La revuelta popular es la expresión de la rabia contenida por años de abusos en un modelo económico salvaje: Neoliberalismo

Desafíos para la transformación revolucionaria

Por Catalina Rojas. 

Cuando el pueblo toma confianza sobre su fuerza y genera la esperanza que se puede construir una sociedad mejor y más justa, se torna peligroso para el sistema dominante.

La revuelta popular de octubre sacudió al país entero, generando impactos a nivel regional y mundial. Sin embargo, dicho proceso se vio atravesado por la crisis sanitaria y ha sido cooptado, en parte, por el proceso constituyente, como salida generada desde el bloque en el poder para institucionalizar la lucha y reimponer el orden de la clase dominante.

Esta revuelta, irrumpe como un momento de clímax en el ciclo de lucha que parte a inicios de los 2000 con la movilización de trabajadores subcontratados. De allí en adelante, una sucesiva de luchas sectoriales fue surgiendo entre el 2006 y 2019, desde lo estudiantil, regional, socioambiental y feminista.

Este alzamiento tiene como particularidad la validación de la protesta como herramienta transversal y legítima para la conquista de derechos, lo que se expresa, por un lado, en la integralidad que adquiere la lucha, es decir, rompe la sectorialidad de las anteriores, dotando de demandas y críticas de manera más directa al actual modelo; y, por otro, la masividad de adherencia y radicalidad de la lucha.

De allí que el salto en confianza y conciencia del pueblo se podrían considerar las principales “ganadas” de esta lucha, al igual que el surgimiento y fortalecimiento de distintas formas de organización como asambleas populares, brigadas de salud, avance en la autodefensa de masas y las posteriores ollas comunes durante la pandemia. Sin embargo, una de las principales debilidades que podemos identificar es la inorganicidad del gigante popular que irrumpe con furia a fines del 2019.

Actualmente contamos con un movimiento popular incipiente y con escasa articulación de las organizaciones en el seno del pueblo. tampoco existe una alternativa política clasista y popular, antagónica al orden burgués y sus instrumentos de dominación institucional. Y en esa misma línea, tampoco existe un instrumento de organización política de la clase trabajadora que se ponga a la cabeza de los procesos de lucha.

Estas debilidades se constituyen en los principales desafíos para que los avances de la revuelta popular se transformen en una verdadera acumulación de fuerza social que pueda consolidarse en perspectiva de un programa revolucionario, que emane desde el pueblo y decididamente lo impulse en futuras luchas.

Para que de este ciclo podamos pasar a una fase de mayor consolidación del movimiento popular y de la construcción de poder popular, entendiéndolo como poder paralelo y antagónico al poder burgués, se hace fundamental fortalecer y multiplicar la organización popular, en centros laborales, de estudio, en poblaciones, entre mujeres y jóvenes. Asimismo, la propagación de la organización clasista, que defienda prácticas y principios anticapitalistas, antipatriarcales y antimperialistas y logre articularse en una plataforma común que de impulso al programa revolucionario.

Finalmente, en la vía de rearticular el movimiento popular, se hace fundamental fortalecer el movimiento sindical clasista y combativo que, se decida a avanzar junto al pueblo y a preparar y convocar una gran y verdadera huelga general como herramienta táctica que permita reoxigenar la lucha de clases, y dar impulso a un nuevo ciclo en la lucha por el poder.

Avanzando en estas condiciones objetivas y subjetivas, se abren posibilidades reales de acumulación de fuerza que dé continuidad a la combinación de luchas reivindicativas y políticas, haciendo de la experiencia de combate una verdadera escuela, profundizando el conocimiento y organización del movimiento popular en vías de la transformación revolucionaria, única vía sustentable para lograr la liberación de todas las cadenas del pueblo pobre.

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