UN MUNDO DONDE QUEPAN MUCHOS MUNDOS. Mujeres y hombres rebeldes que construyen su autonomía.

Por Gilberto López y Rivas

Autonomía es un concepto de múltiples significados, aunque regirse mediante normativas y   poderes   propios, opuestos   en   consecuencia   a   toda   dependencia   o   subordinación, sería la acepción más generalizada. No obstante, por este carácter polisémico del término, es necesario precisar   algunos   elementos   definitorios   que     aclaren   su   uso   en   un   contexto histórico y socio-político específico: la lucha de los pueblos indígenas de América por la preservación de sus territorios, recursos naturales, saberes, identidades y formas de justicia y organización social por medio de autogobiernos que se fundamentan en la democracia directa y participativa.

La autonomía es un proceso de resistencia mediante el cual las etnias o pueblos negados u olvidados fortalecen o recuperan su identidad a través de la reivindicación de su cultura, derechos y estructuras político-administrativas. Destacamos el carácter dinámico y transformador de las autonomías, que para ser tales, modifican a los mismos actores y en dimensiones diversas: las relaciones entre géneros, entre generaciones, promoviendo   en este caso el protagonismo de mujeres y jóvenes; democratizando las sociedades indígenas, politizando e innovando sus estructuras políticas y   socio-culturales.

No se trata sólo de la existencia de autogobiernos tradicionales indígenas que se desarrollan de diversas formas a lo largo de la colonia y la vida independiente, y que perduran hasta nuestros días en numerosas comunidades   de   la   geografía   latinoamericana.

Las prácticas autonómicas actuales van más allá. Cuando los zapatistas –por ejemplo–trascienden el autogobierno y lo asumen a partir de los principios de mandar obedeciendo, la   rotación   de   los   cargos   de   autoridad,   la   revocación   del   mandato,   la   participación planeada y programada de mujeres y jóvenes, la reorganización equitativa y sustentable de la economía, la adopción de una identidad política anticapitalista y anti sistémica y la búsqueda de alianzas nacionales e internacionales afines a ésta, se lleva a cabo un cambio cualitativo de las autonomías en su apropiación regional del territorio y la extensión del poder desde abajo.

Autonomía económica, productiva y alimentaria

La   defensa de   los   sujetos autonómicos a   la   acción   del mercado   y   sus   agentes   estatales   significa   el   control   del   territorio   desde   abajo (comunidades) y   desde   la   sociedad   civil   nacional   e   internacional   que   acompaña   en ocasiones   a   estos   movimientos.   Se   reafirma la urgencia   de   recuperar   o   desarrollar la autonomía económica, productiva y alimentaria de los pueblos con el fortalecimiento del cultivo del maíz autóctono (y no del transgénico), uso de abonos orgánicos (y rechazo a los agroquímicos), cuidado del agua, uso y protección de las semillas propias; así como la recreación y   fortalecimiento de los sistemas de ayuda mutua.

Es evidente que todos estos procesos no se llevan a cabo de manera simultánea en las etno-regiones y en todos los casos en que se ejerce el autogobierno indígena, destacando la profundidad de algunos de ellos que por razones especificas han podido desarrollar formas organizativas   –incluso   político   militares—   como   el   EZLN, que   dan   coherencia   e integralidad a las prácticas autonómicas.

La   experiencia   zapatista   y   la   de   otros   procesos   en   América   Latina   muestran   que   el desarrollo de una red multiétnica consolidada de comunidades y regiones, e incluso de pueblos diversos, es otro de los cambios trascendentes en las actuales autonomías, en las que   la   pugna   intracomunitaria   por   conflictos   seculares, linderos   o   recursos   se   puede superar para responder unidos ante la intrusión violenta de los Estados y las corporaciones capitalistas.

El   EZLN   se   ha   dirigido   a   estudiantes, campesinos, obreros, amas   de   casa, intelectuales, pequeños   empresarios, asalariados, profesionistas de todas las   razas, todas las religiones, todas las etnias para formar una nación distinta donde, como ellos dicen, “quepan todos los mundos”.

Las   experiencias   de   regiones   de   México   y   Nicaragua, así   como   de   otros   países, muestran   que   en   la   medida   en   que   no   existe   un   sujeto   colectivo   con   capacidad   de organización, de generación de consensos, las posibilidades de avanzar en la construcción o fortalecimiento de autonomías resultan poco probables. La existencia y avance del sujeto autonómico se expresará en un sin número de formas: mediante el establecimiento de juntas de buen gobierno que coordinan –desde abajo– los municipios autónomos zapatistas, por ejemplo; a partir de la integración de organizaciones indígenas independientes del Estado y los partidos, como el EZLN, o la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias, que representa el esfuerzo autonómico de una región pluriétnica en el estado de Guerrero.

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