MARCHA AGOSTO: Nueva imperial, Temuco. Foto Cecilia Hormazábal.

Por Filip Escudero Quiroz- Aminao.

Este último tiempo el pueblo mapuche ha estado al centro de la violencia y en el ojo de las policías chilenas, pero para quienes somos parte de este pueblo, podemos darnos cuenta que no es nada nuevo, no así para el sujeto y sujeta chileno popular que, si lo es, de hecho con el “Estallido Social”, la clase chilena popular de alguna forma empezó a reconocer y a simpatizar con su otra mitad, ¿Cuál sería esa mitad? la indígena, morena, xampurria. En resumidas cuentas, desde octubre de 2019 el pueblo chileno comenzó a “mancharse de indio” y a dejar de forma lenta e insegura sus nichos racistoides, esperando que el alzamiento de la Wenufoye como símbolo de resistencia no sea simbólico una vez termine este proceso de revueltas.

¿Volver a la violencia? Es la solución que repara el Estado

La historia del pueblo mapuche está repleta de episodios de violencia(s), con distintos autores, si bien los chilenos son los principales violentistas debemos sentar en el banquillo de los acusados a colonos, empresas forestales, clase política, al modelo económico que nos rige, sumado a una profunda herida colonial que no tiene intenciones de cicatrizar. La historia del movimiento mapuche contemporáneo irrumpe con efervescencia en la década de los noventa con el Quinto Centenario como propuesta autodeterminista y descolonizadora, que se reactivó en 1978 gracias a los Centro Culturales Mapuche y Ad-Mapu en los ochenta, lo que Fernando Pairican señala como la “Siembra Ideológica” que viene de la mano con una década convulsionada, un contexto latinoamericano empapado de descolonización y levantamientos indígenas, como fueron los casos de Ecuador en 1990 y México en 1994 a lo que Pablo Dávalos denomina “la década ganada de los movimiento indígenas”.

Para el movimiento mapuche lo que ocurre en diciembre de 1997, marcaría la última etapa de “los cimientos de la rebelión” y el punto de inflexión de la “nueva intifada mapuche” que se consumaría con el estallido de la violencia y contra-violencia política. Desde 1999 la escalada de la violencia liderada por organizaciones como el Awkiñ Wallmapu Ngulam y la CAM, esta última por medio del sabotaje y control territorial, entrarían en una maduración y trabajo político estrecho con las comunidades en resistencia. Pero la respuesta del Estado no estaría lejos de llegar.

 Chile en ruta al siglo XXI con políticas de siglo XIX

Según Igor Goicovic la violencia política que efectúa el movimiento mapuche va en respuesta a “cuestionar el monopolio de la fuerza que actualmente ejerce el Estado en la región”. Con esto último comprendemos que la violencia política ejercida por la CAM va contra el modelo capitalista y las forestales como exponentes capitalistas en la región, por otro lado Escudero sintetiza que “debemos entender la autodeterminación y la autonomía como un sistema de reivindicaciones políticas indígenas” bajo este escenario el movimiento mapuche recibe el siglo XXI con un fuerte ascenso político y con ello el aumento de la violencia en los campos, a su vez la “mano dura de Lagos” se sentiría en el movimiento mapuche. La Ley Antiterrorista en complicidad con la Operación Paciencia vendría a frenar al movimiento por medio de una guerra sucia, que buscaba desarticular a la CAM encarcelando a sus líderes y a autoridades ancestrales. Esta última idea se hizo sentir en 2005 cuando las autoridades del gobierno de turno celebraban el triunfo de la Operación Paciencia.

 El siglo XXI mapuche

La llegada del siglo XXI estaría marcada por dos factores importantes, primero el triunfo de la Operación Paciencia que haría una pausa en las reivindicaciones, la persecución de la protesta mapuche entre 2002 a 2007 traería consigo una nueva camada de militantes para la CAM, como por ejemplo Matías Catrileo quien ingresa en 2007. El contexto que dejó la Operación Paciencia en el movimiento mapuche fue el de prisión política, y el peso de la Ley Antiterrorista, y por otro lado la clandestinidad.

El segundo factor es la impunidad policial y los asesinatos mapuche, esto último se inaugura amargamente con Alex Lemun quien es asesinado en noviembre de 2002 en una recuperación territorial en Ercilla, le seguirían Matías Catrileo asesinado en Vilcún en enero de 2008, Jaime Mendoza Collio en agosto de 2009, a meses de haber firmado el convenio 169 de la OIT, mostrando la concertación, por ese entonces, su rostro terrorista y ratificando el modelo neoliberal.

La protesta política mapuche se fue alimentando por este entonces desde las calles por medio de las redes de apoyo de la waria y con huelgas de hambre prolongadas desde la cárcel en 2006-2007 por parte de militantes de la CAM, y las huelgas de hambre del Vil-Centenario de 2010-2011, que alcanzaron los cien días y donde el entorpecimiento de gendarmería se ha hecho presente intentando alimentar por la fuerza a los huelguistas, situación similar a la del Machi Celestino Córdova en 2020. Podemos afirmar, tomando las ideas de Eric Hobsbawm, que el movimiento mapuche y la lucha autodeterminista ha vivido un largo siglo XIX, donde el trato al “indio en guerra” sigue siendo castigado como en los tiempos de la Ocupación de la Araucanía.

 La miopía política de la derecha chilena

En el segundo gobierno de Sebastián Piñera (2018-¿?), el mandatario buscó implementar su “política indígena” con una mirada empresarial, la que fracasó rotundamente, y no prospero en favor del pueblo mapuche y la Región de la Araucanía, una de las más pobres del país.

Los errores fueron tres, el primero heredado del gobierno anterior como fue la Operación Huracán que por medio de carabineros se buscó realizar montajes a los militantes de la CAM y el Weichan Auka Mapu, en palabras de Pairican “La Operación Huracán sería el corolario de la Operación Paciencia”, con este escándalo se develó a todo un país lo que ya se sabía a boca mapuche sobre el actuar policial. El segundo error fue el Plan Impulsa Araucanía que buscaba “sacar de la pobreza” a los mapuche y a la región, pero inyectando dinero en las mismas empresas que empobrecen la zona y a sus gentes. El tercer fracaso político emana de la presentación del Comando Jungla que buscaba por medio del uso de la fuerza hacer frente al imaginario de “terrorismo” que existe en la región y que fomenta el uso desmedido de las policías, esto mismo, en la campaña presidencial de Piñera se alimentó con el narcotráfico, de esta forma el estereotipo del mapuche violentista se acrecienta con el “narcoterrismo” que levanta la extrema derecha en la zona y así legitimar la violencia política del Estado por medio de su brazo armado.

El resultado final del comando jungla presentado en junio de 2018, repercute en el asesinato de Camilo Catrillanca el 14 de noviembre, mostrando a los pocos meses el verdadero rostro del gobierno derechista empresarial, de esta forma podemos ver hacia donde se enfoca la “política social” y como esta fue dinamitada en cuestión de meses como sostendría Pairican, mientras que Caniuqueo establece que “se vio a una derecha incapaz de reconocer errores, de sancionar las faltas a la ética y condenar los hechos de violencia contra los mapuche.”

 Palabras Finales

Hasta nuestros días, las violencias del Estado siguen en el cotidiano vivir en completa impunidad, no solo las infancias mapuche sufren de la violencia colonial del Estado chileno, sino también mujeres mapuche y pobladores chilenos populares, donde los asesinatos policiales gozan de impunidad y los asesinos sancionados con penas simbólicas, arrestos domiciliarios, firmas mensuales, dados de baja pero percibiendo bonos y sueldos de parte de la institución, seguiremos exigimos justicia por nuestras y nuestros asesinados.

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