por Marcelo Arce Garín

Nace en Pinto, provincia de Diguillín, Región de Ñuble el año 1929, se cría junto a nueve hermanos siendo ella la menor. Su madre se desempeñaba como partera y su padre campesino, crecen en un tiempo precario y con mucha pobreza ya que la protección a los grandes comerciantes era prioridad en aquellos años derivando luego en la migración de miles de personas desde el campo a la ciudad.

Cuando tenía aproximadamente cinco años su madre se acerca a un fundo y la cambia por un chancho dejándola abandonada a su suerte, su padre muere en un asalto, los ladrones le quitaron el oro con que le pagaron la venta de animales. Desde niña comenzó a trabajar, dedicándose a su corta edad al cuidado de las parvadas de pavos. A los 11 años conoce por primera vez los zapatos y posteriormente trabajó en casas de la burguesía como “niña de mano”.

Laurisa viajaba muy seguido al Mercado de Chillán a comprar provisiones y en una de esas tantas visitas un joven de su misma edad viaja desde Santiago acompañando a su patrón en la misma tarea y queda prendado de la joven. Ambos tienen 16 años. Sin pensarlo dos veces le propone venirse con él hacia Santiago y llegan inicialmente al Fundo de su jefe ubicado en Maipú y posteriormente a la ciudad de San Bernardo, un villorrio ubicado al sur de la capital buscando su independencia económica, Sergio Barra realiza el oficio de panadero mientras Laurisa queda a cargo de la verdulería donde comercializaban sus propias cosechas. Comenzaban los años 70.

Junto con lograr poco a poco y a punta de esfuerzo tirar pa´rriba comienzan a llegar los hijos: Sergio, Enrique, Modesto, Jenny, Ricardo y Susana conforman la familia Barra-Rosales, mientras se esmeran en construir un mejor futuro en Chile se alzaba la Unidad Popular y su candidato único, el Doctor Salvador Allende quien se esmeró en llevar un programa popular en donde reivindica a los trabajadores, campesinos y pobladores logrando amplio apoyo de los más desposeídos del país al ver en Allende un futuro digno y justo. Sergio se desempeñó como comisario en la Elección Presidencial del 04 de septiembre de 1970 y Laurisa creyó en su proyecto social y luchó por su victoria, se declara Allendista. La dignidad hacia la mujer y los campesinos le causaban gran alegría, un sueldo para las dueñas de casa lo encontraba justo. El triunfo popular fue una enorme alegría para estos dos ciudadanos analfabetos que veían en la educación una gran riqueza para su pueblo. Todo se derrumba con el Golpe de Estado más la intervención norteamericana que nos llevará a un túnel negro y sin final, una desembocadura feroz que destruirá lo más noble de una nación, su pueblo.

Su joven hija, Jenny posee una gran sensibilidad y preocupación por la conciencia social y gracias a sus buenas calificaciones ingresa el año 1973 a estudiar becada Enfermería en la Universidad Católica, cae detenida por primera vez en el Cerro Chena el año 1974 acusada de repartir panfletos y pertenecer al Frente de Estudiantes Revolucionarios (FER) y estuvo 6 meses detenida, después de liberada continua sus estudios, posteriormente cae detenida nuevamente el día 17 de octubre de 1977 en la Plaza Guarello de San Bernardo y siendo militante del MIR no regresa nunca más a su casa, la señora Laurisa interpone el día 04 de noviembre de 1977 un recurso de amparo ante la corte de apelaciones de Santiago y en un lapso de tiempo se une a la Agrupación de Familiares de Detenidas y Detenidos Desaparecidos (AFDD) iniciando una nueva gran lucha por saber el domicilio de su hija Jenny Barra Rosales. Una búsqueda inalcanzable que la llevó a nuevos derroteros como ingresar al Partido Comunista y estudiar en una escuela para adultos. Era habitual verla en las marchas y protestas con el rostro de su hija en el pecho, exigiendo justicia y preguntando ¿Dónde Están?, no bajará nunca los brazos, su convicción y experiencia de vida le brindaron coraje y dignidad.

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Nos cuenta como recuerda a su hija:

“Yo soy la mamá de la Jenny. A ella le encantaba el pescado frito que yo le preparaba. Le gustaba comérselo con ensalada de apio y chupar las espinas. Yo le decía que tuviera cuidado, que se fijara, porque se podía atorar. No le gustaba la carne de vacuno. Ni los pollos. Tampoco las cosas dulces. Era flaquita. Era bonita mi chiquilla.

Usaba chalas artesanales, vestidos largos, ropa suelta, chalecos de lana que ella misma tejía, para un invierno se hizo un chal rojo y negro precioso, con unos puntos que aprendió en la revista Burda. Era buena con los palillos. Andaba siempre con ellos en un bolso a telar que se colgaba en el hombro. Ahí adentro, los ovillos de lana se le enredaban con los espirales de los cuadernos universitarios.

Estudiaba en la Católica, iba en cuarto año de enfermería, estaba por recibirse. Me había regalado un corte de género verde para que la modista me hiciera un traje. Yo quería que con esa ropa fuera a su graduación que iba a realizarse tres meses después.

Siempre había querido ser enfermera. Soñaba con eso. Cuando era chica, jugaba a pincharles el poto a las muñecas. Tenía un canasto lleno de guaguas fracturadas o sin cabeza, a las que vendaba con trapos que me sacaba de la cocina. Sus hermanos mayores la hacían sufrir, agarrando las muñecas y colgándoselas donde ella no podía alcanzarlas. La molestaban porque era más chica. Ellos eran cuatro hombres. Luego nació la Susana. La Jenny adoraba a la Susi.

También a Víctor Jara lo adoraba. La canción que más le gustaba era esa del cigarrito, aunque ella nunca fumó. Se sabía todas sus canciones. Compraba cancioneros o guardaba las letras que aparecían en la revista La Bicicleta.

Cuando estaba en el Liceo de San Bernardo, la directora del establecimiento inventó que Jenny y varias compañeras más eran miristas porque aparecieron rayadas las murallas con frases típicas de ese movimiento. Además, la acusaron de repartir volantes.

El 11 de septiembre de 1973 a las tres de la mañana, los milicos la sacaron de la casa y se la llevaron. Yo la busqué durante siete meses y al octavo, la encontré presa en la correccional. De esa se libró, porque yo la saqué de allí.

Cuando estábamos en la casa me contó que en un subterráneo le vendaron los ojos y le pusieron corriente en sus pechitos para que denunciara a sus compañeras.

Pero ahí no terminó todo. Cuatro años después, la tarde del martes 17 de octubre de 1977, llegó de la universidad a la casa de una amiga que vivía a siete cuadras de nosotros. Cuando entraron, ambas le hicieron saber a la madre de esta niña, que las venían siguiendo. La madre de ella les dijo que estuvieran tranquilas, que seguramente se habían equivocado. Luego de un rato, mi hija dijo que se venía a casa y que cuando llegara, llamaría por teléfono para avisar. Pero nunca llamó a su amiga ni llegó a mi casa. Jamás me hice el traje con el corte de género que me regaló”.

Luego de muchas luchas e incertidumbres el año 2012 y mesa de diálogo mediante se logran identificar restos óseos encontrados en Cuesta Barriga reconocidos con ADN mitocondrial que pertenecían a Jenny convirtiéndose en la primera mujer detenida desaparecida identificada por el Servicio Médico Legal. Con la fortaleza que caracteriza a Laurisa nos deja claro que ella no termina su lucha con este encuentro, sino que seguirá en la búsqueda de justicia y el día sábado 10 de noviembre del año 2012 junto a familiares, amigas, amigos más el canto de Roberto Márquez despedimos a Jenny, muchas lágrimas se derramaron, Jenny descansa.

El día 27 de febrero del año 2010 a las 03:34 de la madrugada ocurre un terremoto devastador en el sur de Chile a 150 kilómetros al noroeste de Concepción con epicentro en el mar provocando un devastador tsunami. Como toda jornada estival las familias chilenas salen a vacacionar en esas fechas y así descansar de un año plagado de trabajo y estudios. Laurisa Rosales, Susana Barra, su hija y Alonso su nieto se encontraban en Pelluhue. Nuevamente la tragedia nubla su historia, Alonso de 7 años es encontrado en el mar por un buzo quien lo saca en bote y sin vida, Laurisa es encontrada bajo una bodega de leña, atrapada, con signos vitales débiles y desnuda. Su fortaleza le da una nueva oportunidad.

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El año 2006 junto al artista visual Marcelo Mallea creamos un video poema que le dedico a Jenny Barra Rosales y me propuse pedirle autorización a la familia para utilizar una fotografía de ella, llego a su casa de calle Las Industrias en San Bernardo, grito un ¡alo! y es mi primer encuentro con la señora Laurisa, le manifiesto mi inquietud y con unos profundos ojos brillosos me autoriza y me deja claro que ella haría todo por los jóvenes porque para ella son fuente de inspiración, desde esa ocasión siempre asisto a la vigilias realizadas en la Plaza Guarello los 11 de septiembre para recordar a la Jenny ya sea en la velatón o leyendo mis poemas. Cuando la señora Laurisa habla cantan los pájaros, un mundo corajudo se representa en ella, su sensibilidad y entereza contagia a quien se encuentre a su lado.

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Hoy se cumple un año de la partida física y su ejemplo de lucha, fortaleza, dignidad y generosidad son nuestro legado.

Honor y Gloria Laurisa Rosales.

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