Octubre es el nítido recuerdo del Che, pero también de Miguel, Cecilia Magni, Raúl Pellegrini y tantas/os que han dejado su ejemplo de lucha a distintas generaciones; es el recuerdo de la Revolución Rusa y de la Revolución de Octubre en España.

Octubre en el Chile de 2019, el pueblo cansado de los abusos provocados por el modelo neoliberal salió a las calles masivamente, impulsado por el salto de los torniquetes de las/os estudiantes secundarias/os a exigir mejores condiciones de vida, mejor salud, educación, vivienda, pensiones, sueldos dignos, defensa de los recursos naturales y un largo etc. de demandas que pudimos ver en carteles y consignas que adornaban las calles de las ciudades del país… es que, las murallas se transformaron en los pliegos y lienzos donde el pueblo escribía sus demandas y su historia.

La Revuelta Popular de Octubre encuentra a los sectores populares en un mal momento organizativo, ya que, aunque veían una crisis económica en el mundo, no vislumbraban que se produjera esta explosión de rabia contra el modelo económico y la institucionalidad que lo sustenta. Pero obviamente los procesos sociales no esperan a que las/os “revolucionarias/os” estén en mejores condiciones organizativas.

Aun así, nuestro pueblo recupera formas organizativas que, si bien para algunas/os son antiguas, para grandes sectores de las/os movilizadas/os eran nuevas, por ejemplo, las asambleas y coordinaciones territoriales, muchas de ellas autoconvocadas. El pueblo se moviliza usando distintas expresiones, pero no hay un programa que unifique las demandas transversales.

Muchas de estas asambleas siguen funcionando, con altos y bajos, incluso con algunas diferencias internas, pero se van configurando como una nueva herramienta, con proyección, que genera discusión política real, desde lo cotidiano. Un espacio que, en muchos casos, se contrapone a la lógica vertical o delegativa de toma de decisiones y se va transformando en una oportunidad real de avance para los intereses de los sectores populares.

Frente a la explosión de rabia del pueblo, el bloque en el poder hizo lo que mejor sabe: primero, reprimir con fuerza, logrando miles de detenidas/os (más de 35 mil según informaciones y más de 2.500 de ellas/os aún con procesos abiertos y, algunos/as, en prisión preventiva), cientos de mutiladas/os o con trauma ocular, miles de manifestantes heridas/os y más de 40 asesinadas/os en el marco de las protestas; segundo, negociar entre la elite política, logrando en la quincena de noviembre un “acuerdo por la paz” que “daría por cerrada” la Revuelta Popular.

Este acuerdo que, si bien es provocado por la frontalidad de la lucha del pueblo, se realizó para mantener y proteger su institucionalidad burguesa, salvando con ello la cabeza de Piñera, pero de pasadita la de todo el congreso y los partidos políticos del sistema, no olvidemos que algunas consignas fueron “que se vayan todas/os” o “ya no le creemos a ninguna/o”. El efecto de este acuerdo, en la movilización social, fue notorio. Algunas/os vecinas/os que los primeros días validaban las expresiones violentas de manifestación o incluso decían que era una forma de “cuidar al pueblo para que este se pudiera manifestar”, luego de las campañas del terror de los medios hegemónicos, dejaron de hacerlo. Partidos intentaron desmovilizar las asambleas y cambiar el foco de las demandas sociales por el de proceso constitucional (no es proceso constituyente); en algunos casos les resultó, pero en muchos otros, se provocaron quiebres entre quienes arrastraron lo acumulado a procesos de votación y representación y quienes se mantuvieron en la construcción de organizaciones para la lucha de largo plazo.

Hoy, a un año de la Revuelta Popular, seguimos convencidos/as que la organización y la lucha coordinada como pueblo es la única forma de conseguir nuestras justas reivindicaciones, para ello es fundamental la discusión y formación política, el rescate de la memoria histórica, la entrega y compromiso en levantar organización para la lucha (por ejemplo, medios de comunicación libres y populares, brigadas de propaganda, de defensa legal, de salud para la atención de heridas/os en las manifestaciones, redes internacionales de apoyo), la coordinación entre las asambleas populares y las distintas organizaciones que se ha dado el pueblo oprimido.

Este capítulo de nuestras historias no está cerrado, depende de cada una/o de nosotras/os el seguir escribiéndola como ha sido hasta ahora, con dignidad y entrega. No nos dejamos engañar con voladeros de luces como fue en los 80, en el SI y el NO, sabemos que un hito no constituye victoria y que ahora será hasta que la dignidad de verdad se haga costumbre.

ADELANTE CON TODAS LAS FUERZAS DE LA HISTORIA! HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!

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