Muchas compañeras y compañeros que con energía y decisión levantaron las banderas del anticapitalismo y el antipatriarcado, orientadas a terminar con el modelo neoliberal en nuestro país durante la Rebelión Popular iniciada en Octubre del 2019, en un abrir y cerrar de ojos pasaron a levantar los estandartes de la lucha electoral institucional, aceptando transitar en el corral constitucional elaborado por la clase política y el gobierno, destinado precisamente a poner un dique a ese mar embravecido que amenazaba con erosionar los cimientos sobre los cuales se sustenta el modelo de dominación capitalista, que en su versión neoliberal fue instaurado en Chile a partir de la dictadura cívico militar, posteriormente perfeccionado y profundizado por los gobiernos civiles que la sucedieron.

Hoy se puede observar como muchos y muchas de estas rebeldes se han colocado las anteojeras electorales para realizar ofertas y vender humo al más puro estilo de la clase política institucional tradicional, tan criticada y rechazada.

No es posible quedarse indiferente, aún a costa de ser duramente criticado, ante la utilización de las mismas consignas y aspiraciones libertarias y revolucionarias esgrimidas durante la Rebelión, como lo era el terminar con el modelo neoliberal y todas las nefastas consecuencias que se derivaban de este para los sectores populares, ofreciendo a viva voz una salud digna, gratuita y de calidad; una educación gratuita y de calidad; terminar con las pensiones indignas; recuperar las riquezas naturales y proteger el medio ambiente; poner fin a la discriminación, los abusos, el patriarcado y un largo etcétera, mediante la propaganda y la publicidad orientada a captar adherentes y votos que les permitan acceder  a la Convención Constitucional preparada y cocinada desde las esferas del poder institucional, cuando las trampas y triquiñuelas del proceso constitucional en curso se hacen cada día más evidentes y ya no se pueden obviar, las trampas y triquiñuelas que no quisieron ver, o  hicieron como que no las veían, cuando aceptaron participar en el limitado camino electoral fijado desde las élites.

Muchos y muchas luchadoras sociales, sectores que formaron parte del pueblo rebelde de Octubre, que gritaban a los cuatro vientos querer terminar con este modelo neoliberal injusto, opresor  y generador de desigualdades, siguen utilizando mañosa y engañosamente el discurso de la rebeldía popular, el discurso anticapitalista, el discurso antineoliberal y el discurso antipatriarcal, trasformando estas “ofertas” en una desvergonzada retórica para lograr obtener los votos necesarios para ser electos o electas como Convencionales, ya que nada de lo prometido será posible alcanzar mediante esta Convención Constitucional, puesto que para lograr lo prometido es necesario, por utópico y “anclado en el pasado” que parezca, triunfar en un proceso revolucionario popular a partir del cual se genere una Asamblea Constituyente soberana.

Lo peor de toda esta puesta en escena es que están conscientes de las trampas, engaños y amarres presentes en este proceso constitucional derivado del Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución, pero siguen adelante emborrachados por la fiesta del electoralismo y cualquiera que pretenda postular algo distinto es catalogado como alguien que no entiende la coyuntura, ni la táctica, hasta incluso es señalado que con dicha actitud solo se le hace el juego a la derecha.

Es una retorcida manera, al más estilo “chilensis”, de justificar las propias acciones, dejando de lado la necesaria crítica y autocrítica que permite ir tomando decisiones que apunten a fortalecer el campo popular, sin dejarse embaucar por los cantos de sirenas tan bien interpretados por los integrantes del coro institucional.

Este triste panorama que se ha instalado -que en nada aporta en la construcción de organización y poder popular autónomo y extraparlamentario- es muy complicado de cuestionar, ya que   quienes han aceptado las reglas impuestas por el poder dominante para participar en los estrechos marcos institucionales, se molestan y no aceptan que se les hagan tales observaciones.

Por otra parte, muchos de quienes optaron y decidieron de no participar en dicho proceso temen levantar sus voces para no ser mal interpretados, tildados como contrarios a los intereses populares, o incluso de impedir la unidad del pueblo contra la derecha.

 

Pero, muy por el contrario, a mi entender son precisamente los sectores que en un primer momento rechazaron categórica y enérgicamente el mañoso Acuerdo por la Paz y que luego optaron por participar de él quienes introdujeron la cuña de la división en el movimiento popular rebelde.

Ellos y ellas han centrado sus esfuerzos en este proceso institucional que, así como ha sido concebido,  consolidará y legitimará aún más la institucionalidad vigente.

Aún cuando estas reflexiones sean duras  y descarnadas, considero necesarias explicitarlas aunque vayan a ser tajantemente rechazas y a vayan a terminar archivadas como un testimonio más que pasará al olvido.

Mientras tanto,  la “rueda de la fortuna electoral” sigue dando vueltas con el entusiasmo de todos y todas quienes compraron un boleto para ser las o los afortunados ganadores de  un cupo entre los 155 elegido(a)s, mientras los poderosos de siempre sacan desde ya cuentas alegres y se congratulan por la creativa iniciativa institucional puesta en marcha con el Plebiscito del  25 de Noviembre del 2020.

Por otra parte, muchos y muchas de las candidaturas “independientes” que van en los cupos de los partidos tradicionales, han respaldado anteriormente a los gobiernos de la  Concertación y la Nueva Mayoría, sin cuestionar las políticas neoliberales implementadas por ellos .Sólo después de décadas, con la violenta irrupción de la Rebelión Popular, “despertaron”,  para ver que el modelo de dominación imperante que habían respaldado se traducía en salud y educación indigna y de mala calidad, buena para los ricos y mala para los pobres, pensiones miserables, depredación de los recursos naturales y destrucción del medio ambiente, explotación, opresión, etcétera.

Hoy, estos sectores que apoyaron los gobiernos civiles de la post dictadura, levantan también con fuerza y sin ningún pudor las banderas del anticapitalismo y del antineoliberalismo, con el afán de llevar agua al molino electoral en el cual están sumergidos.

Siempre estuvieron dispuestos y dispuestas a apoyar reformas que solo le dieran una cara más amable al sistema de opresión y explotación, pero sin cuestionar la esencia o las bases estructurales  del poder del Estado capitalista, esgrimiendo dichas opciones con la cantinela de la “política en la medida de lo posible”, pero jamás planteándose cambios estructurales de fondo, revolucionarios, que apuntaran a terminar con el sistema capitalista en nuestro país.

Argumentos hay de sobra para auto convencerse y auto reafirmar que la opción política tomada actualmente es la única posible, la opción correcta  y adecuada para participar “llevando las demandas de la calle” a la cancha institucional, aunque con ello solo se obtengan las migajas que el poder esté dispuesto a conceder, pero, aunque muchos y muchas están conscientes de aquello, de igual forma plantean que así se logrará escribir una nueva y “democrática” Constitución favorable a los intereses del pueblo.

Es una manera de repetir y repetirse argumentos para reafirmar que el camino institucional tomado era el que correspondía, porque, según argumentan, el contexto político indicaba que esa era la táctica a seguir.

Otro hecho que no es cuestionado por quienes están embarcados en esta borrachera electoral son los exagerados montos en dinero que se gastarán en las campañas, ya que después de años de alienación cultural del sistema neoliberal, el factor dinero ha pasado a ser parte del ADN de los chilenos y chilenas, y  en este caso específico un costo necesario para “fortalecer la democracia”. Solo se patalea cuando los adversarios cuentan con más recursos, pero el asunto de fondo de la comercialización de la política sigue siendo tolerado sin mayores cuestionamientos.

El mes de marzo puede ser un punto de inflexión que lleve a retomar la senda de la unidad en la acción del pueblo rebelde, compuesto por aquellos sectores que están y/o no está participando en el proceso constitucional en curso. Dependiendo de la magnitud de las protestas y las expresiones de violencia política popular que se exprese en las calles, la coyuntura así creada pueda alterar el remanso electoral del proceso institucional en curso, agitando nuevamente la marea rebelde y popular.

La construcción de organización popular de base sigue siendo muy importante en el proceso de acumulación de fuerzas en el campo popular; la movilización y la acción directa de masas, observada durante la Rebelión Popular, fue asimismo promotora de la formación de organizaciones de distinto tipo, mostrando que a través de dichas acciones  también se puede generar organización popular.

El problema sigue siendo la dispersión y la existencia de numerosas organizaciones y colectivos que se definen como anticapitalistas, antipatriarcales y antineoliberales, pero que no logran Coordinarse ni  elaborar un Programa que los reúna y oriente su accionar para fortalecerse, crecer y mostrar un camino alternativo al pueblo chileno, diferente al ideado desde las clases dominantes, aunque algunas señales en ese sentido comienzan a observarse, como por ejemplo es el caso de la Articulación Plurinacional de Asambleas en Lucha (APAL), que comenzó a gestarse en un encuentro realizado el 18 y 19 de Febrero en Concepción.

Mientras tanto, el gobierno de Sebastián Piñera retoma la agenda contrainsurgente de baja intensidad buscando aliados en la clase política -como ya los tuvo para materializar el Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución y una serie de leyes represivas destinadas a criminalizar la protesta social-  para implementar un nuevo “Acuerdo”, esta vez para ir mucho más allá en su concepción de “guerra interna”, reponiendo iniciativas de ley represivas e incrementando la militarización del territorio mapuche, involucrando a las Fuerzas Armadas en la labores de inteligencia y control junto a Carabineros y la PDI. Se pretende transformar la denominada “macrozona sur” en un escenario de guerra.

Así, mientras por un lado avanza en la legitimación institucional del régimen neoliberal con el proceso constitucional en curso, al mismo tiempo se hace uso del brazo armado del sistema de dominación, poseedor legal del monopolio de las armas, para buscar doblegar al pueblo mapuche rebelde que lucha por la autonomía y la recuperación territorial del Wallmapu, haciéndose eco de las demandas empresariales y de los sectores más recalcitrantes de la derecha chilena.

Guillermo Correa Camiroaga, Valparaíso 28 de Febrero 2021

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