendo de la fuente. Es importante considerar que estos hechos siempre han existido, sólo que han sido histórica y culturalmente naturalizados o invisibilizados.

El capitalismo patriarcal ha supuesto por siglos la superioridad de un género sobre otro. Su premisa es que el género masculino debe dominar al femenino, y éste último debe subordinarse al primero. El matrimonio es el contrato social donde se cristaliza esta concepción, ya que desde la construcción cristiana la mujer debe obediencia al marido y el temor a Dios (y su palabra) refuerza esta supuesta sumisión. Se genera en el hombre una idea de autoridad y de propiedad hacia la mujer y de aversión y rechazo a todo lo que estuviera fuera de esa construcción cultural hetero normada de poder y obediencia. Visto así, el feminicidio, la violación y la violencia sexual son una forma aprehendida de ejercer el dominio y control sobre la conducta del género oprimido.

Esta violencia a nivel estructural es expresada por el Estado a través de sus tribunales de justicia, los que estando al servicio de la ideología burguesa, propicia y reproduce este sistema, permitiendo el castigo de género como método de control y disciplinamiento del orden imperante, el feminicidio y violencia sexual como prácticas de castigo y dominación. El problema es político, es ideológico.

Al ser problemas de carácter ideológico, deben construirse relaciones sociales de producción y reproducción donde se acabe con la explotación y opresión. La solución es la organización como instrumento de desarrollo de conciencia y soporte de los cimientos para una nueva sociedad. La lucha contra la violación y el feminicidio como problema político ideológico, de castigo y dominio hacia la mujer, por ser mujer, y a las disidencias por no enmarcarse en los parámetros de género, es una lucha que si bien tiene un aspecto reivindicativo el cual debe plantearse en la sociedad actual, tiene una profundidad aún mayor.

Por ello las tareas son muchas: combatir la ideología burguesa, que es capitalista y patriarcal, con ideología proletaria que debe ser feminista, clasista y revolucionaria y articular las luchas del pueblo para construir el proyecto de sociedad libre de toda explotación y opresión, en donde la igualdad, la justicia y la libertad sean los ejes que enmarquen nuestras vidas.

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