Luisa Toledo, en los funerales de Eduardo y Rafael 1985, Los muertos en falsos enfrentamientos, CODEPU, colección Patricio Sobarzo, tomo III, agosto 1986.

Por Kurú Ñarki.

En cada gesto conmemorativo, barricada, propaganda, marcha, imagen o escrito, revindicamos la historia de lucha y honramos la memoria de las vidas arrebatadas cada 29 de marzo. Acompañamos también a sus seres queridos, que, con la herida aún abierta, pero de pie se mantienen luchando por justicia y por verdad.

Somos el legado de Rafael (18 años) y Eduardo Vergara Toledo (20), de Paulina Aguirre (20), y de todos ellos asesinados cobardemente por las fuerzas represivas de la dictadura cívico militar un 29 de marzo. Somos Mauricio Maigret (17 años), Araceli Romo (26), Marcos Ariel Antonioletti (22), Fabián López Luque (22), Alex Muñoz Hoffman (23) y Claudia López (25).

Jóvenes que tempranamente comprendieron que ante la parálisis del horror y la traición, la decisión por la liberación debe ser radical. Con esa certeza asumieron su lugar en la lucha frontal contra la tiranía y la democracia pactada con los asesinos, encaminados por el impulso creativo y amoroso, por el deseo de construir una vida nueva, por sanar el dolor transgeneracional, y por la generosidad de transformarlo todo y para todos/as. Un impulso similar movilizó a los jóvenes durante octubre del 2019, quienes frente al sacrificio de sus familias y ante un sistema que solo ofrece un futuro de sumisión, lo arriesgaron todo y se levantaron para decir basta. Pese a la espontaneidad e improvisación del proceso, el origen responde a un conjunto de carencias y reivindicaciones acumuladas de los distintos sectores del pueblo, y por tanto es intuitivamente anticapitalista. La juventud que puso el cuerpo en la lucha es por definición de sus actos, una juventud combatiente.

No es casual que históricamente las balas de la represión apunten a las y los jóvenes buscando aniquilar el coraje, la rebeldía y el rebrotar de un pueblo. Frente a esto se vuelve urgente prepararnos, cuestionar el propio adultocentrismo y acercarnos entre las generaciones. Aprender del pasado y prepararnos juntos para resistir el recrudecimiento de la represión, tal como nos advierte Luisa Toledo “…ustedes tienen lo más importante en un guerra, el coraje. Pero hay que estudiar, hay que pensar, hay que organizarse bien, dar bien los pasos. Darles alguna vez un pencazo fuerte a uno de ellos (…) estamos en una guerra ellos dijeron, esto no es un juego, no es un salir a tirar piedras, aquí se nos va la vida, como se le fue al Aníbal, como se le fue a mi Rafael, a mi Eduardo y a mi Pablo…”

 La rebelión popular de ese octubre trajo a la vida a nuestros combatientes y vino a recordarle al pueblo chileno que rebelarse y asumir una lucha anticapitalista, antipatriarcal y anticolonial es una posibilidad tangible y presente, y no una folclorización o romantización, como algunos sectores intentaron tildar. También vino a recordar que el pueblo chileno no es el único pueblo en lucha, y que las juventudes originarias continúan resistiendo a la opresión colonialista en toda Abya Yala1 y en el mundo. Nos tomamos de lo anterior para hablar del mapuche Kimün2 , pues señala la importancia de recordar a los kuifikecheyem3 o nuestros antiguos.

Apropiarnos del legado y las enseñanzas de nuestros muertos es crucial para enfrentar entender nuestro presente. Nos permite romper el hechizo que nos mantiene dormidos, la creencia de ser un pueblo sometido y humillado. Muy por el contrario,

somos un pueblo que pese a las innumerables dictaduras y masacres vuelve a levantarse y a reconstruirse en sus nuevas generaciones, pero siempre con la fuerza de nuestros ancestros y de nuestra historia, “En los hijos de mis hijos me levantaré” dijo el ñidol Longko Kalfükura.

Por eso también nos levantamos con la fuerza de nuestros hermanos Camilo Catrillanca (24 años), Alex Lemun (17 años), Matias Catrileo (23 años), Jaime Mendoza Collío (24 años) entre muchas/os otras/os.

Vivan las juventudes combatientes, pues los nuevos brotes son la esperanza de un pueblo que florece.

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  1. Abya Yala, nombres asignados por las culturas originarias al continente americano antes de la colonización.
  2. Sabiduría, conocimiento de la tierra.
  3. Ancianos.

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