En el vértice histórico en el que se encuentra el país, señala Karina Nohales, vocera de Coordinadora 8M, se vuelve muy necesario volver a cues­tionamientos que – extrañamente -son similares a los que se hacían en el 1800/1900 Domitila Silva & Lepe y Elena Caffarena en los que ya levan­taban formas de protesta en contra de una de las formas de la violencia patri­arcal que era la desigualdad de partici­pación en la vida política. Para hacer una relectura a estos cuestionamientos Nohales, declara que a la base de es­tos procesos se necesita del feminismo pero “un feminismo que hable de todo”.

Evidentemente, ella nos plantea se ha avanzado y los territorios se han te­ñido de movimientos sociales de mu­jeres que están marcando un sentido común feminista. El que, si bien ha sido claro y representativo, desde algunos sectores sigue siendo un proceso específico, un proceso de mujeres, es decir, perteneciente a una minoría. Una respuesta a este pensar es el “transversalizar el feminismo en el movimiento social”, ya que de esta manera se encausa una forma de comprensión en la que se da cuenta que “para atender al problema de la vio­lencia era necesario transfor­mar – radicalmente- todos los aspectos que organizan la vida”.

Y así, en medio del calor de las luchas sociales, y la irrupción del movimiento feminista en 2016 con la marcha #NI­UNAMENOS; se arma el colectivo con dos ejes centrales de trabajo, por un lado, el “activismo directo en con­tra de la violencia patriarcal”; y, por otro lado, apostar por “respuestas políticas generales que atacaran las condiciones que hacen posible la re­producción permanente de estas vio­lencias”.

Con esto la coordinadora propone, en tiempo de procesos electorales – que serán sucesivos debido al proceso con­stitucional iniciado el 25 de octubre – dejar en claro que “ (…) no que­remos paridad para participar- en igualdad con los hombres- de la ad­ministración de la precariedad”. Y también, comprender que el proceso constitucional, entendido como vía institucional es distinto al proceso con­stituyente “(…) el que se abre el 18 de octubre, en las calles, las plazas, las asambleas y las barricadas”. Y que marca “(…)un hecho histórico en el que el pueblo empieza a constituirse a sí mismos como sujetos colectivos que buscan el camino de enunciar una alternativa transformadora”; “(…) proceso que -además- no se detiene, ya que se defenderá en la calle con la voluntad popular; la que con una responsabilidad histórica debería (…) desbordar en términos y contenidos el debate” que se llevará a cabo como proceso constitucional.

Esto, hay que hacerlo “(…) con la confianza irrestricta en nuestras pro­pias fuerzas, probadas” ya que han sido “(…) los movimientos sociales los únicos que nos han dado algo y va a seguir siendo así” y teniendo presente “(…) que lo que se haga acá puede fortalecer las dinámicas en otros pueblos, hacia otras latitudes”. Entendiendo que el feminismo se vuelve “central en el proceso constituyente de los pueblos”.

Y que si bien se está materiali­zando en Chile, esta podría ser la vía optima para dar un vuelco radical a la forma insostenible en la que se está haciendo la vida “(…) que se traduce en muchas formas de violencia”, y que ha levantado un movi-miento contra histórico, en el sentido de ir “con impulso de sur a norte”, levantándose des­de América Latina, hacia el resto de continentes; siendo una muestra clara la “irrupción feminista dentro de la revuelta” que llevan a cabo Las tesis, y que fue rápidamente replicada en otros territorios.

Para finalizar, Nohales señala, es por todo lo anterior, que, en este pa-norama de cambios en cuanto a la par­ticipación de las mujeres en la admi-nistración de la vida, será guía optima el repensar los cuestionamientos que ya en época de dictadura nuestras an­cestras pedían como una democracia “en el país y en la casa”.

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