Carlos Osorio, artista visual y escritor.

Entrevista a Carlos Osorio, Artista visual y escritor

Un país con presos políticos es una mazmorra,

Un país con presos políticos siempre será una mazmorra,

Uno podría decir que será una cloaca,

Cloaca ya somos, somos cloaca del neoliberalismo.

  Por Alicia Navarrete.

Carlos Osorio, artista visual y escritor, se fue a los 10 años de Chile. Su padre, militante socialista, alcalde de Puente Alto hasta el 11 de septiembre de 1973, sufrió prisión política y torturas en varios campos de concentración, hasta ser expulsado definitivamente del país, junto a su familia en Marzo del año 1975, con rumbo a México.

Carlos recuerda cómo fue su desarrollo en las artes; desde muy pequeño se destacaba a la hora de dibujar, a corta edad representó a su colegio en un programa de televisión, junto a sus compañeros, obteniendo la mención al dibujo más destacado. De vuelta a sus hogares, todos disfrutaron, felices e inocentes, aquel premio que consistía en dos cajas de chicles Dos en Uno, un estímulo a la expresión artística en aquellos años.

Ya en el exilio comenzó a interesarle la política. La historia de su padre gatilló su autoformación, teniendo acceso a leer mucho respecto a marxismo, socialismo, revolución y, obviamente, profundizar en el arte, todo “mientras acá en Chile veían a Don Francisco”.

En sus años en México conoció, gracias a su padre, a Rodimiro Castro Cabañas, oriundo del Estado de Guerrero, sitio donde históricamente han surgido movimientos insurgentes, en este caso el movimiento guerrillero Partido de los Pobres (PDLP), liderado por el profesor rural Lucio Cabañas -primo de Rodimiro-, formado en la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, la misma donde estudiaron los 43 jóvenes asesinados en el 2014.

La guerrilla se levantó contra el sistema y el modelo económico político. Desde este vínculo, Carlos cultiva lazos con grupos de izquierda clandestinos en lucha, apoyando, por ejemplo, el periódico editado por el Partido de los Pobres. Recuerda que tenían un piso completo con máquinas de escribir mecánicas, allí se escribían todos los textos tecleados y su contribución fue en la corrección de estilo.  Llegado el año 2000 hubo un alzamiento en Chiapas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), integrado por mucha gente de aquel Partido de los Pobres. Su vínculo con Los Zapatistas fue colaborar en comunicaciones.

Volvió a Chile 1990, no votó en el plebiscito, no creyó en él, como tampoco creyó en el actual. Convengamos que siempre ha sido consecuente con su pensamiento primario, aquel que aprendió en el exilio, gracias a las vivencias de su padre, como también la observación y reflexión permanente de otras realidades, de trabajar con el Zapatismo y, especialmente, del trabajo con grupos de muralistas, pintores y artistas ligados a las luchas sociales y populares.

Termina de estudiar Artes a su retorno a Chile y, con el tiempo, comienza a foguearse en diversas escuelas de arte y diseño, realizando especialmente talleres y asesorías a brigadas muralistas. De ahí se profesionalizó en el trabajo. Su mirada respecto al arte es desde lo político, plantea que el arte es político y debe tener una estrategia a manera de no transformarlo en mero panfleto o acto decorativo, porque ambas cuestiones debilitan su quehacer. Considera Plaza Dignidad un espacio emblemático, en donde ha visto una operación estratégica, que puede ser individual o colectiva sin autoría, sin dueños, sino más bien un todo. “Aquí cada pintura, cada expresión, individualmente no funciona, pero si juntas todo, haces una tremenda ópera”. Cuando observa la estatua de bronce de un caudillo, intervenida todos los días y siendo postal de estallido, ahí primero hace lectura de todo lo que está viendo, después se va al detalle y se encuentra con una cantidad de riquezas que no funcionan solas, por lo que concluye que esa intervención plástica colectiva sin autoría es una intervención en conjunto para la puesta en escena de esta gran zona cero de las bellas artes.

Durante este año realizó una serie de fotos pensando en el desgaste de la ciudad, a propósito de lo que ha sucedido. En cuanto al concepto “desgaste”, se remonta al renacimiento el palimpsesto, como una manera de los artistas italianos de intervenir soportes que ya se habían realizado, en suma pintar sobre lo que ya se ha pintado, enriqueciendo más las obras al tomar mayor presencia y deseo de ser leídas. En ese sentido lo relaciona al carácter del arte que debe ser siempre político, que quien lo vea, vea más allá y no se quede con el episodio.

Para Carlos no ha cambiado nada la justicia en este país, esa donde, por pensar y actuar distinto, te encarcelan. Expresa que la justicia funciona en la medida de lo imposible; pues es imposible que te puedas salvar de un Estado represor y ahí está el ejemplo: presos del estallido que siguen presos y un gobierno fallido que los utiliza para dar el ejemplo de cómo se debe reprimir toda expresión. Desde su historia personal, de familia y amigos, comprende que el Estado chileno siempre va a ser el culpable y sea hoy o ayer, no les cree.

Esta lucha, desde su punto de vista, debe continuar con los medios populares y alternativos  estando al servicio del pueblo, haciendo frente a la prensa canalla y lambiscona, denunciando lo que sucede, contando la otra historia, la intrahistoria no oficial, para no permitir, por ningún motivo, que el abyecto de Piñera y sus secuaces, se salgan con la suya; acreditándose plebiscitos, nuevas constituciones y el arte de gobernar. Así debe ser el arte de la guerra contra el neoliberalismo.

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