Se ha desatado el carnaval electoral de la elite en el marco del Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución del 15 de noviembre de 2019, que fijó un itinerario de elecciones que van desde gobernadores regionales, municipales, primarias y las de la Convención Constitucional (155 constituyentes) en el corto plazo. Esto aparentemente muestra que la elite en su conjunto se la está jugando por retomar y mantener la iniciativa política, desplegándose incluso en los territorios, barrios y comunas para realizar campaña electoral, tratando de neutralizar las movilizaciones, acciones y organización genuina de la población. Están esforzándose para copar los espacios con sus distintas estrategias que tienen un elemento en común; candados para escamotear “el proceso constituyente “y en el caso de no lograrlo usaran la represión.

El “Acuerdo por la Paz” incluye diversos candados que serán muy difíciles de sortear, como un quórum de 2/3 para cualquier modificación. Además, el 24 de diciembre se promulgó la Ley 21.200 que fijó la agenda electoral y los mecanismos reguladores del proceso, como el sistema de elección de los constituyentes, basado en las disposiciones que rigen para senadores y diputados. También excluyó ámbitos necesarios de cambios, como la imposibilidad de vetar los tratados internacionales suscritos por Chile, y que conectan nuestra economía a las lógicas del mercado y capitalismo internacional.

Además, se aprobó en enero de 2020 la Ley Antibarricadas (Ley 21.208) con votos de sectores de la oposición. Además, de la intensa campaña mediática criminalizadora de la protesta popular y la condena a la violencia, “venga de donde venga”.

Lo que no dicen, es que esta coyuntura política no sería tal, si no hubiese irrumpido la calle, las movilizaciones de los diferentes sectores sociales del pueblo, especialmente de los jóvenes estudiantes secundarios, trabajadores precarizados, mujeres y, por la vía de los hechos acción común con sectores del pueblo mapuche en que se combinaron las diferentes formas de lucha en un proceso de aprendizaje que tendrá sus altibajos. Pero, sigue esa frase “hasta acá aguantamos” con la creciente conciencia de que la existencia social y económica bajo el neoliberalismo ya no es soportable.

Acto seguido se despliegan y levantan un abanico de demandas transversales que apuntan a efectos centrales del neoliberalismo de los últimos 30 años. Siendo,  el alza del metro, ha sido una gota más dentro de una asfixiante carga sobre el peso de la reproducción de la vida; las voces en contra de un sistema de pensiones y salud privatizado, las alzas de la electricidad o el transporte público, el excesivo pago en las autopistas concesionadas, la contaminación ambiental, el del CAE y el lucro en la educación, las colusiones que especulan con las necesidades de las mayorías, a las que se agregan conflictos territoriales y luchas por la autonomía del pueblo mapuche, entre muchas otras. No obstante, la mayor novedad es que se levantaron “todas juntas y al mismo tiempo”, logrando extenderse en el tiempo y el territorio, generando una crisis política importante en lo que podríamos llamar una rebelión social política, que aún continúa en desarrollo y cuya mayor demanda política es una asamblea constituyente.

Lo interesante es que las demandas populares transversales siguen pendientes y, en cierta medida son el desafío presente junto a las movilizaciones que pueden ser un buen fondo para intentar la construcción de un pliego del pueblo desde la base y territorios, que pueda potenciar la acción común y unidad de los sectores movilizados en todos los espacios.

Es importante que se manifiesten los múltiples sectores sociales desde la base en los territorios y todos los espacios posibles y en conjunto levantar  la opción de una verdadera Asamblea Constituyente, libre y soberana.

Lograda la acumulación de fuerzas en el imaginario colectivo social, cultural y político, la rebelión social política ha generado el actual escenario político e histórico que ha cambiado la correlación de fuerzas, pero falta concretar en logros visibles en nuestras demandas y finalmente, enviamos un saludo y solidaridad a los presos políticos de los pueblos chileno y mapuche.

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